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La voz de los disidentes


“Torneo político”, “fiesta electoral”, “ejercicio democrático”, son frases que constantemente escuchamos en estos tiempos, en todas partes.

Atendiendo a nuestro humilde análisis, pronosticaríamos que las elecciones serán un experimento social fundamentado en el desgaste de las “propuestas políticas” existentes, cuyos resultados otorgarán el poder constitucional a individuos interesados en el bienestar propio, al de su círculo de contribuyentes (o donantes), copartidarios y colaboradores. Pero todo menos caracterizar las frases con que comienza este escrito.

Delimitando cada elemento al panorama propuesto tenemos: 1. “De las propuestas políticas” obedece a una constante de fallas considerables de carácter estructural y/o administrativo; en pocas palabras, integrales y/o generalizadas en cada uno de los gobiernos que se han dado desde 1990 (período en que Panamá entra a una época post-democrática). Ni qué decir la tragedia militar suscitada en tiempos anteriores, considerando también que las “nuevas propuestas” (las del cambio) se basan en teorías ideológicas de ultra derecha corporativista, profetas de fracasado modelo del fundamentalismo de mercado, poniendo el desarrollo social en última instancia.

2. El poder constitucional será entregado, sin duda, a individuos interesados en el bienestar propio, por cuanto, estos sujetos (llamados presidenciables) no se han comprometido de manera alguna a cumplir con sus propuestas de campaña (ni de forma ética, mucho menos legal), dejando amplio margen a utilizar los poderes que la población les otorga, mediante su voto, de manera subjetiva e interesada.

Lo anterior, nos lleva al punto 3. El poder que tendrá cualquiera de los presidenciales siendo Presidente de la República, o cualquier candidato (a cualquier puesto de elección) siendo electo. El ejercicio de un nepotismo corrupto, fundamentado en la sinvergüenzura de las alianzas partidarias aleatorias, y que se fundamentan en el anonimato de las donaciones para erigirse como grandes empresas que triunfan en el negocio “político”, y que pueden ganar con su concepto cambio-democratiniano de “pan y circo para el pueblo”; o perrediano, de “yo estoy con el pueblo; yo soy de abajo”, y que beneficiaran a los más cercanos a su interés, y entre más corruptibles mejor.

En todo este panorama de incógnita, se erige una voz, el grito de los disidentes, de los inconformes, de los ignorados por este sistema que, dicho sea de paso, ignora a quien quiere participar ofreciendo otras alternativas (como es el caso del Prof. Jované). Que es el caso de quienes hemos optado por salir a votar, de cumplir nuestro deber ciudadano; pero que, igualmente, hemos decidido votar en blanco, o votar nulo, por la ausencia de una opción seria. Esta es la voz de los disidentes.

101 años de Panamá América

 
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