La X Cumbre, sendero a un "cielo nuevo y una tierra nueva"
Los desmayos, las lluvias, el debate acalorado, las conferencias de prensa al rojo vivo, más que desmejorar, inyectaron dinamismo e interés al panameño y al mundo que siguió los pormenores de la X Cumbre Iberoamericana, con el lema "Unidos por la Niñez y la Adolescencia, Base de la Justicia y la Equidad en el Nuevo Milenio".
Seríamos injustos si no resaltamos el buen trabajo del gobierno, bajo el mando de nuestra admirada y respetada, Excelentísima Presidenta de Panamá, Sra. Mireya Moscoso. Usted ha dejado, nuevamente, a Panamá en el sitial de honor y prestigio que se merece. Felicitamos también las voces de nuestros adversarios políticos, quienes han reconocido el magnífico trabajo y profesionalismo con la cual se desempeñó el gobierno en este importante evento.
Retomando el objetivo de la X Cumbre y el mensaje de la misma, debemos manifestar nuestra preocupación por las estadísticas aterradoras que se manejaron. Según datos de la UNICEF del Fondo de la Infancia, existen 100 millones de niños y niñas pobres, o sea, el 50% del total que viven en América Latina y el Caribe. Si comparamos esta cifra con los 15 millones que murieron en la Segunda Guerra Mundial, tenemos que reconocer, con preocupación, que estamos en una guerra que empezó hace muchos años y en la cual tenemos cientos de miles de bajas anualmente y cientos de miles de niños, niñas y adolescentes, con daños irreversibles producto del hambre, la droga, las enfermedades, etc. ¿Acaso hemos perdido la primera guerra contra la pobreza? ¿Será que la X Cumbre Iberoamericana marca el comienzo de una segunda guerra contra la pobreza y cuya fecha tope será el año 2015? Nos dice la Segunda Carta de San Pablo, versículo 13, "pero nosotros esperamos el cielo nuevo y la tierra nueva que Dios ha prometido, en los cuales todo será justo y bueno".
Iberoamérica debe redoblar esfuerzos y ejecutar la Declaración de Panamá, para minimizar las cifras de la pobreza, de la violencia, desnutrición, indigencia, mendicidad, enfermedades como el HIV, el abuso sexual, la prostitución, y el bajo nivel de escolaridad que enfrentan los niños y adolescentes de la región.
Apoyemos a la Presidenta de nuestro país con sugerencias, ideas, proyectos, con nuestras mentes y manos, en esta importante meta trazada en la Cumbre; siempre con una actitud positiva y con mucha caridad cristiana, la cual fácilmente encontramos en el mandamiento nuevo de la Iglesia Católica, que nos pide amar al prójimo, así como nos ama Dios. Como cristianos tenemos el compromiso de mirar en cada "rostro sufrido de los pobres, el rostro del Señor". (Conferencia Latinoamericana, de Santo Domingo, 1992).
Seríamos injustos si no resaltamos el buen trabajo del gobierno, bajo el mando de nuestra admirada y respetada, Excelentísima Presidenta de Panamá, Sra. Mireya Moscoso. Usted ha dejado, nuevamente, a Panamá en el sitial de honor y prestigio que se merece. Felicitamos también las voces de nuestros adversarios políticos, quienes han reconocido el magnífico trabajo y profesionalismo con la cual se desempeñó el gobierno en este importante evento.
Retomando el objetivo de la X Cumbre y el mensaje de la misma, debemos manifestar nuestra preocupación por las estadísticas aterradoras que se manejaron. Según datos de la UNICEF del Fondo de la Infancia, existen 100 millones de niños y niñas pobres, o sea, el 50% del total que viven en América Latina y el Caribe. Si comparamos esta cifra con los 15 millones que murieron en la Segunda Guerra Mundial, tenemos que reconocer, con preocupación, que estamos en una guerra que empezó hace muchos años y en la cual tenemos cientos de miles de bajas anualmente y cientos de miles de niños, niñas y adolescentes, con daños irreversibles producto del hambre, la droga, las enfermedades, etc. ¿Acaso hemos perdido la primera guerra contra la pobreza? ¿Será que la X Cumbre Iberoamericana marca el comienzo de una segunda guerra contra la pobreza y cuya fecha tope será el año 2015? Nos dice la Segunda Carta de San Pablo, versículo 13, "pero nosotros esperamos el cielo nuevo y la tierra nueva que Dios ha prometido, en los cuales todo será justo y bueno".
Iberoamérica debe redoblar esfuerzos y ejecutar la Declaración de Panamá, para minimizar las cifras de la pobreza, de la violencia, desnutrición, indigencia, mendicidad, enfermedades como el HIV, el abuso sexual, la prostitución, y el bajo nivel de escolaridad que enfrentan los niños y adolescentes de la región.
Apoyemos a la Presidenta de nuestro país con sugerencias, ideas, proyectos, con nuestras mentes y manos, en esta importante meta trazada en la Cumbre; siempre con una actitud positiva y con mucha caridad cristiana, la cual fácilmente encontramos en el mandamiento nuevo de la Iglesia Católica, que nos pide amar al prójimo, así como nos ama Dios. Como cristianos tenemos el compromiso de mirar en cada "rostro sufrido de los pobres, el rostro del Señor". (Conferencia Latinoamericana, de Santo Domingo, 1992).