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Lame duck (Pato cojo)


Faltan 33 días para las elecciones y, entonces, a Torrijos le restarán 58 días, pues su mandato termina el 30 de junio, gracias a la reforma constitucional del año 2004 que, en buena hora, adelantó el cambio de gobierno para el 1 de julio. Cuando en la noche del 3 de mayo se conozcan los resultados, el actual inquilino del Palacio de las Garzas se convertirá, aunque a Torrijos, en su tozudez le costará reconocerlo, en lo que en el argot político estadounidense se conoce como un “lame duck”, un pato cojo;

Siendo que la derrota electoral del PRD es la crónica de una muerte anunciada, MT debiera reconocer, el creciente rechazo a su gestión gobierno, su nula capacidad para gobernar y, prudentemente, aprestarse para comenzar a cooperar en una fluida transición.

Pero como su gobierno ha sido precisamente lo opuesto a la sensatez, redundando en la incompetencia que ha demostrado durante todo su mandato, ahora, en los estertores de “la patria nueva”, ha decidido anunciar su “quinta o sexta política de seguridad”, porque, según dijo, “los problemas de hoy deben enfrentarse hoy”. En su flagrante irresponsabilidad Torrijos, con sus acciones trasnochadas, pretende tapar, a última hora el estruendoso fracaso de su gobierno, en materia de seguridad. La inseguridad, hoy es 20 veces mayor que cuando asumió el poder, hace cuatro años y siete meses, pero no es sino hasta ahora que lo descubre.

Cuando se inauguró el actual gobierno, su primera medida fue rechazar todo lo que en materia de seguridad había avanzado el anterior. A partir de ese momento, todo ha sido una historia de improvisaciones irresponsables hasta culminar con la aprobación inconsulta de los decretos leyes Torrijos-Delgado, aprobados a espaldas del pueblo, con ínfulas militaristas.

Para lograr efectividad en la lucha contra la criminalidad el país requiere de una política ampliamente discutida y consensuada, sin secretismos, que tenga como objetivo principal proteger la vida y bienes de toda la sociedad y garantizar la seguridad de nuestras calles. Los recursos, tanto materiales como humanos de que disponemos, deben concentrarse en ese esfuerzo. ¿Para qué sirven, por ejemplo, cuatro o cinco mil militares, supuestamente dedicados a defender nuestra frontera con Colombia? De haber tenido Torrijos un mínimo de visión, en lugar de gastar 80 millones anuales para mantener esa fuerza militar dedicada a librar guerras imaginarias, desde el inicio de su gestión debió promover una solución política y diplomática, que sería la acertada, para acabar con las incursiones transfronterizas.

Las relaciones con el gobierno de Uribe, se han caracterizado por la obsecuencia, como quedó demostrado en el reciente apresamiento y entrega, sin siquiera tomarle una declaración, a David Murcia Guzmán. La manera de rescatar el terreno perdido por la irresponsabilidad y la improvisación no es con alardes histriónicos de última hora. Dejaría mejor recuerdo que, por los menos en las postrimerías de su fracasado gobierno, Torrijos comenzara “a recoger velas” y saliera del escenario discreta y calladamente, para bien del país.

101 años de Panamá América

 
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