default

Las lecciones del Papa


El histórico encuentro de Cuba con el Papa Juan Pablo II, constituye un hecho poderoso y una lección que trasciende la situación específica de la isla más grande de las Antillas.
La primera lección es la capacidad de diálogo entre dos posiciones, ejemplificadas en el encuentro entre dos hombres envejecidos, pero que encarnan la tenacidad de sus creencias, un encuentro entre dos enfoques uno religioso y el otro político que se identifican como humanistas, y que hasta hace poco aparentaban posiciones irreductibles en grado sumo. Sin abandonar sus puntos críticos pudieran alternar y escucharse y esto tiene una enorme simbología para todos y todas.
Una segunda lección, y muy importante es el sentido de la libertad de la cual surgen dos direcciones claves: la libertad interna y la libertad externa.
La libertad interna se centra en el desenvolvimiento pleno de los derechos humanos, la posibilidad de opinar, expresarse, movilizarse, tener y practicar la religión, elegir a los representantes, en forma libre y sin ser censurado, perseguido o cuestionado por nadie.
La libertad externa, que significa que un país puede y debe relacionarse con el resto del concierto mundial en el plano económico, tecnológico, político, social y cultural sin que sea bloqueado, embargado, sometido o manipulado por otro país o conjunto de países.
El Papa fue rotundo en señalar ambas libertades, y algo muy importante, en exponer que ambas podían y debían darse coherentemente sin sacrificar una por la otra. Es decir, el argumento norteamericano de que primero debe haber libertad interno o el cubano de que primero debe cesar el bloqueo, son superados por la necesidad de combinar con armonía y gradualidad ambos procesos. ¿Es esto posible? La situación actual parece negarlo en la medida que EE.UU. busca endurecer las medidas (Ley Helms Burton) en lugar de suavizarla. A lo interno de Cuba, la visita del Papa es una señal de distensión de que se corrobora con el paso de los días a través de temas sensibles como la libertad de los presos políticos y la diversificación política ideológica.
El actual bloqueo que padecen todos los habitantes (católicos, comunistas, liberales, etc.) de Cuba es un anacronismo y constituyen acciones "injustas y éticamente inaceptables" como lo señaló en tres ocasiones Juan Pablo II durante su visita a la isla. "En nuestros días ninguna nación puede vivir sola. Por eso, el pueblo cubano no puede privarse de los vínculos con los otros pueblos, que son necesarios para el desarrollo económico, político, social y cultural".
En el mundo quedan cuatro países de régimen comunista, y prácticamente EE.UU. mantiene relaciones con ellos (China, Corea y Vietnam) a excepción de Cuba a la que sigue castigando con el aislamiento desde hace 40 años. Creo que nadie puede tener la autoridad moral para censurar la falta de libertad interna en Cuba, sino no denuncia firmemente la falta de libertad externa, el absurdo bloqueo que padecen los cubanos y las cubanas no importa de que ideología. Para hablar de democracia coherentemente el gobierno de los EE.UU. debe cesar el embargo contra los 11 millones de cubanos y cubanas.
Panamá vivió este drama con la crisis 198789, cuando se contrapusieron valores que son compatibles. Una parte de la nación levantaba la consigna de la democracia y el respeto a la soberanía popular, y la otra la soberanía y el respeto a la soberanía nacional. Y sabemos qué pasó, primero levantar una bandera blanca se convirtió en un crimen y después durante la invasión fue un insulto flamear la bandera tricolor. Democracia y soberanía pueden y deben caminar juntas.
Tercera lección. En la hora actual Panamá no vive la situación de Cuba. Es decir no sufrimos un bloqueo injusto y ni las limitaciones de la situación política interna del hermano país. Pero de los mensajes papales es fácil reconocer dos elementos que nos afectan: el neoliberalismo y la crisis familiar.
"Resurge en varios lugares una forma de neoliberalismo capitalista que subordina a la persona humana y condiciona el desarrollo de los pueblos a las fuerzas ciegas del mercado, gravando desde los centros de poder a los países menos favorecidos con cargas insoportables. En ocasiones se imponen a las naciones como condiciones para recibir nuevas ayudas económicas insostenibles". Un sistema que hace más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, remarca el Papa. ¿No es nuestra situación? ¿No sería bueno examinar los planes económicos que se aplican en Panamá la luz esta valiente denuncia papal? ¿No saldrán algunos ahora a tildar de comunista al representante de Cristo en la Tierra? ¿Qué dice el gobierno Pérez Balladares de este mensaje? ¿Cómo lo recoge la oposición? ¿Y las iglesias en Panamá?
El Papa expresa su profunda preocupación por la descomposición familiar que padece "carencias materiales, como cuando los salarios no son suficientes o tienen un poder adquisitivo muy limitado... la atracción por el consumo". Es decir, tanto en el seno de la sociedad capitalista o socialistas la familia está en crisis, por lo que urge unificar esfuerzos de toda la sociedad y todas las sociedades para renovarla y fortalecerse.
Claramente el Papa aportó la necesidad de una transición pacífica y gradual en la isla, conjugando "libertad y justicia social, libertad y solidaridad sin que ninguna quede relegada a un plano inferior. Esto puede aplicarse perfectamente a nuestra situación. Ahí están los desafíos. Ligar crecimiento con equidad. Democracia política con desarrollo sustentable. Solidaridad social y humana. Autodeterminación nacional. El Papa rindió homenaje a Martí, y ¿cómo olvidar ese pensamiento martiano? "Y pongamos alrededor de la estrella, en una bandera nueva, esta fórmula de amor triunfante: con todos y el para el bien de todos. Es el sueño mío, el sueño de todos: las palabras son novias que esperan, y hemos de poner la justicia tan alta como las palmas".

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América