Las mujeres, el segundo sexo en la Unión Europea
Las opciones vitales de las mujeres europeas son más limitadas que las de los hombres, aunque la igualdad de género ha avanzado en los últimos decenios. Hombres y mujeres van adquiriendo una representación cada vez más paritaria en los Parlamentos; las mujeres obtienen mejores resultados en las licenciaturas universitarias y la discriminación es poco común. ¿No deberíamos sentirnos satisfechos?
En absoluto. La Unión Europea precisa una política económica a largo plazo que permita a la mujer participar en el mercado laboral en condiciones de igualdad. Según el último informe publicado por la Comisión sobre igualdad de género, sólo el 58% de las mujeres tiene trabajo en la Unión Europea, frente a un 72% de los hombres; además, casi un tercio de las ocupadas trabaja a tiempo parcial, frente a un porcentaje inferior al 8% en los hombres. Europa está atravesando una crisis financiera: ¿lograrán todos los líderes de la Unión Europea valorar el potencial aún no aprovechado de las mujeres?
Confiamos en que cuestiones como el aborto puedan debatirse sin demonizar al adversario. Resulta escandaloso que en algunos países de Europa se niegue el aborto a las víctimas de violación, que se ven obligadas a procurárselo de forma ilegal y con riesgo para su vida. Suecia legalizó hace años el aborto, y el Gobierno de España acaba de aprobar el anteproyecto de Ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo.
Según un informe del Consejo de la Unión Europea, se calcula que entre el 20% y el 25% de las mujeres en Europa han sufrido actos de violencia física al menos una vez en su vida adulta, y más del 10% han sido víctima de violencia sexual. Los Estados europeos pueden aprender mucho de las diversas estrategias adoptadas por unos y otros para combatir la violencia contra las mujeres. Más aún, los políticos tienen que hacer frente a la violencia que afecta a las jóvenes víctimas de agresiones o amenazas por parte de sus hermanos o padres para proteger el honor familiar. ¿Cabe aceptar que haya niñas en Europa que vivan bajo la amenaza de matrimonios forzosos o mutilación genital?
La Unión Europea aspira a ser un modelo de democracia. Pero una democracia moderna no puede existir sin igualdad de género en las instancias que toman las decisiones. La paridad de ambos sexos deberá ser la norma cuando se constituya la nueva Comisión.
La igualdad de género debe inscribirse entre las competencias nacionales, más que de la Unión Europea, ya que exige abordar cuestiones de política social y laboral. Y aunque España y Suecia se encuentren en extremos opuestos de Europa, y nuestros Gobiernos pertenezcan a ideologías políticas distintas, hemos alcanzado una misma conclusión: los derechos de la mujer son universales y la igualdad de trato constituye un valor esencial de la cooperación europea. (ccs@solidarios.org.es)