Las mujeres y la política: desafíos y perspectivas
La lucha de las mujeres para construirse espacios democráticos para accesar a posiciones de autoridad y participación en los asuntos del poder político tiene siglos. Se han logrado algunos avances importantes sobre todo en los países de cultura occidental cristiana, donde las mujeres han logrado hacer valer un sistema de incidencia de género en base a cuotas de participación política. Recientemente, en nuestro país, se introdujo en nuestra ley electoral, el deber que tienen los partidos políticos de por lo menos llevar como candidatas a puestos de elección popular un porcentaje equivalente al treinta por ciento (30%).
Sin embargo, todavía hay un largo camino por andar. Nuestra sociedad de manera sustancial funciona con este déficit democrático. La disparidad es evidente, y da cuenta de una presencia todavía abismal (discriminación de género) en las posiciones de autoridad y ejercicio del poder político. De allí, que razón suficiente tienen algunos estudiosos del tema, al denunciar que la cultura política sigue siendo predominantemente masculina. Esta realidad que constituye uno de los grandes desafíos y retos que tiene la mujer, nos lleva a coincidir con la socióloga española, Inés Alberdi, cuando señala que "aún a finales de este siglo las mujeres tienen que defender sus causas y demostrar que existen y que son parte de la democracia. Después de haber participado en las campañas electorales, después de acudir a votar, incluso en mayor proporción que los varones, ven frustradas sus esperanzas de cambio en el plano simbólico de la política, en las imágenes masculinizadas de las mismas y en la escasa consideración de la mujer en los asuntos políticos". Este planteamiento es lo que nos lleva a plantear que el tema de la cuota de participación política de la mujer, tiene también que alcanzar al ejercicio mismo del poder político. De acuerdo con la autora citada, "la presencia de mujeres al frente de los gobiernos, los partidos o los sindicatos tienen una importancia enorme en las imágenes simbólicas de la autoridad y va transformando las relaciones entre los hombres y las mujeres a todos los niveles de interacción social".
Es cierto, que todos, tanto mujeres como hombres estamos permeados por una ideología dominante que tiende a reproducir estructuras de diferencias de género que inhibe a las mujeres a participar en los asuntos del poder y de la política; sin embargo, ello puede ser cambiado a partir de una revalorización de conceptos societales, que rompan algunos mitos, entre ellos, el que la política es cuestión de hombres y otras conductas de desigualdad de géneros que se inculcan desde la llamada socialización primaria de los individuos. En ese sentido tenemos que encontrar las fórmulas que tiendan a superar este déficit democrático.
Es dentro de este contexto, que mujeres como Mireya Moscoso, Mayín Correa, Mariela Jiménez, Balbina Herrera, Gloria Young, entre muchas otras, constituyen una avanzada importante en la búsqueda de esa paridad democrática en los asuntos de la política y el poder. Independientemente a las toldas políticas a las que pertenecen, su accionar, desde un enfoque sociológico y democrático da cuenta, aunque de manera difusa y fragmentada, de que en nuestro entorno social y político ellas, hasta cierto punto, expresan y condensan décadas de lucha democrática de las mujeres panameñas, por romper con el mito de que las cuestiones del poder y la política, son menesteres exclusivos de los hombres. Ellas, desde un enfoque de género han ayudado a mejorar nuestro sistema de participación democrática.
Sin embargo, todavía hay un largo camino por andar. Nuestra sociedad de manera sustancial funciona con este déficit democrático. La disparidad es evidente, y da cuenta de una presencia todavía abismal (discriminación de género) en las posiciones de autoridad y ejercicio del poder político. De allí, que razón suficiente tienen algunos estudiosos del tema, al denunciar que la cultura política sigue siendo predominantemente masculina. Esta realidad que constituye uno de los grandes desafíos y retos que tiene la mujer, nos lleva a coincidir con la socióloga española, Inés Alberdi, cuando señala que "aún a finales de este siglo las mujeres tienen que defender sus causas y demostrar que existen y que son parte de la democracia. Después de haber participado en las campañas electorales, después de acudir a votar, incluso en mayor proporción que los varones, ven frustradas sus esperanzas de cambio en el plano simbólico de la política, en las imágenes masculinizadas de las mismas y en la escasa consideración de la mujer en los asuntos políticos". Este planteamiento es lo que nos lleva a plantear que el tema de la cuota de participación política de la mujer, tiene también que alcanzar al ejercicio mismo del poder político. De acuerdo con la autora citada, "la presencia de mujeres al frente de los gobiernos, los partidos o los sindicatos tienen una importancia enorme en las imágenes simbólicas de la autoridad y va transformando las relaciones entre los hombres y las mujeres a todos los niveles de interacción social".
Es cierto, que todos, tanto mujeres como hombres estamos permeados por una ideología dominante que tiende a reproducir estructuras de diferencias de género que inhibe a las mujeres a participar en los asuntos del poder y de la política; sin embargo, ello puede ser cambiado a partir de una revalorización de conceptos societales, que rompan algunos mitos, entre ellos, el que la política es cuestión de hombres y otras conductas de desigualdad de géneros que se inculcan desde la llamada socialización primaria de los individuos. En ese sentido tenemos que encontrar las fórmulas que tiendan a superar este déficit democrático.
Es dentro de este contexto, que mujeres como Mireya Moscoso, Mayín Correa, Mariela Jiménez, Balbina Herrera, Gloria Young, entre muchas otras, constituyen una avanzada importante en la búsqueda de esa paridad democrática en los asuntos de la política y el poder. Independientemente a las toldas políticas a las que pertenecen, su accionar, desde un enfoque sociológico y democrático da cuenta, aunque de manera difusa y fragmentada, de que en nuestro entorno social y político ellas, hasta cierto punto, expresan y condensan décadas de lucha democrática de las mujeres panameñas, por romper con el mito de que las cuestiones del poder y la política, son menesteres exclusivos de los hombres. Ellas, desde un enfoque de género han ayudado a mejorar nuestro sistema de participación democrática.