Las violencias estudiantiles
Las protestas universitarias que se han caracterizado por el cierre de avenidas colindantes con esa casa de estudio han perdido relevancia y esto se debe a los propios estudiantes que, por cualquier problema por intrascendente que este sea, realizan una protesta que ellos dicen pacífica, pero que realidad está llena de violencia. Hoy el estudiante esconde su rostro y más bien con sus actos da la impresión de ser guerrilleros o terroristas. Anteriormente sin llegar a esos extremos de violencia que hoy se dan, las protestas estudiantiles eran más efectivas. Nunca un dirigente estudiantil se encapuchaba, muy por el contrario, se sentían orgullosos de la cusa por la cual luchaban. Así un Jorge Illueca o un Carlos Iván Zúñiga o cualquier otro de los valientes dirigentes estudiantiles de la época no se le pasaba por la mente encapucharse. Ellos, los líderes de ayer, tenían gran poder de convocatoria y su prestancia lograba incluir a otros grupos de ciudadanos en las causas que defendían. Ahora los actuales seudo-dirigentes anónimos protestan por cualquier nimiedad y solo consiguen el respaldo de un número minúsculo de estudiantes. No despiertan confianza en la ciudadanía y sus protestas le hacen un gran daño a ellos mismos con los “tranques” y actos de violencia que realizan afectando a los miles de inocentes transeúntes. Además, perjudican a la inmensa mayoría de los 66,000 jóvenes matriculados en la Universidad que van a estudiar para poder entonces con la preparación académica analizar y protestar en los asuntos de interés nacional por contar con el liderazgo ganado a base de sus méritos. Aún está fresca en la memoria de muchos panameños como los dirigentes estudiantiles de épocas pasadas, empleando la dialéctica de la palabra y no del puño, se ganaron con ello el respaldo de la opinión pública para lograr que se rechazara el Tratado Filós-Hines. Quienes dirigen estas protestas violentas son una minoría insignificante que se pueden contar con los dedos de las manos. Sin embargo, las autoridades universitarias conocen quienes son ellos y jamás son castigados. Alega el Consejo de Profesores que hay infiltrados y prefieren cerrar la Universidad y no tomar las medidas de disciplina que se ameritan, aunque con ello perjudiquen a los miles estudiantes que van a estudiar y no a pelear. Las investigaciones para poder señalar a los culpables de actos vandálicos jamás han dado resultado alguno. Todo a fin de cuentas sigue igual sin castigo para nadie. Cuántos estudiantes, se preguntan muchos, han sido sancionados. Respuesta: ni uno solo.
La tolerancia de la dirigencia de la Universidad Nacional, con su inacción, está fomentando indirectamente esta violencia estudiantil que a nada conduce.
Los estudiantes, especialmente sus dirigentes, tienen que corregir sus procedimientos de protestas y con su conducta influir en los estudiantes de los distintos colegios que con el dialogo y la discusión sin actos de violencia se pueden lograr los beneficios para el país que todos anhelamos.