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Lecciones de un proceso


El 30 de julio pasado culminó el proceso interno de renovación de las autoridades del Partido Panameñista, bajo unos nuevos Estatutos que establecieron reglas del juego distintas a las que tradicionalmente habían regido los destinos de los panameñistas. El proceso tuvo sus altas y sus bajas, pero estoy convencido que el balance ha sido positivo para el colectivo y para la consolidación del sistema democrático panameño.
En lo personal, como uno de los cuatro copartidarios que hizo campaña a nivel nacional aspirando a ocupar la Presidencia del Partido, debo decir que fue una experiencia sumamente enriquecedora. A pesar de tener una experiencia previa de tres elecciones como candidato en un circuito electoral, hacer campaña a nivel nacional fue algo totalmente novedoso para mí. Para comenzar que el sólo hecho de conocer en más detalle la geografía nacional y poder ver y palpar de cerca los problemas y potencialidades de comunidades como San Miguelito y Arraiján en la provincia de Panamá y de lugares apartados en el interior de la República, me ha dado una perspectiva mucho más amplia y mejor informada de lo que este país necesita. La labor misma que debo realizar como Diputado en la Asamblea, tiene ahora el beneficio de una perspectiva más integral, que trasciende las fronteras del circuito electoral que represento.
Además, la candidatura a legislador o diputado es una candidatura, por decirlo de alguna manera, más individualista. Es decir, las decisiones de campaña se toman de forma menos complicada, viendo el interés del candidato en particular. Una campaña nacional como la que acabamos de pasar en el Panameñismo, requiere del candidato que la dirige una visión más abarcadora, pues debe conciliar una gran cantidad de intereses locales y pensar más en función del colectivo. Por ejemplo, la decisión de declinar nuestra candidatura y apoyar al hoy Presidente del Partido, no fue una decisión fácil, pero necesaria en función de dar gobernabilidad al colectivo y consolidar la unidad del mismo.
Pero hay lecciones más generales que aprendimos en este ejercicio electoral. Una de ellas es que el proceso de consolidar la democracia en nuestro país necesariamente debe pasar por la profundización de la democracia interna en los partidos. Y uno de los elementos fundamentales que deben considerarse es el financiamiento y costo de las campañas, tanto de las elecciones nacionales como las internas. Mientras el costo de las campañas no tenga límites, los candidatos con más recursos económicos tendrán una ventaja injusta que tergiversa el verdadero sentido de la democracia.
En esa misma dirección, estoy convencido que, si bien el mecanismo previsto en los actuales Estatutos para elegir a la Junta Directiva del Partido es preferible al mecanismo que existía antes, no es menos cierto que requiere de reformas profundas para que el verdadero sentir de las bases no sea desvirtuado por quienes están llamados a representarlas. En otras palabras, considero que es preferible que el Presidente del Panameñismo que se escoja en el 2011 sea escogido por el voto directo de la membresía.
Finalmente, considero que este proceso demostró lo que, desde un principio, fue una de las bases fundamentales de nuestra propuesta como candidato: no es conveniente para un Partido que el Presidente del mismo ejerza la doble función de Presidente y candidato. Cuando ello sucede, la tentación de torcer las reglas en su favor es casi irresistible. Afortunadamente, en esta ocasión, la sangre no llegó al río. Pero la lección no debe ser olvidada: el Comité de Elecciones debe ser un ente totalmente independiente del Presidente del Partido y el mismo, si aspira a ser candidato, debe separarse del cargo para no influir en el proceso según su propia conveniencia.
Si aprendemos de esta experiencia y consolidamos la unidad del Panameñismo, no tengo la menor duda que los actuales dirigentes del Partido estaremos en posición de contribuir positivamente al mejor desempeño de nuestra democracia y al logro de una sociedad más equitativa. En esa dirección, le deseo la mejor de las suertes al Presidente Varela y aportaré en todo lo que pueda para el éxito de su gestión, como siempre lo he hecho, pensando en lo mejor para mi país y el Panameñismo.
Además, hay falta de cultura, educación y de conciencia porque la basura tirada en la calle tiene varios efectos, señaló Goti.
El DIMAUD cuenta con 2 mil 517 funcionarios y son unas 600 las "hormiguitas" que efectúan el barrido diario de las calles y avenidas.
En el distrito de Panamá se recogen 900 toneladas diarias de basura y son cinco las que arrojan los ciudadanos a las aceras y avenidas.
Abraham Goti asegura que hay rutas de barrido las 24 horas en la ciudad capital, sobre todo en la época de invierno por el riesgo de dengue.
Indicó que incluso, hay una ruta de barrido que sale a las 6: 00 a.m. y termina a las 3: 00 p.m.
Hay otra que entra a las 3: 00 p.m. y acaba a las 11: 00 p.m y una de 11: 00 p.m. que finaliza a las 6:00 a.m.
El casco central de la ciudad, desde Bella Vista hasta San Felipe, se barre 24 horas y las afueras de la ciudad y las vías principales, se barren diariamente en horario diurno.
Esto, a a juicio de Goti, "no es necesario", pues considera que si las personas retienen la basura, no la arrojan a la calle y esperan llegar a sus casas, no habría el problema de la suciedad.
En un comunicado, la Alcaldía de Panamá, informó que los juzgados municipales realizarán visitas a los sectores para identificar la mala disposición de desechos y hacer el llamado correspondiente.
El acuerdo municipal No. 205, del 23 de diciembre de 2002, prohíbe arrojar desechos sólidos en vías públicas y lotes baldíos, lo que puede ser objeto de multas de hasta B/. 5 mil.

101 años de Panamá América

 
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