Libros nuevos, libros viejos
El panorama editorial resulta, hoy día, sorprendente. El escaparate de las librerías, en cualquier establecimiento (incluidas las grandes superficies), se renueva a velocidad de vértigo. Los libros nuevos, en un mes, han pasado a ser libros viejos. La renovación de todo ese papel a la venta produce desasosiego. Porque, además, las más grandes editoriales tienen autores- muy pocos nuevos, porque no generan los ingresos deseados -en lista de espera, con los cupos de publicación cubiertos para todo el 99.
Las pequeñas editoriales juegan otro papel, aparte de buscar su supervivencia. Editan, en conjunto, miles de títulos. Pero tienen dificultades de distribución. Y una editorial sin distribución, o con una mala distribución, está condenada al fracaso. En esas pequeñas editoriales se publica mucho libro bueno que suele correr la misma suerte que los publicados en las grandes editoriales: acabar en manos de los libreros de lance y de viejo que les vuelven a dar vida.
Hoy día cualquier lector puede hacerse con una biblioteca actual, en Panamá, en Calle 13 (Salsipuedes), por ejemplo, o en el Mercado de Buhonería de la ciudad de Panamá tienen los suyos, y Colón, y..., a buen precio. En estos lugares se exponen a la venta, normalmente rebajados, todo un surtido de libros excedentes (también excelentes), que han sido expulsados de los almacenes de las grandes y medianas editoriales para renovar los fondos. También hay ejemplares de pequeñas editoriales, que han tenido que saldar sus libros no vendidos en tiempo.
En medio de esta curiosa situación, los más perjudicados son los autores y los más beneficiados los lectores. Los autores tienen que producir mucho, y ponerse en lista de espera para publicar, como si fueran enfermos de Seguro Social que requirieran alguna intervención quirúrgica. Los lectores pueden conseguir, con una demora de un par de meses, libros de calidad (también de baja calidad) bastante rebajados. Este trabajo de mediación lo hacen los libreros de lance y/o de viejo, que corrigen la extraña dinámica del actual mercado editorial. Y desarrollan una importante función social: trasladar la lectura impresa y animar el mercado de los lectores, excesivamente bombardeado por la publicidad de los best-sellers. También se ocupan, en otra parcela, de preservar el mercado del libro antiguo. Es, por tanto, un sector muy a tener en cuenta por su importante trabajo, poco valorado.
Desconocemos cómo puede evolucionar el actual mercado librero de nuevo o de viejo. Hoy, sin duda, podemos afirmar que hay una dependencia o una estrecha relación beneficiosa entre libro nuevo y libro viejo. Y excluimos a los autores que se auto-editan y distribuyen su obra por Internet y otros canales sin intermediarios. Merecen un comentario aparte.
Las pequeñas editoriales juegan otro papel, aparte de buscar su supervivencia. Editan, en conjunto, miles de títulos. Pero tienen dificultades de distribución. Y una editorial sin distribución, o con una mala distribución, está condenada al fracaso. En esas pequeñas editoriales se publica mucho libro bueno que suele correr la misma suerte que los publicados en las grandes editoriales: acabar en manos de los libreros de lance y de viejo que les vuelven a dar vida.
Hoy día cualquier lector puede hacerse con una biblioteca actual, en Panamá, en Calle 13 (Salsipuedes), por ejemplo, o en el Mercado de Buhonería de la ciudad de Panamá tienen los suyos, y Colón, y..., a buen precio. En estos lugares se exponen a la venta, normalmente rebajados, todo un surtido de libros excedentes (también excelentes), que han sido expulsados de los almacenes de las grandes y medianas editoriales para renovar los fondos. También hay ejemplares de pequeñas editoriales, que han tenido que saldar sus libros no vendidos en tiempo.
En medio de esta curiosa situación, los más perjudicados son los autores y los más beneficiados los lectores. Los autores tienen que producir mucho, y ponerse en lista de espera para publicar, como si fueran enfermos de Seguro Social que requirieran alguna intervención quirúrgica. Los lectores pueden conseguir, con una demora de un par de meses, libros de calidad (también de baja calidad) bastante rebajados. Este trabajo de mediación lo hacen los libreros de lance y/o de viejo, que corrigen la extraña dinámica del actual mercado editorial. Y desarrollan una importante función social: trasladar la lectura impresa y animar el mercado de los lectores, excesivamente bombardeado por la publicidad de los best-sellers. También se ocupan, en otra parcela, de preservar el mercado del libro antiguo. Es, por tanto, un sector muy a tener en cuenta por su importante trabajo, poco valorado.
Desconocemos cómo puede evolucionar el actual mercado librero de nuevo o de viejo. Hoy, sin duda, podemos afirmar que hay una dependencia o una estrecha relación beneficiosa entre libro nuevo y libro viejo. Y excluimos a los autores que se auto-editan y distribuyen su obra por Internet y otros canales sin intermediarios. Merecen un comentario aparte.