Lo nacional y lo social (I)
1- De Salas - Becker hacia adentro. Al lector que nos siga en este escrito le confesaré que estoy convencido de la vigencia de aquella ley de la dialéctica y de la naturaleza que sentencia que lo general determina a lo particular. Por ello, las líneas que siguen intentan establecer las vinculaciones de lo nacional, es decir de los problemas que afectan al Estado Nación -en sus relaciones externas- con lo social, que es aquello que afecta los grupos, sectores y clases existentes hacia el interior de nuestra sociedad. Empezaremos entendiendo con el lector que el mundo posguerra fría es más incierto y convulso que aquel al cual sucedió. Que la democracia y el bienestar se han restringido en vez de expandirse. Que el globalismo, que es la ideología egoísta que interpreta abusivamente las consecuencias económicas del fenómeno real de la globalización científica y cultural del mundo por causa de su intrínseco egoísmo, ha generado numerosos rechazos que adoptan la forma de localismos y afirmación de las indentidades nacionales y grupales. Ese rechazo puede adoptar formas racionales o irracionales: desde el conservacionismo ambiental hasta el fanatismo religioso. Que frente a la resistencia de los pueblos del mundo a desaparecer por decreto, se estructuran una dictadura mundial militar -financiera formada por el binomio de OTAN-IFI"s.
La doctrina de intervención humanitaria: Señalamos que, detrás de la violencia, existe un trasfondo de dominación económica que se justifica en los intereses de las grandes potencias. Intentamos establecer categorías entre estos intereses: Los que afloran son los llamados vitales, los estratégicos y los políticos; siendo que cada uno de ellos sirve al que le antecede. Se trata de la construcción de la supremacía económica y ella se mueve en la escala de motivaciones hasta que los intereses políticos pasan a la jerarquía de vitales. Esto se explica con los ejemplos de los Balcanes y Afganistán, donde Estados Unidos (EU) ha manifiestado el interés político de dar al mundo el mensaje de que no se puede resolver nada sin ellos.
En octubre de 1998, al aprobar la OTAN la Actord (orden de activación), la resolución identificaba en Kosovo las causales de intervención: 1. La inminencia de catástrofe humanitaria; 2. El acuerdo de los países de la OTAN en que ese punto 1 era cierto; y 3. La negativa de Yugoslavia de aceptar los puntos 1 y 2. Esta directriz política se hace más clara con la crisis del ataque terrorista a EU, cuando se intimida a todos los Estados del mundo, para que suscriban una política de retaliación, cuyos objetivos no se definen. Si el terrorismo es un método que persigue conseguir adhesiones por el miedo a las consecuencias, entonces nos encontramos ante un claro ejemplo de terrorismo diplomático-militar. Para justificar la protección brutal de sus intereses, los hegemonistas del G7 pintan un cielo cargado de amenazas. Esto se conoce como "creación del enemigo". La imagen enemiga es muy importante. Sin ella no se puede construir una causa justa. Y esto se ha necesitado desde las cruzadas hasta nuestros días.
El perfeccionamiento del estado nacional: ¿Qué le toca a los pueblos del tercer mundo? ¿Asimilarse o caracterizarse? De conformidad con el ecologismo, la diversidad nacional y cultural es tan valiosa como la biodiversidad biológica. En estos tiempos los panameños hemos avanzado para afirmar nuestra identidad, y con ella aportar a la construcción del mundo multicultural y justo que ha de venir. Los Tratados Torrijos Carter son una conquista jurídica, pero no lo son si los hechos no van acompañados de una firme decisión de transformar la letra en realidad.
El nuestro es un Estado no integrado, a pesar de que el objetivo fundamental de los TTC era: por medio de la integración territorial, producir la integración social y económica que caracteriza a un país desarrollado. Empero, nuestro país está feudalizado y existen enclaves que no alcanzan a ser tocados por la necesidad suprema de la Nación, dentro de ellos el principado mayor lo es la Autoridad del Canal, lo siguen la ARI, la futura Zona Económica Atlántico-Pacífico que englobará a Howard Kobee, el Centro Financiero, el CEMIS, la Zona Libre, etc.
Así, si con el perfeccionamiento de la independencia pretendíamos borrar las diferencias con el exterior, transformándonos en un país sin condicionamientos tutelares, con la integración pretendíamos borrar las diferencias internas: las que distancian a los principados bancarios y canaleros de las comarcas indígenas.
¿Pero cuáles son las claves externas de nuestros rezagos internos? Previamente a su retirada formal, sabiamente los norteamericanos supieron introducir en el Tratado de Neutralidad las famosas cláusulas de intervencionismo residual que permitieran regresar por la ventana de la cocina, habiendo dejado nuestra casa por la puerta delantera el 31 de enero de 1999. La clave está en el concepto de orden alterado. Con la invasión y la destrucción de las fuerzas de orden público existente se abrió el portillo legal al regreso. A continuación se cumple la segunda parte de la invasión: El conquistador vence físicamente e impone su ley, pero coincidentemente asegura la derrota del oprimido imponiéndole una mentalidad de vencido. El acuerdo Arias Calderón Hinton introdujo el concepto de la necesidad de apoyarnos en los guardacostas norteamericanos para cumplir funciones inherentes al soberano territorial. Con el CMA se intentó cumplir la fase complementaria de la invasión. No se logró: en la actualidad se desarrolla esa intención al establecerse, desde diciembre de 2001 hasta el presente, un complejo de compromisos, con una vinculación interna que obedecen a una jerarquía de objetivos. Así el 19 y 26 de diciembre de 2000 se produce el canje de notas 0631-2001 que abre el cauce de la jerarquía de objetivos y establece la nomenclatura de las categorías neo-intervencionistas.
A partir de entonces tenemos lo siguiente: El arreglo complementario Salas-Becker sobre prevención de tráfico: En él hay cesión jurisdiccional sobre aguas, aire y territorio continental. Se introduce el concepto de Autoridad del Orden; el 1º de abril el "acuerdo" Becker-Alemán Zubiera sobre incidentes de contaminación ambiental; el 4 de abril el Becker-Salazar sobre tránsito inocente que tiende a permitir el control de los puertos de entrada.
Hasta aquí sólo faltaba el Howard Kobee: Ya está apareciendo. Es importante citar aquí el concepto de desastres utilizados en la doctrina de intervención humanitaria. Según él, todo país técnicamente desarrollado tiene la obligación de brindar asistencia en desastres a los países más débiles que estuvieran afectados por un desastre.
Si el desastre fuera natural, o accidente marítimo o de aviación para eso están las FOL, que justificarían su presencia en un país merced a esa ayuda técnica (recordemos las justificaciones oficiosas del CMA). Pero los desastres mayormente serán sociales -como la hambruna (recordar la intervención en Somalia); las migraciones masivas (recordar las crisis de los balseros y la intervención en Haití); o religiosas (recordar las zonas de exclusión aérea so pretexto de proteger a los chiíes del sur de Irak; o podían servir para resguardar la reserva de oxígeno (la Amazonía en lista); o para proteger la navegación mundial (amenaza para Panamá). También entrarán los conflictos internos y las luchas por la tierra y el mercado de sus productos, como se desprende del trasfondo de la prolongadísima crisis campesina en Colombia.
A partir de todo este concepto del orden y de la seguridad subvertida se introducen en los cuatro acuerdos mencionados las categorías de Autoridad del Orden y del Equipo de Respuesta Nacional (Nacional Response Team o las 16 agencias del NRT).
¡Hemos recreado la Zona y sus jueces, cediendo nuestras aguas y cielos! ¡Otra Vez!.
La doctrina de intervención humanitaria: Señalamos que, detrás de la violencia, existe un trasfondo de dominación económica que se justifica en los intereses de las grandes potencias. Intentamos establecer categorías entre estos intereses: Los que afloran son los llamados vitales, los estratégicos y los políticos; siendo que cada uno de ellos sirve al que le antecede. Se trata de la construcción de la supremacía económica y ella se mueve en la escala de motivaciones hasta que los intereses políticos pasan a la jerarquía de vitales. Esto se explica con los ejemplos de los Balcanes y Afganistán, donde Estados Unidos (EU) ha manifiestado el interés político de dar al mundo el mensaje de que no se puede resolver nada sin ellos.
En octubre de 1998, al aprobar la OTAN la Actord (orden de activación), la resolución identificaba en Kosovo las causales de intervención: 1. La inminencia de catástrofe humanitaria; 2. El acuerdo de los países de la OTAN en que ese punto 1 era cierto; y 3. La negativa de Yugoslavia de aceptar los puntos 1 y 2. Esta directriz política se hace más clara con la crisis del ataque terrorista a EU, cuando se intimida a todos los Estados del mundo, para que suscriban una política de retaliación, cuyos objetivos no se definen. Si el terrorismo es un método que persigue conseguir adhesiones por el miedo a las consecuencias, entonces nos encontramos ante un claro ejemplo de terrorismo diplomático-militar. Para justificar la protección brutal de sus intereses, los hegemonistas del G7 pintan un cielo cargado de amenazas. Esto se conoce como "creación del enemigo". La imagen enemiga es muy importante. Sin ella no se puede construir una causa justa. Y esto se ha necesitado desde las cruzadas hasta nuestros días.
El perfeccionamiento del estado nacional: ¿Qué le toca a los pueblos del tercer mundo? ¿Asimilarse o caracterizarse? De conformidad con el ecologismo, la diversidad nacional y cultural es tan valiosa como la biodiversidad biológica. En estos tiempos los panameños hemos avanzado para afirmar nuestra identidad, y con ella aportar a la construcción del mundo multicultural y justo que ha de venir. Los Tratados Torrijos Carter son una conquista jurídica, pero no lo son si los hechos no van acompañados de una firme decisión de transformar la letra en realidad.
El nuestro es un Estado no integrado, a pesar de que el objetivo fundamental de los TTC era: por medio de la integración territorial, producir la integración social y económica que caracteriza a un país desarrollado. Empero, nuestro país está feudalizado y existen enclaves que no alcanzan a ser tocados por la necesidad suprema de la Nación, dentro de ellos el principado mayor lo es la Autoridad del Canal, lo siguen la ARI, la futura Zona Económica Atlántico-Pacífico que englobará a Howard Kobee, el Centro Financiero, el CEMIS, la Zona Libre, etc.
Así, si con el perfeccionamiento de la independencia pretendíamos borrar las diferencias con el exterior, transformándonos en un país sin condicionamientos tutelares, con la integración pretendíamos borrar las diferencias internas: las que distancian a los principados bancarios y canaleros de las comarcas indígenas.
¿Pero cuáles son las claves externas de nuestros rezagos internos? Previamente a su retirada formal, sabiamente los norteamericanos supieron introducir en el Tratado de Neutralidad las famosas cláusulas de intervencionismo residual que permitieran regresar por la ventana de la cocina, habiendo dejado nuestra casa por la puerta delantera el 31 de enero de 1999. La clave está en el concepto de orden alterado. Con la invasión y la destrucción de las fuerzas de orden público existente se abrió el portillo legal al regreso. A continuación se cumple la segunda parte de la invasión: El conquistador vence físicamente e impone su ley, pero coincidentemente asegura la derrota del oprimido imponiéndole una mentalidad de vencido. El acuerdo Arias Calderón Hinton introdujo el concepto de la necesidad de apoyarnos en los guardacostas norteamericanos para cumplir funciones inherentes al soberano territorial. Con el CMA se intentó cumplir la fase complementaria de la invasión. No se logró: en la actualidad se desarrolla esa intención al establecerse, desde diciembre de 2001 hasta el presente, un complejo de compromisos, con una vinculación interna que obedecen a una jerarquía de objetivos. Así el 19 y 26 de diciembre de 2000 se produce el canje de notas 0631-2001 que abre el cauce de la jerarquía de objetivos y establece la nomenclatura de las categorías neo-intervencionistas.
A partir de entonces tenemos lo siguiente: El arreglo complementario Salas-Becker sobre prevención de tráfico: En él hay cesión jurisdiccional sobre aguas, aire y territorio continental. Se introduce el concepto de Autoridad del Orden; el 1º de abril el "acuerdo" Becker-Alemán Zubiera sobre incidentes de contaminación ambiental; el 4 de abril el Becker-Salazar sobre tránsito inocente que tiende a permitir el control de los puertos de entrada.
Hasta aquí sólo faltaba el Howard Kobee: Ya está apareciendo. Es importante citar aquí el concepto de desastres utilizados en la doctrina de intervención humanitaria. Según él, todo país técnicamente desarrollado tiene la obligación de brindar asistencia en desastres a los países más débiles que estuvieran afectados por un desastre.
Si el desastre fuera natural, o accidente marítimo o de aviación para eso están las FOL, que justificarían su presencia en un país merced a esa ayuda técnica (recordemos las justificaciones oficiosas del CMA). Pero los desastres mayormente serán sociales -como la hambruna (recordar la intervención en Somalia); las migraciones masivas (recordar las crisis de los balseros y la intervención en Haití); o religiosas (recordar las zonas de exclusión aérea so pretexto de proteger a los chiíes del sur de Irak; o podían servir para resguardar la reserva de oxígeno (la Amazonía en lista); o para proteger la navegación mundial (amenaza para Panamá). También entrarán los conflictos internos y las luchas por la tierra y el mercado de sus productos, como se desprende del trasfondo de la prolongadísima crisis campesina en Colombia.
A partir de todo este concepto del orden y de la seguridad subvertida se introducen en los cuatro acuerdos mencionados las categorías de Autoridad del Orden y del Equipo de Respuesta Nacional (Nacional Response Team o las 16 agencias del NRT).
¡Hemos recreado la Zona y sus jueces, cediendo nuestras aguas y cielos! ¡Otra Vez!.