Los aranceles y las propuestas de gobierno
Otro de los puntos de coincidencia de las tres propuestas de gobierno que disputan la Presidencia de la República, es el de la necesidad de revisar algunos aranceles de importación implementados por la administración de Pérez Balladares.
Con mucha responsabilidad, ninguno ha hablado de modificar la "política arancelaria", que es otra cosa, refiriéndose ésta al programa de globalización, competitividad y apertura que hoy impera en el mundo.
Han hablado tan sólo de precisar cuáles aranceles resultan ruinosos para la producción nacional. Dos candidatos en especial, Torrijos y Vallarino suelen citar en casi todas sus intervenciones públicas la palabra "gradualidad" , que en los últimos cuatro años ha sido repetido estribillo de nuestra línea editorial. Pero no es suficiente.
El joven dirigente de APEDE (Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa), Felipe Rodríguez ha dicho que el agro, por su tremendo aporte al mercado nacional de empleos ( 30 %), requiere no sólo de la implementación de una política arancelaria de gradualidad sino también de mecanismos efectivos de reconversión y asistencia técnica para elevar la eficiencia en la producción y el mercadeo tanto interno como de exportación.
El actual fondo de modernización anunciado por el actual gobierno hace dos años, con ayuda de empréstitos externos, no ha tenido impacto significativo alguno en el sector productivo. Hace falta un mayor esfuerzo en ese sentido, lo que corresponderá al gobierno próximo.
Por otra parte, se requiere abordar otro espinoso aspecto del problema que no ha sido tratado por ninguno de los candidatos; y es el de la reciprocidad: "yo abro, tu abres, yo te compro, tu me compras", lo cual implica eliminar la "ley del embudo", -lo ancho para mi, lo angosto para ti" , todavía vigente en el comercio internacional; y, si se quiere, la aplicación de algo de la "Ley del Talión", -ojo por ojo, diente por diente-, "si tu cierras, yo cierro, si no me compras, no te compro". Es una lógica elemental como el anunciado boicot norteamericano a los perfumes franceses y otros productos europeos por si el Viejo Continente persiste en la negativa de comprar productos norteamericanos por uno u otro pretexto.
Por ello, es también válida la petición elevada recientemente por Alberto Pons, presidente del SIP (Sindicato de Industriales de Panamá) al Presidente de la República, Ernesto Pérez Balladares, para que el gobierno procure gestionar la solución del cierre de fronteras y trato discriminatorio que en Centroamérica y Sudamérica padecen los productos procedentes de Panamá.
Es intolerable asimismo, que la leche y carne de pollo panameña que entra a Centro América pague aranceles de 300%, mientras que acá les colocamos sólo el 15%. Igual nos ocurre con Estados Unidos, respecto a requisitos sanitarios que exigen a nuestros productos para entrar a su mercado, pero que no se le requiere acá. Una cosa es la apertura y otra la tontería.
Con mucha responsabilidad, ninguno ha hablado de modificar la "política arancelaria", que es otra cosa, refiriéndose ésta al programa de globalización, competitividad y apertura que hoy impera en el mundo.
Han hablado tan sólo de precisar cuáles aranceles resultan ruinosos para la producción nacional. Dos candidatos en especial, Torrijos y Vallarino suelen citar en casi todas sus intervenciones públicas la palabra "gradualidad" , que en los últimos cuatro años ha sido repetido estribillo de nuestra línea editorial. Pero no es suficiente.
El joven dirigente de APEDE (Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa), Felipe Rodríguez ha dicho que el agro, por su tremendo aporte al mercado nacional de empleos ( 30 %), requiere no sólo de la implementación de una política arancelaria de gradualidad sino también de mecanismos efectivos de reconversión y asistencia técnica para elevar la eficiencia en la producción y el mercadeo tanto interno como de exportación.
El actual fondo de modernización anunciado por el actual gobierno hace dos años, con ayuda de empréstitos externos, no ha tenido impacto significativo alguno en el sector productivo. Hace falta un mayor esfuerzo en ese sentido, lo que corresponderá al gobierno próximo.
Por otra parte, se requiere abordar otro espinoso aspecto del problema que no ha sido tratado por ninguno de los candidatos; y es el de la reciprocidad: "yo abro, tu abres, yo te compro, tu me compras", lo cual implica eliminar la "ley del embudo", -lo ancho para mi, lo angosto para ti" , todavía vigente en el comercio internacional; y, si se quiere, la aplicación de algo de la "Ley del Talión", -ojo por ojo, diente por diente-, "si tu cierras, yo cierro, si no me compras, no te compro". Es una lógica elemental como el anunciado boicot norteamericano a los perfumes franceses y otros productos europeos por si el Viejo Continente persiste en la negativa de comprar productos norteamericanos por uno u otro pretexto.
Por ello, es también válida la petición elevada recientemente por Alberto Pons, presidente del SIP (Sindicato de Industriales de Panamá) al Presidente de la República, Ernesto Pérez Balladares, para que el gobierno procure gestionar la solución del cierre de fronteras y trato discriminatorio que en Centroamérica y Sudamérica padecen los productos procedentes de Panamá.
Es intolerable asimismo, que la leche y carne de pollo panameña que entra a Centro América pague aranceles de 300%, mientras que acá les colocamos sólo el 15%. Igual nos ocurre con Estados Unidos, respecto a requisitos sanitarios que exigen a nuestros productos para entrar a su mercado, pero que no se le requiere acá. Una cosa es la apertura y otra la tontería.