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Los delitos de cuello blanco y la mala distribución de la riqueza


Desde los tiempos en que se inició nuestra vida republicana ya existía una mala distribución de la riqueza, que inmediatamente se tradujo en el poder de la tierra por unos pocos y agregándole, posteriormente, el poder económico y político.

Paralelamente con ese cuadro surgieron muchas áreas de marginación, hacinamiento, pobreza, las cuales históricamente han necesitado del apoyo gubernamental para poder vivir en condiciones humanas. Este apoyo se traduce en los servicios sociales como educación, salud, vivienda, alimentación, agua y seguridad.

En los actuales momentos, la mala distribución de la riqueza sigue aumentando y también el costo de la vida, lo que en definitiva incide directamente en el grado de delincuencia e inseguridad en nuestro país. Señalan algunos autores que son causales en el aumento de la criminalidad, la mala distribución de la riqueza, la desintegración familiar, la ausencia de valores éticos y morales (educación e información), el aumento de la población y el desempleo, y a todos los niveles, lo que tiene también marcada influencia en el delito de cuello blanco.

Ya en la primera mitad del siglo XX, Edwin Sutherland, sociólogo norteamericano, estudió y analizó al delincuente de cuello blanco. El visitó cárceles en Estados Unidos, Inglaterra y en la Península Escandinava. Escribió su obra "Laboratorio Criminológico", de gran importancia para la sociología criminal. Dice Fernando Álvarez Uría, estudioso de Sutherland, que "Lógicamente los delincuentes más hábiles e inteligentes, o los que están integrados en el crimen organizado tienen menos probabilidades de ser detenidos que los delincuentes que son débiles mentales, por ejemplo. Sutherland se dio cuenta que las conexiones entre el crimen organizado y los poderes públicos corruptos estaban muy extendidas, tanto en los medios policiales como en la magistratura y la administración.

A más de cincuenta años, los resultados obtenidos por Sutherland en cuanto a la caracterización del delincuente de cuello blanco, se siguen evidenciando en las diferentes administraciones de nuestro país. De la noche a la mañana vemos enriquecimientos ilícitos que muchas veces ni siquiera son investigados, y otros, infelizmente quedan impunes ante la justicia panameña.

A nivel de las instituciones públicas es necesario un control permanente y minucioso de las diferentes funciones, procedimientos, procesos y actividades relacionadas con el manejo de los bienes tangibles y líquidos del Estado. Pero hay que mejorar la calidad de vida de todos los panameños, crear empleos, mejores viviendas, alimentación, salud, y sobre todo, educación bien dirigida al desarrollo nacional y regionalizada, de modo que se transformen nuestras provincias en "polos de crecimiento"; que el sistema de administración de justicia sea preventivo, rehabilitador y resocializador con todos los recursos humanos, físicos y financieros necesarios para su desarrollo. El problema de la inseguridad en el país no se va a erradicar creando un sistema punitivo y con el aumento de las penas solamente, debe ser un plan integral concatenado con todas las entidades que hacen la vida pública y privada del país.  

Un sistema de valores positivo debe ser promovido a edad temprana en el núcleo familiar, a nivel escolar, en las instituciones, empresas y en los medios de comunicación e información. Esta formación e información integral positiva debe, finalmente, obtener hombres y mujeres probos al servicio de los mejores intereses del pueblo panameño, y que no existan más estos delincuentes de "Cuello Blanco", que son los que mayor daño le hacen a la sociedad panameña y que tienen marcada injerencia en el aumento de la mala distribución de la riqueza al usurpar bienes pertenecientes a todos los panameños.

101 años de Panamá América

 
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