Los empresarios panameños
La empresa privada panameña ha tenido en su historia importantes figuras de gran prestigio que la han representado con gran lucidez. Han sido indistintamente dirigentes del Sindicato de Industriales de Panamá, de la Cámara de Comercio, del CoNEP y de la APEDE los que han llevado la vocería del sector privado. Quién no recuerda las actuaciones de un Roberto F. Chiari, Louis Martins, Roberto Eisenmann, Dulcidio González y Aurelio Barría, entre otros muchos compatriotas que ocuparon con dignidad esos cargos. Hay muchos que merecen también ser señalados, pero la lista sería interminable y las omisiones imperdonables.
El empresario panameño ha tratado, por lo general, y son muy contadas las excepciones, de buscar un equilibrio saludable con el obrerismo nacional. Ha sido el inversionista panameño, aún en momentos en que prevalecía por parte del Estado un "populismo peligroso", valiente y hasta audaz en sus inversiones y en la búsqueda de capitales foráneos. No se desanimó nunca cuando en los peores momentos para el sector privado se le castigó constantemente; siempre tuvo fe y confianza en el futuro del país.
El empresario verdadero, el que lleva con orgullo su condición, cree y contribuye con sus acciones al fortalecimiento del sindicalismo istmeño. Un país se engrandece cuando hay una relación armónica entre el patrono y el obrero. La legislación laboral nuestra es muy clara en ese sentido. Promueve, a través de las contrataciones colectivas, entre otras, ese equilibrio. El capital no puede sobrevivir sin los obreros y estos tampoco sin los primeros. Las empresas surgen, se solidifica y se engrandecen, para beneficios del país, cuando existe una buena relación entre las partes (empleadores y empleados). Un ejemplo lo tenemos en la Cervecería Nacional -de la cual fui su Gerente General por 21 años- La empresa cervecera se consideró un modelo de las relaciones obrero-patronales y en la primera industria del país.
Hoy, como representante del sector privado panameño, se destaca en primera fila la figura de Enrique De Obarrio, joven abogado, con inquietudes patrióticas que le vienen por abolengo, gran valentía y preocupación constante por la moralidad y sobre todo por la transparencia en las actividades del sector público. Ha sido, como pocos panameños, un vocero permanente de las inquietudes manifiestas del pueblo panameño. No se ha limitado en sus actuaciones a ser un defensor de los intereses de los empresarios panameños, sino que se ha constituido en un abanderado de la dignidad nacional.
Berroa destacó que APLAFA también mantiene un programa en el que se compromete con la población juvenil para capacitarla y ofrecerle valores positivos, para que los adolescentes puedan discernir ante estos problemas que afectan su salud.
Jubilier De León es uno de los jóvenes que da muestra de lo útil que ha sido pertenecer a la asociación, ya que ha aprovechado los beneficios que brinda APLAFA a la sociedad.
En las instalaciones hay grupos de Chitré, San Miguelito y Santiago que han sido capacitados para que sean agentes multiplicadores.
El empresario panameño ha tratado, por lo general, y son muy contadas las excepciones, de buscar un equilibrio saludable con el obrerismo nacional. Ha sido el inversionista panameño, aún en momentos en que prevalecía por parte del Estado un "populismo peligroso", valiente y hasta audaz en sus inversiones y en la búsqueda de capitales foráneos. No se desanimó nunca cuando en los peores momentos para el sector privado se le castigó constantemente; siempre tuvo fe y confianza en el futuro del país.
El empresario verdadero, el que lleva con orgullo su condición, cree y contribuye con sus acciones al fortalecimiento del sindicalismo istmeño. Un país se engrandece cuando hay una relación armónica entre el patrono y el obrero. La legislación laboral nuestra es muy clara en ese sentido. Promueve, a través de las contrataciones colectivas, entre otras, ese equilibrio. El capital no puede sobrevivir sin los obreros y estos tampoco sin los primeros. Las empresas surgen, se solidifica y se engrandecen, para beneficios del país, cuando existe una buena relación entre las partes (empleadores y empleados). Un ejemplo lo tenemos en la Cervecería Nacional -de la cual fui su Gerente General por 21 años- La empresa cervecera se consideró un modelo de las relaciones obrero-patronales y en la primera industria del país.
Hoy, como representante del sector privado panameño, se destaca en primera fila la figura de Enrique De Obarrio, joven abogado, con inquietudes patrióticas que le vienen por abolengo, gran valentía y preocupación constante por la moralidad y sobre todo por la transparencia en las actividades del sector público. Ha sido, como pocos panameños, un vocero permanente de las inquietudes manifiestas del pueblo panameño. No se ha limitado en sus actuaciones a ser un defensor de los intereses de los empresarios panameños, sino que se ha constituido en un abanderado de la dignidad nacional.
Berroa destacó que APLAFA también mantiene un programa en el que se compromete con la población juvenil para capacitarla y ofrecerle valores positivos, para que los adolescentes puedan discernir ante estos problemas que afectan su salud.
Jubilier De León es uno de los jóvenes que da muestra de lo útil que ha sido pertenecer a la asociación, ya que ha aprovechado los beneficios que brinda APLAFA a la sociedad.
En las instalaciones hay grupos de Chitré, San Miguelito y Santiago que han sido capacitados para que sean agentes multiplicadores.