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Los "fuleros" abundan


La charlatanería torpe está llegando a niveles muy preocupantes en todos los círculos que comprenden nuestra sociedad. Educadores, en buen número, que por su profesión de orientadores de la juventud deben dar ejemplos de un lenguaje castizo, de cultura, de civismo y ética, se les oye expresarse en una forma que más bien parecen alumnos reprobados y no inspiradores de quienes deben enseñar.
No pocos dirigentes sindicales hablan con extremada grosería y, por supuesto, con una carencia total de elegancia y mucha demagogia.
Los legisladores, con muy contadas excepciones, demuestran en sus intervenciones una oratoria pobrísima. Dejan muy en claro un desconocimiento, falta de estudio y de preparación sobre los temas que tratan. Los tribunos de otras asambleas atraían a estudiantes y a mucho público que iban a escuchar los debates en los cuales intervenían. Aún se recuerda la oratoria de esos maestros de la polémica como un José Isaac Fábrega, Felipe O. Pérez, Miguel Angel Ordóñez, Carlos Iván Zúñiga, Jorge Illueca, entre otros.
222 La mediocridad se ha impuesto y junto a la falta de ética, de principios sólidos y de una moral sin elasticidad es lo que permite que pululen en nuestro medio los "fuleros"...
En el periodismo también se nota una gran escasez de talento y los escritos y narraciones se hacen con apresuramiento y total despreocupación por la elegancia y el estilo. Aunque hoy hay más escuelas de periodismo y existen más medios de comunicación con cadenas de televisión y radio, periódicos y revistas con mejor presentación, diagramación, contenido y el atractivo del color; sin embargo, son muy contados los casos en que se nota la pluma de un Ernesto De la Guardia, Aníbal Ríos, Ricardo J. Alfaro, José Daniel Crespo, Eduardo Ritter Aislán, Gil Blas Tejeira, Samuel Lewis y Renato Ozores, para mencionar sólo algunos de nuestros brillantes escritores.
Muchos funcionarios públicos dan lástima. Defienden sus actuaciones y proyectos en una forma tan chabacana que en lugar de bien le hacen gran daño a sus proyectos. Hay elementos en el Organo Judicial que a duras penas se les entiende lo que dicen o escriben y miembros del gremio de abogados, en términos generales y con algunas excepciones, se están convirtiendo poco a poco en publirrelacionistas de los casos que tienen a su cargo. Ventilan y defienden por los diversos medios de comunicación sus puntos de vista. No se limitan como sucedía ayer a presentarle a sus clientes sus argumentos legales, sino que se aprovechan de las circunstancias para hacerse "propaganda" y buscan un protagonismo muy criticable. Es inconcebible pensar que un Eduardo Chiari, Eduardo Morgan, Carlos Icaza, Julio J. Fábrega o Harmodio Arias en esos papeles que hoy muchos asumen y que se alejan de la ética tradicional.
En el modernismo en que vivimos donde pareciera que no hay tiempo para nada, entre ellos: el análisis y el estudio de superación. Se han ido perdiendo las viejas costumbres. La elegancia de la prosa, el estudio y el análisis profundo de los temas, parecen pasadas de moda para quienes representan los distintos sectores de la sociedad y, lo que es peor, no dan muestras de interesarse por el mejoramiento en las prestaciones de sus puntos de vista. La mediocridad se ha impuesto y junto a la falta de ética, de principios sólidos y de una moral sin elasticidad es lo que permite que pululen en nuestro medio los "fuleros" o mejor dicho, como lo define el diccionario: "charlatanes sin seso". La gente habla, pero por lo regular no dice nada. Falta algo: talento, honradez, objetividad y responsabilidad del papel que se juega en la comunidad. Lo que si sobran son los fuleros. ¿Cómo podemos revertir todo esto que nos lleva a la mediocridad en que hoy nos agitamos? Estudiando con ahínco el pasado, aprendiendo de las actuaciones y costumbres de los hombres que le dieron lustre a nuestro país y buscando sin descanso la superación intelectual.

101 años de Panamá América

 
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