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Los gobiernos son del pueblo y para el pueblo


Sí señor, cuando los gobiernos son del pueblo y para el pueblo, no hay por qué temer. Sus representantes pertenecen a una estirpe de excelencia, de trabajo y de honradez. Son ejemplos que debemos imitar, pero se necesita tener una virtud: amor a la patria y a sus conciudadanos. Un país se hace respetar y se engrandece por las buenas cualidades de sus gobiernos. Allí está Cuba, más fortalecida, más segura de su destino y de su nacionalidad.
El apóstol José Martí, maestro de juventudes, mira desde el cielo a su patria Cuba, que es el norte de las repúblicas hispanoamericanas.
Aprendamos a querer nuestras patrias, como lo hacen, porque no han muerto: Eugenio Francisco, Javier de Santa Cruz y Espejo de Ecuador, precursor y mártir de la independencia hispanoamericana; Miranda de Venezuela, San Martín de Argentina, O"Higgins de Chile, Artigas de Uruguay y de tantos hombres y mártires anónimos, que se sacrificaron para que seamos libres.
Un país, por muy grande y poderoso que sea, no tiene ningún derecho de intervenir, peor invadirlo en la forma tan cruel como lo hizo Estados Unidos contra Panamá. Malvados los que pidieron la invasión, los que colaboraron con el enemigo, para que el coloso del Norte mancillara el suelo patrio panameño.
Los Estados Unidos tienen la democracia debajo de la alfombra, para pisotearla cada vez que le da la gana.
Basados en su poder económico y militar, los Estados Unidos cuando firman un tratado lo hacen en tal forma que a los cien años lo interpretan a su manera y conveniencia.
Un típico gobierno del pueblo fueron los del Dr. Belisario Porras Barahona y del General Omar Torrijos Herrera. Quiero comentar un pasaje histórico: Siendo presidente el Dr. Belisario Porras, mandó instalar un teléfono de Las Tablas al Ponsillo, casa veraniega de los presidentes panameños, situada en las playas de Las Tablas Abajo, a dos kilómetros de distancia. Al Dr. Porras lo acusaron de haber instalado ese teléfono con materiales del Estado y que era para su uso personal. En cuarenta y ocho horas estaba desconectado el teléfono y devuelto los alambres, al telégrafo. Cuento este pasaje histórico, para que vean hasta dónde llegaba la delicadeza de este gran estadista, a quien mucho le debe la Patria.
El General Torrijos, hombre de exquisita sensibilidad humana, era el ídolo de los niños pobres, de los niños campesinos, del pueblo humilde que sufría atropellos de los poderosos, que les derrumbaban y quemaban sus míseras viviendas. Torrijos se adelantó al tiempo. Construyó obras imperecederas para que la patria se desarrollara. Hoy, las empresas que él construyó, están entregadas a imperios insaciables, haciendo que se fuguen esas ganancias a ultramar, para enriquecer más a los países capitalistas y nosotros seguimos sumidos en la angustia de no poder pagar los servicios de luz y teléfono, porque el costo se ha triplicado.
Torrijos creó las Fuerzas de Defensa, para que estuvieran al servicio de la patria. Las preparó y las capacitó para ponerlas al frente, en caso que no se firmaran y cumplieran los Tratados Torrijos-Carter, para el bienestar de la región se firmaron y se cumplieran los Tratados. Sólo con la voluntad férrea de Torrijos y la ayuda del mundo, Panamá se reunificó. Torrijos pensaba en grande, pensaba en función de la patria.
La alegría de ser libres nos duró poco. Hoy hemos vuelto a ser colonia, por culpa de malos panameños coimeros; los que vendieron su dignidad de ciudadanos. La patria está herida, nuestro idioma pirateado. Así vamos perdiendo nuestra identidad.

101 años de Panamá América

 
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