Los parches de Martín
El presidente electo, Martín Torrijos, ha propuesto que se realicen una serie de reformas a nuestra Constitución Política. En sus propuestas, Torrijos recomienda reducir el número de legisladores, de 78 a 67. Asimismo, sugiere una modificación al régimen de inmunidad para que los legisladores sean investigados y juzgados en caso de irregularidades. También plantea que la Corte Suprema de Justicia sea facultada para ordenar la detención de los mismos.
Es cierto que el Estado panameño afronta desde hace varios años una profunda crisis política, moral y de credibilidad que amerita que se le hagan reformas a nuestra Carta Magna. Ya lo hemos dicho en otra ocasión, hay muchas cosas que podrían cambiar vía una constituyente: 1) la partidocracia con su poder y subsidiada con fondos del Estado, 2) los negociados del Ejecutivo, 3) los privilegios del Legislativo, 4) la politización del Judicial, 5) los altos sueldos enmascarados de gastos de representación para evadir impuestos y pago de cuotas a la CSS, tanto en el gobierno como en la empresa privada, etc. Podrían cambiar también: 1) la penalización de estos delitos, 2) la falta de justicia. Se podría conseguir con una constituyente: 1) que el Estado cumpla con lo que hoy establece la Constitución en materia social, 2) que el Estado cumpla un papel más dinámico en la economía, 3) que no permita los abusos de la empresa privada (monopolios, control de calidad y de precio) y asuma los servicios públicos fundamentales, papel establecido en la actual Constitución y que ha abandonado con la política neoliberal.
Sin embargo, tal como están planteadas las cosas ahora, la Constituyente sólo serviría para revitalizar o legitimar a la actual clase dominante corrupta. ¿Por qué? Porque una constituyente bajo las actuales circunstancias sería convocada por los actuales poderes corruptos ydesprestigiados; sería bajo sus instrumentos habituales, el Tribunal Electoral (TE) y las leyes vigentes que le dan ventajas a los partidos políticos.
Como buen partido reformista burgués, buscando mayor legitimidad y procurando resolver algunos de los problemas que provocan la crisis, el PRD (Partido Revolucionario Democrático), a través del Presidente electo, plantea las reformas constitucionales como mecanismo utilizado en otros momentos, desde la época de los militares, para darle otra cara al sistema, es decir, salvarlo, poniendo parches aquí y allá, para que nada cambie y todo siga igual.
Las reformas planteadas se circunscriben en la esfera política electoral y de las instituciones que, precisamente, se ven afectadas por la crisis. Son reformas cosméticas porque ninguna apunta a resolver los graves problemas de pobreza, miseria, desempleo, salud, vivienda, etc., ni a crear verdaderos espacios de participación democrática. Ello, obviamente, no se resuelve simplemente estableciendo un techo al número de legisladores, o eliminándoles los suplentes a éstos o a los alcaldes, o variando los mecanismos para elegir los magistrados, o dándole mayor autonomía al Tribunal Electoral. Éstos no son más que medios para ilusionar a las masas o "anzuelos" como lo fueron en la época de los militares la creación de la Asamblea de Representantes de Corregimientos o los asentamientos campesinos (ilusiones de poder popular que reafirmaron el sistema capitalista de explotación y avalaron la dictadura militar sin resolver los problemas de fondo o estructurales de la sociedad panameña).
Llamamos a la ciudadanía a no dejarse embaucar por estos nuevos cantos de sirena de las clases dominantes y a prepararnos para la lucha contra el TLC con Estados Unidos y rechazar las negociaciones secretas que se realizan.
Asimismo, para redoblar las acciones en defensa de la seguridad social y contra el proyecto de ampliación del Canal que significará la desaparición de comunidades campesinas, la hecatombe ecológica y la contratación de una deuda externa en miles de millones, similar a la acumulada a lo largo de toda nuestra existencia como República, para favorecer el interés de las grandes compañías navieras que salpicarán con sus millones a los nuevos burócratas que se presten a esta nueva venta de la Patria.
(pastord@hotmail.com)
Es cierto que el Estado panameño afronta desde hace varios años una profunda crisis política, moral y de credibilidad que amerita que se le hagan reformas a nuestra Carta Magna. Ya lo hemos dicho en otra ocasión, hay muchas cosas que podrían cambiar vía una constituyente: 1) la partidocracia con su poder y subsidiada con fondos del Estado, 2) los negociados del Ejecutivo, 3) los privilegios del Legislativo, 4) la politización del Judicial, 5) los altos sueldos enmascarados de gastos de representación para evadir impuestos y pago de cuotas a la CSS, tanto en el gobierno como en la empresa privada, etc. Podrían cambiar también: 1) la penalización de estos delitos, 2) la falta de justicia. Se podría conseguir con una constituyente: 1) que el Estado cumpla con lo que hoy establece la Constitución en materia social, 2) que el Estado cumpla un papel más dinámico en la economía, 3) que no permita los abusos de la empresa privada (monopolios, control de calidad y de precio) y asuma los servicios públicos fundamentales, papel establecido en la actual Constitución y que ha abandonado con la política neoliberal.
Sin embargo, tal como están planteadas las cosas ahora, la Constituyente sólo serviría para revitalizar o legitimar a la actual clase dominante corrupta. ¿Por qué? Porque una constituyente bajo las actuales circunstancias sería convocada por los actuales poderes corruptos ydesprestigiados; sería bajo sus instrumentos habituales, el Tribunal Electoral (TE) y las leyes vigentes que le dan ventajas a los partidos políticos.
Como buen partido reformista burgués, buscando mayor legitimidad y procurando resolver algunos de los problemas que provocan la crisis, el PRD (Partido Revolucionario Democrático), a través del Presidente electo, plantea las reformas constitucionales como mecanismo utilizado en otros momentos, desde la época de los militares, para darle otra cara al sistema, es decir, salvarlo, poniendo parches aquí y allá, para que nada cambie y todo siga igual.
Las reformas planteadas se circunscriben en la esfera política electoral y de las instituciones que, precisamente, se ven afectadas por la crisis. Son reformas cosméticas porque ninguna apunta a resolver los graves problemas de pobreza, miseria, desempleo, salud, vivienda, etc., ni a crear verdaderos espacios de participación democrática. Ello, obviamente, no se resuelve simplemente estableciendo un techo al número de legisladores, o eliminándoles los suplentes a éstos o a los alcaldes, o variando los mecanismos para elegir los magistrados, o dándole mayor autonomía al Tribunal Electoral. Éstos no son más que medios para ilusionar a las masas o "anzuelos" como lo fueron en la época de los militares la creación de la Asamblea de Representantes de Corregimientos o los asentamientos campesinos (ilusiones de poder popular que reafirmaron el sistema capitalista de explotación y avalaron la dictadura militar sin resolver los problemas de fondo o estructurales de la sociedad panameña).
Llamamos a la ciudadanía a no dejarse embaucar por estos nuevos cantos de sirena de las clases dominantes y a prepararnos para la lucha contra el TLC con Estados Unidos y rechazar las negociaciones secretas que se realizan.
Asimismo, para redoblar las acciones en defensa de la seguridad social y contra el proyecto de ampliación del Canal que significará la desaparición de comunidades campesinas, la hecatombe ecológica y la contratación de una deuda externa en miles de millones, similar a la acumulada a lo largo de toda nuestra existencia como República, para favorecer el interés de las grandes compañías navieras que salpicarán con sus millones a los nuevos burócratas que se presten a esta nueva venta de la Patria.
(pastord@hotmail.com)