Los pobres pierden sus derechos
Ustedes que me conocen, saben que no tengo resentimientos sociales ni soy partidaria de la división de clases, así es que lo que escribiré ahora no tiene nada que ver con ésto; es sólo mi sentimiento y mis reflexiones, porque me molesta que más personas sufran la pobreza, que menos personas gocen su opulencia. Como dice un amigo: "a quien Dios se la dio, San Pedro se la bendiga".
Según estudios hechos por organizaciones internacionales, Panamá es el país de Latinoamérica con peor distribución de la riqueza. Sabemos que hay grandes fortunas en pocas manos, mientras mucha gente se acuesta sin un pedazo de pan. Me importa un comino con la riqueza de quienes la tienen. Sin embargo, siendo un país con tantas necesidades, sin ser paternalistas, podrían ayudar un poco a mitigar esas necesidades. En Panamá hay gran cantidad de gente que ayuda a los demás por amor al prójimo, sin esperar recompensas, sin pedir nada a cambio. Gracias a ellos se manejan los centros que combaten la desnutrición, los niños de la calle, los ancianos abandonados, los hospitales, etc.
Pero, señores que son dueños de fortunas, aporten parte de la misma para que esas personas puedan trabajar y continuar ayudando. ¿Qué es un millón de dólares que donen aquéllos que tienen quinientos o cien o setenta? ¿Saben lo que puede hacerse con ese millón? Y puedo asegurarles que ni falta que les hace. ¿Tienen noción del bien que hicieran si lo donaran? Por eso me gusta que en las escuelitas a donde van mis nietas les enseñan el concepto de compartir. ¡Qué palabra hermosa!
Los que algo tenemos no nos damos cuenta de los trabajos que pasan los pobres. Mientras nosotros tenemos agua durante 24 horas con sólo abrir una pluma, aquí en nuestras narices hay miles de personas a quienes no les llega ese líquido indispensable para vivir. Mientras nosotros cogemos el carro y, aunque tropecemos con tranques y los suplicios del tránsito, llegamos a tiempo a donde vamos, existen miles de personas que tienen que luchar con el transporte público, salir de sus casas a las cuatro o cinco de la madrugada a trabajar y regresar a las ocho de la noche cuando ya sus hijos están dormidos y no pueden darles ni las buenas noches.
Me pregunto ¿cómo hacen los pobres para curar sus enfermedades si las medicinas son tan caras, mientras pocos se llenan los bolsillos a costa del dolor humano?. Yo puedo ir a un hospital o a una clínica privada cuando necesite. Compadezco a los que tienen que ir al Seguro Social, que se paga por ello, o al Hospital Santo Tomás donde sabemos que no hay con qué atender sus necesidades básicas de salud.
¿Y qué me dicen de los que viven en casas de zinc o cartón, con piso de tierra y sin un servicio higiénico? ¿Y los que no pueden educarse porque sus padres no tienen con qué enviarlos a la escuela o necesitan que desde niños trabajen para ayudar a la familia? Y los que pasan el día sin comer, como dicen en mi tierra, dándoles las buenas noches a las vacas (es un dicho interiorano). Nadie sabe donde ensillan los demás su caballo, sólo lo sabe cada uno.
La vida de los pobres es muy dura. ¿Saben lo que es no tener un "cuara" ni para comprar una empanada? Lo peor de todo es que no hay derecho para que exista esa pobreza a las puertas de nuestras casas. ¿Es que los pobres no tienen derecho a que les recojan la basura con la periodicidad que se la recogen a los pudientes? Existen barriadas donde no pasa el carro de la basura en tres semanas. ¿Cuál es la diferencia? No creo justo que esto suceda. ¿Por qué los pobres no acceden a la educación con la facilidad de otros y, por lo tanto, tampoco tienen acceso al poder económico, social o político? Pareciera que los pobres perdieran todos sus derechos humanos y es nuestra obligación luchar por ellos.
Dios nos da lo que tenemos para que compartamos. Total, no nos llevaremos la plata cuando muramos. Debiéramos disfrutar cuando damos, cuando hacemos felices a otros; pero, para dar hay que tener conciencia de justicia social, de igualdad, de fraternidad. Demos en la tierra para que Dios no nos lo cobre en el cielo. Seamos más generosos porque acumular tan grandes fortunas y no dar parte de ella a quienes necesitan, no va con los preceptos sociales de la Iglesia de Dios.
Según estudios hechos por organizaciones internacionales, Panamá es el país de Latinoamérica con peor distribución de la riqueza. Sabemos que hay grandes fortunas en pocas manos, mientras mucha gente se acuesta sin un pedazo de pan. Me importa un comino con la riqueza de quienes la tienen. Sin embargo, siendo un país con tantas necesidades, sin ser paternalistas, podrían ayudar un poco a mitigar esas necesidades. En Panamá hay gran cantidad de gente que ayuda a los demás por amor al prójimo, sin esperar recompensas, sin pedir nada a cambio. Gracias a ellos se manejan los centros que combaten la desnutrición, los niños de la calle, los ancianos abandonados, los hospitales, etc.
Pero, señores que son dueños de fortunas, aporten parte de la misma para que esas personas puedan trabajar y continuar ayudando. ¿Qué es un millón de dólares que donen aquéllos que tienen quinientos o cien o setenta? ¿Saben lo que puede hacerse con ese millón? Y puedo asegurarles que ni falta que les hace. ¿Tienen noción del bien que hicieran si lo donaran? Por eso me gusta que en las escuelitas a donde van mis nietas les enseñan el concepto de compartir. ¡Qué palabra hermosa!
Los que algo tenemos no nos damos cuenta de los trabajos que pasan los pobres. Mientras nosotros tenemos agua durante 24 horas con sólo abrir una pluma, aquí en nuestras narices hay miles de personas a quienes no les llega ese líquido indispensable para vivir. Mientras nosotros cogemos el carro y, aunque tropecemos con tranques y los suplicios del tránsito, llegamos a tiempo a donde vamos, existen miles de personas que tienen que luchar con el transporte público, salir de sus casas a las cuatro o cinco de la madrugada a trabajar y regresar a las ocho de la noche cuando ya sus hijos están dormidos y no pueden darles ni las buenas noches.
Me pregunto ¿cómo hacen los pobres para curar sus enfermedades si las medicinas son tan caras, mientras pocos se llenan los bolsillos a costa del dolor humano?. Yo puedo ir a un hospital o a una clínica privada cuando necesite. Compadezco a los que tienen que ir al Seguro Social, que se paga por ello, o al Hospital Santo Tomás donde sabemos que no hay con qué atender sus necesidades básicas de salud.
¿Y qué me dicen de los que viven en casas de zinc o cartón, con piso de tierra y sin un servicio higiénico? ¿Y los que no pueden educarse porque sus padres no tienen con qué enviarlos a la escuela o necesitan que desde niños trabajen para ayudar a la familia? Y los que pasan el día sin comer, como dicen en mi tierra, dándoles las buenas noches a las vacas (es un dicho interiorano). Nadie sabe donde ensillan los demás su caballo, sólo lo sabe cada uno.
La vida de los pobres es muy dura. ¿Saben lo que es no tener un "cuara" ni para comprar una empanada? Lo peor de todo es que no hay derecho para que exista esa pobreza a las puertas de nuestras casas. ¿Es que los pobres no tienen derecho a que les recojan la basura con la periodicidad que se la recogen a los pudientes? Existen barriadas donde no pasa el carro de la basura en tres semanas. ¿Cuál es la diferencia? No creo justo que esto suceda. ¿Por qué los pobres no acceden a la educación con la facilidad de otros y, por lo tanto, tampoco tienen acceso al poder económico, social o político? Pareciera que los pobres perdieran todos sus derechos humanos y es nuestra obligación luchar por ellos.
Dios nos da lo que tenemos para que compartamos. Total, no nos llevaremos la plata cuando muramos. Debiéramos disfrutar cuando damos, cuando hacemos felices a otros; pero, para dar hay que tener conciencia de justicia social, de igualdad, de fraternidad. Demos en la tierra para que Dios no nos lo cobre en el cielo. Seamos más generosos porque acumular tan grandes fortunas y no dar parte de ella a quienes necesitan, no va con los preceptos sociales de la Iglesia de Dios.