Los verdaderos cambios toman tiempo
Parece que el Jefe de la Policía no lo ha entendido bien: los cambios que hay que hacer para que las instituciones funcionen como debieran, necesitan tiempo y una inquebrantable y sostenida voluntad de construir institucionalidad, aunque el mal tiempo arrecie por momentos.
En un tema tan delicado como el de la seguridad ciudadana no hay espacio para la actitud arrogante y lamentable de los que desde afuera, y sin conocer la institución, prometen resolverlo todo en un santiamén. Las personas que están al frente de las instituciones actualmente han mostrado honestidad y una actitud favorable hacia el cambio, pero deben trabajar más arduamente sin esperar réditos inmediatos. También vale anotar que su discurso público adolece a veces de inconsistencias y falacias que denotan subestimación del ciudadano, o impericia en el liderazgo político.
No está de más recordar que el camino recorrido no es mucho, lo que hace que la ciudadanía -lejana a la gestión pública- no perciba con claridad cuáles son los avances, si es que los hay. Deponer el talante defensivo, abrirse hacia la sociedad, escuchar las voces orientadoras, son atributos que no solo reforzarían la imagen de las autoridades, sino que les permitirían hacer su trabajo mejor.
De las últimas actuaciones del Jefe de la Policía, cabe destacar en forma positiva su reconocimiento de los problemas internos, la entrega de información veraz y confiable sobre un asunto delicado como lo es la responsabilidad de los agentes de la Fuerza Pública, y su compromiso con levantar una institución que apoye a la democracia. El camino apenas empieza, y hay que trillar sin cansarse demasiado rápido.
En un tema tan delicado como el de la seguridad ciudadana no hay espacio para la actitud arrogante y lamentable de los que desde afuera, y sin conocer la institución, prometen resolverlo todo en un santiamén. Las personas que están al frente de las instituciones actualmente han mostrado honestidad y una actitud favorable hacia el cambio, pero deben trabajar más arduamente sin esperar réditos inmediatos. También vale anotar que su discurso público adolece a veces de inconsistencias y falacias que denotan subestimación del ciudadano, o impericia en el liderazgo político.
No está de más recordar que el camino recorrido no es mucho, lo que hace que la ciudadanía -lejana a la gestión pública- no perciba con claridad cuáles son los avances, si es que los hay. Deponer el talante defensivo, abrirse hacia la sociedad, escuchar las voces orientadoras, son atributos que no solo reforzarían la imagen de las autoridades, sino que les permitirían hacer su trabajo mejor.
De las últimas actuaciones del Jefe de la Policía, cabe destacar en forma positiva su reconocimiento de los problemas internos, la entrega de información veraz y confiable sobre un asunto delicado como lo es la responsabilidad de los agentes de la Fuerza Pública, y su compromiso con levantar una institución que apoye a la democracia. El camino apenas empieza, y hay que trillar sin cansarse demasiado rápido.