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Lucha laboral entre la "vieja guardia" y la "nueva"


En una cena con unos amigos se llegó a conversar el tema de la edad, y me compartieron que había entrado en la década de mayor producción para el hombre. Hace un mes cumplí 30 años. Esta supuesta aseveración de la dicotomía edad-producción motivó el comentario de otro de los comensales, un tanto mayor que yo, quien reaccionó un poco consternado por el comentario anterior, indicando que él, a sus casi 50 años, está en plena productividad, y señaló que para cuando tenga 60 quiere tener suficientes recursos económicos para poder jubilarse y no tener que afrontar los problemas de leyes como la "Ley Faúndes", ni preocuparse si aumentan o no la edad de jubilación, o especular sobre la existencia de la Caja de Seguro Social en un futuro mediato.
Parece que hemos creado una línea radical que divide la denominada "vieja guardia" de la "nueva", entre los jóvenes profesionales y los que nos han precedido. Sólo tenemos que leer las noticias y podemos percibir los cambios que se están dando en la fuerza laboral del país; parece que estamos generando una guerra sin cuartel con el mero propósito de posicionar un grupo sobre el otro, lo cual es cercenar las virtudes de la individualidad a la colectividad que no depende del calendario sino de su esplendor, ya que cada grupo tiene mucho que aportar, pero a la vez tanto que aprender del otro.
El cliché de que al joven hay que darle una oportunidad y que al viejo no se le puede tirar a la basura, son extremos en una balanza que tiene su punto de encuentro. Independiente de la edad, todo el que tiene algo que aportar a la sociedad debe hacerlo. Conozco jóvenes contemporáneos que aún no han incorporado en su léxico términos como desarrollo y trabajo, pero de igual forma existen mayores que ya no tienen nada que hacer.
En la cúspide de la vitalidad de cualquier profesional de edad media, en un santiamén puede quedar como un vegetal y, por otro lado, un hombre de edad avanzada puede encontrarse en pleno desarrollo. No en vano el conocido aforismo "Más sabe el diablo por viejo que por diablo". El meollo no debe ser la edad, sino la capacidad para actuar y producir. La experiencia sólo la dan los años; claro que la vitalidad la da la juventud.
Entonces, en un mundo tan competitivo como el de hoy, considero que hay espacio para ambos grupos, por lo tanto, el secreto es ser bueno en lo que hagamos. Grandes empresarios tendrán todo que aportar hasta que los saquen con los pies por delante de sus respectivos despachos, pero otros de corta edad pueden ser vegetales intelectuales porque no producen. Cada día la expectativa de vida aumenta, lo cual implica que la curva de productividad se prolonga. A su vez, el mundo evoluciona a pasos agigantados, lo que produce nuevos profesionales con especializaciones inimaginables.
Este artículo lo escribo preocupado por un tema álgido, por la disyuntiva actual de que tener cierta edad no nos hace "aptos" para determinados puestos. Cada grupo debe recordar que menospreciar al otro es cercenar su propio futuro. Nadie debe olvidar que para llegar alto en la vida, lo grandes hombres se han parado sobre los hombros de gigantes. El secreto en este tema es ser conscientes de nuestra realidad, estar claros que en teoría son los mejores los que se seleccionan. Y, por último, el trabajo en equipo de distintas generaciones, si es bien llevado, genera una cadena fuerte en la cual la vitalidad y el ímpetu unen con la experiencia y cautela.
Panamá está atravesando un momento histórico que necesita de la suma de todos los que tengan la capacidad y la energía para trabajar. No seamos como aquellos que no hacen ni dejan hacer, seamos proactivos. Esto hace que venga a mi mente esta frase anónima: "Viejo: recuerda cuando eras joven y estabas necesitado de una oportunidad; joven, recuerda que algún día serás viejo y querrás que se te tome en consideración".

101 años de Panamá América

 
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