Luche contra la depresión (II)
El deprimido se desespera y sufre, porque es incapaz de explicar lo que siente; se resiente, porque sus allegados no lo entienden. La situación se convierte en un círculo vicioso de incomprensión y frustración.
Para vencer la depresión se deben rechazar los pensamientos negativos, los recuerdos del pasado y los sentimientos de culpa que hacen perder fuerza. Esta se puede controlar a base de esfuerzo, constancia y concentración.
Usted tiene más fuerza de voluntad y es mucho más inteligente de lo que cree. No se torture la mente por cosas que no se pueden evitar ni dependen de usted, como accidentes y desgracias. No se imponga más cruces y sufrimientos de los que la vida le da. El sufrimiento tiene valor cuando es por causas nobles, para beneficio del prójimo o cuando Dios permite que uno tenga algo por qué sufrir. Pero cuando es por obsesión mental o traumas, hay que buscar solución. Es necesario acudir a un buen psicólogo o psiquiatra cuando la depresión es muy grave.
Hay que ayudar al deprimido a reforzar su autoestima y mantener una rutina regular con tareas que le sean realmente difíciles. Aunque se resista hay que insistir, porque la inactividad es su peor enemigo. Para salir de la depresión y estar sano mentalmente debemos acoger la Palabra de Dios en nuestro corazón. Ella es fuente inagotable de riqueza espiritual y la herencia más preciosa entregada por gracia de Dios a la humanidad.
Es parte de la vida sentirse alguna vez contrariado, perturbado con problemas y preocupado, pero Dios lo quiere ver alegre, dinámico, activo, feliz, contento y lleno de vida. Con El usted es ... ¡Invencible!