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Magistra vitae (Maestra de la vida)


"La historia es testimonio del tiempo, luz de la verdad, vida de la memoria, maestra de la vida (Magistra vitae), reflejo de la antigüedad" (Cicerón, De Oratore, libro II, cap. IX, 36)
Historia magistra vitae, la historia maestra de la vida. Esta frase acuñada por la Arpinata ha quedado como una cita obligada cuando al recuento de los hechos del pasado o de nuestros antepasados nos referimos no por ociosidad sino en el plan de aprovecharnos de sus sinsabores y aciertos a fin de ir orientando nuestros pasos. Por aquello de que el que no conoce los errores del pasado, irremediablemente se ve destinado a repetirlos. Y añadimos, quien conoce las virtudes del pasado puede convencerse de que puede imitarlas. Si él pudo, yo también podré intentar. Según aquel adagio de la lógica escolástica: "de facto ad posse valet illatio" (Si algo sucede, puede suceder).
¿Para quién es maestra la historia? Incluso para aquel que no quiere aprender. Existen consideraciones my de Pedro Grullo que aunque lo sean o no lo sean, son verdades que tenemos que vivir. Nos encontramos en los pródromos del 3 de noviembre cuando, supuestamente, ajustaremos un siglo como república independiente. Atinadamente nuestros sesudos historiadores han llamado la atención sobre no confundir las cosas. La historia de Panamá no comienza en 1903. Por tanto todos los entusiasmos y esfuerzos por celebrar estos 100 años de República son válidos, pero también sirven para hacernos caer en la cuenta que es sólo una etapa y por cierto, muy llena de complejidades y de emociones indefinidas y que hay otras fechas que aunque más lejanas ejercen un impacto que no debemos desconocer y que desconocemos.
Desde 1540 durante cuatro siglos cuando el resto del continente era bosques y llanuras, Panamá era paso obligado y aquí se albergó la Audiencia Real. Con anterioridad, en octubre de 2002 ajustamos el quinto centenario de la visita de Cristóbal Colón a tierra panameña, en su cuarto y último viaje al continente americano, cuando en octubre de 1502 exploró y creó el asentamiento por más de seis meses en Panamá entrando en estrecho contacto con los indígenas hasta la fundación de Santa María de Belén en la costa veragüense en enero de 1503.
En agosto el 28 de 1513, el Papa León X firmó la bula "Pastoralis Officii" creando el Obispado de Santa María la Antigua del Darién del cual fue su primer Obispo Fray Juan de Quevedo (franciscano): preconizado en fecha de 9 de septiembre del mismo año 1513, ajustando consecuentemente 490 años de Iglesia, que tratamos de celebrar eclesiásticamente, el 6 de ese mismo mes, con sobrada satisfacción. No son 100 años de iglesia, sino 490. Por supuesto que agradecemos a Dios por inusitada fecha que a pesar de tantas vicisitudes de adentro y de afuera aún persiste y persevera en la fidelidad al Evangelio de Cristo, aun cuando muchos católicos desleales quieran desconocerlo y se alíen con exponentes de fuerzas exógenas para confundir e introducir costumbres que van contra las más sanas tradiciones cristianas.
La Iglesia de Panamá es la más antigua de Tierra Firme en el continente americano. Por tal razón durante algún tiempo se le conoció como "Primada de Tierra Firme". Tal antigüedad está atestiguada por documentos auténticos que reposan en archivos del Vaticano y España. En todo el continente americano sólo dos sedes episcopales proceden en antigüedad a Panamá: Santo Domingo, Primada de América, y San Juan de Puerto Rico, ambas creadas el 8 de agosto de 1511. Dos años antes que la nuestra. Sirvan como punto de referencia las fechas de creación de las más antiguas diócesis de América, fuera de las ya mencionadas: México 1530, Cuzco 1537, Lima 1541, Bahía 1551, Buenos Aires 1582, La Habana 1787, Nueva Orleáns 1793, Nueva York 1808.
La actual sede arquidiocesana es la heredera de la primitiva Santa María la Antigua del Darién, trasladada en 1524 a Panamá La Vieja, después a la nueva ciudad en 1673. La sede original desapareció en 1524 y de la Vieja Panamá tenemos lo que tenemos con grandes planes de restauración. Hay que desmitologizar esa común creencia de que somos un país joven. En el 2021 tendremos 200 años de la independencia de la corona española. Como decía el historiador Jaén Juárez, la pretendida juventud sólo ha servido para excusar las debilidades de nuestra vida política, el subdesarrollo crónico y nuestros errores. Llevamos medio milenio de historia.
Panamá es un país de los más antiguos de nuestro continente. Recuerdo cuando viví en Natá de los Caballeros (73-74) y pensaba a qué ritmo iba el progreso, ya que eran muchos siglos y años los que habían pasado y el entorno parecía estacionario, que se había detenido. Mucha discusión sobre que si esto era colonial o no, que si el templo, que si la plaza, que si el pelícano de la Iglesia, que si la campanilla, que si la tradición era y no era. Gracias a Dios que acuciosos profesionales y la conciencia de un puñado de amantes de la historia han restaurado y tratado de rehacer lo que merecía conservarse como parte de nuestra identidad histórica.
Primer centenario de nuestra separación de Colombia, casi cinco centenarios de la creación de la Iglesia de Panamá y varios centenarios de muchas de nuestras comunidades interioranas y caben las lógicas preguntas: ¿Y cómo andamos? ¿Para dónde va esto? ¿Para adelante o para atrás? Imposible e inadmisible que retroceder, es un imperativo categórico para todo y cada panameño el acelerar nuestra maduración humana que es "sine qua non conditio" para progresar.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América