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Martín ha resucitado a Omar


El candidato de la mal llamada "Nueva Nación" (porque las naciones no se crean al capricho politiquero de nadie), Martín Torrijos Espino, debe servir a esta nación (la de siempre) para que resucitemos a su padre Omar Torrijos Herrera.
Los magnates de la cúpula del PRD, al ver que se les podía escapar el control del partido si Alfredo Oranges ganaba la postulación, relacionaron la demagógica "doctrina torrijista", con el precandidato apellidado Torrijos de mejor opción, y le metieron la maleta en las primarias, como se dice en el argot de las apuestas, al joven Martín, y hoy se la meten otra vez, para tratar de hacerlo presidente.
Martín Torrijos ha usado la figura de su padre en su campaña, lo que abre la oportunidad de juzgar en el tiempo al dictador, porque en Panamá ocurre como en Chile, que no se ha puesto en la balanza de la justicia los regímenes dictatoriales de allá y de acá.
Claro que las dos dictaduras tienen sus propagandistas, principalmente los que sacaron ventajas y algunos ingenuos que se dejaron llevar por las campañas de imágenes que le hacían a los dictadores. Fue una lástima histórica que Omar Torrijos muriera prematuramente, porque todas y cada una de las acciones que se le condenaron a Noriega durante su ejercicio dictatorial, las hubiera cometido igual el padre del improvisado candidato perredista, y así tendríamos hoy menos ingenuos creyendo que Omar fue un buen gobernante, porque éste para aferrarse al poder, hubiera usado los mismos métodos de Noriega, los que se usaron en los primeros años de la dictadura, en que Omar era el responsable de todos los crímenes y cuidado que hoy, el preso de Miami, no sería Noriega.
Martín Torrijos ha prometido que de llegar a la Presidencia reabrirá la investigación de la muerte de Omar. Este jovencito no mide sus palabras, porque ¿qué pensarán los familiares y amigos de los más de cien muertos de la dictadura que se produjeron entre 1968 y 1981?, que fue cuando reinó su padre. ¿Estará Martín dispuesto a reabrir las investigaciones de estos asesinatos y desapariciones y llegar "hasta las últimas consecuencias"?, donde por lo menos se encontrará el delito de encubrimiento de los hechos o el delito de obstrucción de la justicia por parte del que mandaba sin cortapisas en esos tiempos, si no se le pudiera sindicar de cómplice directo en estos asesinatos y desapariciones. Ojalá que llegáramos a saber a ciencia cierta, si fue homicidio, quiénes mataron al dictador y a sus acompañantes y quiénes en verdad mataron a esos más de cien durante el reinado del padre de Martín.
Gracias a Martín, que ha resucitado a Omar, deberíamos hacer un repaso de los más de 10 mil millones de balboas que manejaron los allegados al dictador Torrijos, que como en fiesta, se licitaba una obra por una cantidad y terminaba costando el doble y el triple, dineros que fluían para los bolsillos de los favoritos del dictador, los cuales dejaron de ser limpios unos y otros, aumentaron vertiginosamente sus fortunas, a costilla del sufrido pueblo panameño que tenía que pagar los empréstitos irresponsables que ofrecían las IFI"s pro el "boom" de los petrodólares y con la intención de tener en sus manos a los países prestatarios.
¿Estará dispuesto Martín a hacer un examen de las fortunas de los que colaboraron con su padre para tener a esta nación sumida en su única dictadura de este siglo?
Recuerdo, meses atrás, que -en campo pagado en periódicos- salió una entrevista que le hicieron a Martín en España donde decía que su educación universitaria se la habían pagado amigos de su padre, porque éste ya había muerto. ¿Estos mecenas no habrán sido beneficiarios de esos dineros fáciles, que pasaban de mano en mano, y que todavía el pueblo panameño está pagando por el endeudamiento que propició, entre otros, el del fraude de 1984?
Gracias a Martín, hoy día muchos recordamos lo que los principales soportes de la candidatura de él han querido hacer que el pueblo olvide, la calidad reprochable y delicuencial que desarrolló el falso nacionalista y falso populista de Omar Torrijos Herrera. Falta todavía juzgarlo para la historia, al padre del candidato improvisado del PRD y a sus cómplices. Mientras eso no se haga, seguiremos viviendo una sociedad compulsivamente corrupta que justifica todas las bellaqueras, porque la gente decente deja que los indecentes se alcen como adalides de este pueblo.

101 años de Panamá América

 
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