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Martinelli : Necesarias reformas


Todo cambio genera oposición, sobretodo si estos cambios significan pérdida de privilegios, particularmente, si estos afectan ingresos, utilidades y enriquecimiento.

Lo tradicional, lo acostumbrado por los gobiernos de países emergentes ha sido “negociar” con los inversionistas, pactar con los generadores de empleos (aunque sean mal pagados), conformándose con los crecimientos económicos casi por inercia, que nunca nos ayudarán a lograr el tan ansiado desarrollo, pues solo se reflejan en beneficios para los pequeños grupos de poder en el poder.

La costumbre se ha degenerado tanto, que la corrupción ha invadido las estructuras del Estado y, cada organismo y funcionario negocia todo cuanto puede a su paso, interesándole solamente su beneficio personal y de grupo. Al fin, los cargos se llenan con fichas políticas o de elite, sin ningún otro requisito.

Los “inversionistas” y muchos empresarios aprovechan y se permiten argumentar abiertamente que, comprar (corromper) funcionarios públicos es un hecho tan común y normal que hasta hacen sus reservas para estos “pagos”.

Las llamadas “concesiones”, Ordenes de compra y Contratos sobrevalorados son ejemplos del estado de corrupción en que nos encontramos. Se crean “empresas” exclusivamente para ganar Licitaciones, sin contar con experiencia ni garantías, solo con la fórmula del arreglo con alguien que las beneficiará con el otorgamiento.

La propuesta de reformas presentada por el equipo de gobierno del Presidente Martinelli, tiene necesidad de darse. La gran mayoría de los panameños viven en estados de pobreza o endeudados hasta el cuello para sobrevivir y sin capacidad de ahorro ni inversión, todo lo cual se agudiza con factores endógenos como exógenos. Todo esto hay que solucionarlo.

Está suficientemente demostrado de que nuestro país es víctima de una las peores distribuciones de la riqueza, lo que impide un crecimiento homogéneo y agudiza los fenómenos de violencia, vicio y narcotráfico como formulas de supervivencia.

Los ingresos de hambre, contratos de trabajo ilegales, inmigrantes ilegales afectando las pequeñas fuentes de empleo que genera nuestro país comparado con la región, África y Asia son focos de preocupación. A la vez, estos ilegales utilizan nuestros precarios servicios de salud y educación, y nos cuestan miles de dólares repatriarlos, todo lo cual lo deberían pagar los países de donde son originarios.

Son además muchas las necesidades que padecemos los panameños en vías y servicios públicos que han sido utilizados por gobiernos anteriores para enriquecimiento personal.

La reforma propuesta por el actual gobierno no solo es necesaria, es justa. Solo hay que analizar los elementos y las razones para llevarla a cabo.

Es más, quienes se oponen – siempre se opondrán – se beneficiarán de ella con un mejor país.

Claro, si no son panameños, o buenos panameños, se opondrán. Protéjanse protegiendo al país pagando sus impuestos que, inclusive han dejado de pagar por años.

Es también necesario un ajuste de gastos del Estado, priorizando las inversiones. Si se práctica la equidad, la solidaridad y la justicia social, se estaría en el camino correcto.

Quienes no han sido capaces de cumplir con el pueblo, amparándose unos en una demagogia ruin dizque de liderazgo del pueblo, no soportan que un hombre y un equipo de extrema derecha, ponga en práctica, hasta hora, políticas de justicia de izquierda. Esto ratifica, contundentemente, que los cambios que están dándose en países de centro y Suramérica, son constructivos y que Chávez, Evo y Correa No son demonios. Se acaba de dar un cambio en Japón y el Presidente Calderón, de México, acaba de dar un golpe de timón. Si no se dan los cambios, sucumbiremos en violencia, crimen y narcotráfico.

Las bases militares y la guerra no contribuyen en nada para lograr paz y desarrollo aunque sus impulsadores y ejecutores digan lo contrario. Martinelli tiene el carácter y parece tener la determinación de hacer realidad un verdadero, necesario y positivo cambio.

101 años de Panamá América

 
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