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Más edificios o menos diputados


Para nuestra población tenemos demasiados diputados. Si nos comparamos con los países del entorno centro y suramericano podrá comprobarse que así es. La última reforma constitucional los redujo de 78 a 71, pero siguen siendo demasiados; la Asamblea Nacional no debiera tener más de cincuenta diputados y deben suprimirse los suplentes. Panamá es uno de los poquísimos países, sino el único, donde los suplentes de diputados reciben salario por el solo hecho serlo y, además, tienen otras prebendas similares a las de los principales, como el derecho a importar o comprar vehículos exonerados.

El actual presidente de la Asamblea, no bien hubo estrenado el cargo, anunció a los cuatro vientos que durante su mandato se reducirían los privilegios de que disfrutan los mal llamados “padres de la patria”. También dijo que el presupuesto del Órgano Legislativo sería recortado en 20 millones de balboas y que a los diputados “paviolas” se les penalizaría descontándoles los días en que no asistieran a laborar. Y hasta llegó a amenazar con renunciar si sus colegas no le apoyaban para tomar esas medidas. El tiempo sigue transcurriendo y las promesas del diputado Varela no se materializan. Se han anunciado algunos recortes en la frondosa planilla de los “asesores” que, según se ha dicho, se tropezaban por los pasillos. A ciencia cierta, no se sabe cuál es el monto de lo ahorrado, pero, de seguro que está a años luz de los 20 millones de reducción prometidos, aunque se estimara, que no corresponde, considerar como ahorro haberle dado autonomía al presupuesto de la Defensoría del Pueblo.

Por otra parte, a la falta de información sobre el cumplimiento de las promesas del presidente del Órgano Legislativo, ahora hay que agregar el anuncio sobre los planes para construir una nueva sede parlamentaria. Primero se dijo que en un lugar diferente a la actual, pues ese espacio se destinaría para la estación central del proyectado metro. Y ahora se dice que la Asamblea se quedará donde está y que se ha optado por construirle un edificio en las áreas de los estacionamientos, que podría tener un costo de 15 millones y contaría con “todas las comodidades” que necesitan los diputados.

Como los proyectos del presidente Varela sobre la disminución o la eliminación de los injustificados privilegios de que disfrutan los diputados todavía no se concretan, pero, además se sigue abanicando la idea de ampliar las instalaciones de la Asamblea, se hace necesario que el país conozca qué ha ocurrido con los correctivos que en su momento anunció del presidente de la Asamblea y, también, que se aclare si son ciertos los planes de construir una nueva sede parlamentaria o un nuevo edificio que, en lugar de disminuir el presupuesto de la Asamblea lo aumentaría.

El pueblo panameño sigue considerando que la Asamblea es un órgano costoso e ineficiente y su imagen no cambiará, a menos que se reduzca su abultado presupuesto y los privilegios de que gozan los diputados. La nueva bancada oficial, con su amplia mayoría puede, y debe, concretar los cambios prometidos, antes de que concluya en octubre su primer período de sesiones.

101 años de Panamá América

 
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