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Más sobre la crisis


A causa de un proceso de acumulaciones negativas, el primer Centenario republicano ha coincidido, por azar cronológico, con una gran y honda crisis nacional, la que no exige que seamos demasiados zahoríes para que captemos los protuberantes signos de la misma. Los cien años que han transcurrido desde 1903, abarcando todo el Siglo XX, han preparado con pertinaz y constante progresión el estado final que hoy confronta el país, toda la población.
En la sociedad humana, la gran mayoría de la población, por razones muy explicables, no se da cuenta de la gravedad de una crisis que golpea en todos los frentes, sin excepciones, y que ha invadido hasta los más apartados intersticios de todo el tejido social.
Hay también categorías de grupos humanos minoritarios que se percatan del extremo crítico a que se ha llegado en Panamá, pero tales grupos se inmovilizan por más que la situación grávida comience a rodearlos, amenazadoramente.
Muy escaso es el número de los que percibiendo la crisis en toda su alarmante dimensión, tratan de que los más abran los ojos, y que su propia reflexión pueda servir para que la mayoría de los panameños, o al menos buena parte de ellos, consideren indispensable orientar a la sociedad, a fin de que no se deje aplastar por una situación que la cerca y la tiraniza con una espantosa insolución de los problemas nacionales.
Un artículo de periódico no es la oportunidad de enumerar espaciosamente esos problemas, pero vale la pena enunciar varios de ellos. Hace bastante tiempo que el sistema de salud nacional, en las clínicas estatales y de seguridad social, lo mismo que en los hospitales, aturde a miles y miles de enfermos, mal atendidos por la escasez de enfermeras, de médicos, medicinas, camas, etc. Ese sistema de salud es un verdadero y dantesco infierno de víctimas que no reciben la indispensable atención.
El desempleo sigue en aumento y la situación económica del país no permite pensar en un alivio de tan enorme y lúgubre déficit. La educación es un verdadero caos en todos sus niveles, y la realidad está muy lejos de todos los boletines y arengas oficiales, que no la pueden ocultar, porque la vemos todo los días y los estudios y análisis extranjeros no pueden ser desmentidos.
La acción estatal se diluye, convertida en rutina, con plenitud de los vicios burocráticos, que explotan en las columnas diarias de los periódicos, casi siempre mostrando frecuentes escándalos de corrupción (el Banco Nacional, la Lotería; los robos viejos y nuevos en la Autoridad Marítima, son los ejemplos últimos). Las finanzas estatales se encuentran carcomidas por dentro, pese a los nuevos impuestos y los préstamos periódicos y emisiones de bonos, que no pueden balancear un presupuesto al que las mismas autoridades acaban de rebajar con cien millones de balboas, por lo que llaman "la contención del gasto", con alarma de los acreedores estatales. No vale la pena continuar la lista, porque es interminable y conocida para muchos.
El carácter caótico de esta crisis nacional lo prueban las constantes agudizaciones y erupciones de problemas que estallan a menudo. El caso de la Caja de Seguro Social y la forma apopléjica en que ha terminado, antes de haber avanzado en su trámite ante la Corte Suprema, el llamado caso CEMIS, son dos ejemplos realmente clásicos, en cuanto al amenazante desplome de la primera y la putrefacción del sistema de la administración de justicia, que exhibe el segundo caso, que es el colmo de los colmos.
Deberíamos preguntarnos, ¿en qué ámbito de la sociedad panameña hay señales firmes de grupos sociales con estructuras adecuadas para combatir, con posibilidades de efectos rectificativo de permanencia, tan grave crisis coincidente en sus explosiones con el Centenario? No los vemos por ninguna parte, y mucho menos en el cardumen de candidatos que se agitan para el próximo mayo.
De ahí que hayamos pensado, salvo mejor y más certera hipótesis, en que padecemos de un amorfismo histórico progresivo, del que sólo se salvan los gestos intuitivos de nuestro pueblo, que de tarde en tarde, y de salto en salto, vino acrisolado su reciedumbre nacional, y también nacionalista, presente en sus luchas espontáneas que lo han salvado de perderse en el nirvana de las anexiones imperialistas comunes en el Siglo XIX, y presente en los esfuerzos colectivos que llevó a cabo a lo largo y ancho de la centuria última, al lograr que Norteamérica cerrara su colonia de la zona canalera y las bases militares que tuvo en ella, como símbolo imperial.
Salvo lo que ha hecho intuitivamente nuestro pueblo, en difícil lucha social y en apremios nacionales, como empeños colectivos, la sociedad panameña no ha generado fuerzas sociales de rectificación de sus problemas nacionales. Los dos últimos siglos y las crisis vividas en ellos, lo prueba inapelablemente.

101 años de Panamá América

 
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