Más trámites no significa más transparencia
Más trámites no significa más transparencia
Con frecuencia se asocia la transparencia en la gestión pública con que haya más trámites, más requisitos y más controles. Sin embargo, en la práctica, esa relación no siempre es así. Un exceso de procedimientos mal diseñados puede terminar produciendo el efecto contrario, con retrasos, confusión y una percepción de ineficiencia que afecta directamente al ciudadano.
El propósito de los trámites administrativos es ordenar la actuación del Estado, garantizar el cumplimiento de la ley y proteger el interés público. Cuando estos procesos son claros, razonables y bien aplicados, contribuyen a una gestión más transparente y eficiente. El problema surge cuando, en lugar de fortalecer la institucionalidad, los trámites se multiplican sin una lógica clara o se superponen entre distintas instancias.
En muchos casos, los ciudadanos y las propias instituciones enfrentan procesos innecesariamente largos, solicitudes repetitivas de información o requisitos que no agregan valor real a la toma de decisiones. Esto no solo ralentiza la ejecución de servicios y proyectos, sino que también genera frustración y desgaste tanto para quienes gestionan como para quienes dependen de esas gestiones.
El trabajo administrativo no se mide por la cantidad de pasos que debe cumplir un trámite, sino por la claridad, coherencia y el propósito de esos pasos. Un procedimiento más simple, pero bien estructurado y bien aplicado, puede ser mucho más justo que uno complejo, confuso y cambiante. La previsibilidad y el respeto a los plazos son elementos fundamentales para que el ciudadano perciba que el sistema funciona. Un ejemplo de cómo procesos claros y bien definidos pueden mejorar la experiencia del ciudadano es la Dirección de Pasaportes de Panamá.
Reducir trámites innecesarios no significa relajar controles ni debilitar la legalidad. Significa revisar procesos, eliminar duplicidades, unificar criterios y asegurar que cada requisito tenga una razón clara de existir. Un Estado que simplifica de manera responsable fortalece su capacidad de respuesta y mejora la confianza en sus instituciones.
Avanzar hacia una gestión pública más justa implica entender que el orden administrativo no se construye con más papeleo, sino con mejores procesos. La verdadera justicia en la administración pública se alcanza cuando las reglas son claras, los procedimientos son razonables y las decisiones se toman con coherencia y responsabilidad.