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Memoria histórica


La memoria histórica es fundamento de toda identidad en el nivel individual y social. Los desmemoriados son seres no sólo incompletos sino quebrantados, extraviados. Asimismo, las sociedades que no recuperan y resignifican su pasado quedan a la deriva de otras sociedades que reinventan únicamente desde sí mismas, exclusivamente desde su perspectiva, la identidad de las primeras.
Hoy en día existe un amplio consenso en la afirmación de que el fenómeno artístico es un proceso que va más allá de una obra concreta. El arte, es decir, las creaciones que merecen tal denominación, tal marca social, no son tan sólo un producto acabado, como un cuadro, una pieza musical, una escultura, una obra literaria o teatral. Dicho fenómeno, que puede resultar en un acontecimento, lo componen también las lecturas, la acumulación de significados que se derivan de una obra, mismas que circulan y se difunden socialmente. Al final, este proceso culmina en el consumo de la obra de arte a través del mercado, de la galería o del museo.
El hecho artístico es una cristalización cultural que da cuenta de una o varias formas de memoria histórica. En estos momentos de cambios profundos a nivel mundial, el reordenamiento global de las relaciones políticas, económicas y culturales, se deben recompensar también las condiciones de desarrollo pleno de la sociedad panameña. Este momento actual trae a nuestro horizonte perspectivas múltiples.
En el cuerpo social, los investigadores de la ciencia y de la cultura ocupamos el lugar de la reflexión... el lugar de la propuesta y del ensayo de nuevas condiciones de desarrollo. Para enfrentar nuestra actualidad y porvenir debemos asir, pesar, evaluar los efectos de un conjunto de realidades: las nuevas formas de relaciones internacionales, las modalidades del mercado, las condiciones desiguales de la apropiación tecnológica y su impacto en la estructura productiva, así como su repercusión en el campo cultural, la velocidad de la información y la masa de informaciones simultáneas. Paradójicamente, todo ello genera expectativas prometedoras, a la vez que un gran desconcierto. Nuestra época -ésta última década del 90- está definida por la inestabilidad, por la crisis que atraviesa a todos los órdenes, desde la vida cotidiana hasta la actividad científica. El tiempo actual exige a los investigadores, tanto de la ciencia como de la cultura (en la cual está inserta nuestra práctica), acercamientos tan variados y múltiples como la realidad misma. Es cada vez más claro que la investigación, la que indaga, la que busca vías de acceso creativas y propositivas puede colaborar en la creación de nuevas realidades colectivas y perspectivas futuras. En el horizonte de la investigación cultural y, particularmente en el de las artes, se registra también un fenómeno de revisión teórica, metodológica, de abordajes desde la diversidad, desde la multiplicidad. La aguda crisis, algunas veces casi insondable, de los estudios de la cultura ha traído, por otra parte, ricos enfoques y nutridas formas de reflexión mediante la cuales podemos dar cuenta actualizada del pasado, de la memoria histórica colectiva, es decir, de nuestro quehacer principal.
Lo que llamamos memoria histórica colectiva no es un pasado inmóvil, un cúmulo de imágenes y formas estables que, desde su estatismo, justifican nuestro presente. La memoria colectiva es siempre cambiante, es la resignificación de un pasado común, de la tradición, del legado de los padres y los abuelos, en el contacto con el otro; es decir, con otras formas culturales provenientes de sociedades diversas. En este rico juego de contactos múltiples entre lo propio y lo externo, del cual selectivamente nos apropiamos, se encuentra la recomposición de nuestra identidad social.
Es por ello que la investigación y el planteamiento en el sector cultural panameño debe enmarcarse en el contexto de la renovación necesaria de nuestra conciencia sobre la creatividad, la imaginación y la autoevaluación colectiva del imaginario social que nos precede, y ello nos constituye el presente, y nos posibilitará la invención o creación del futuro.
Con relación a las artes, la investigación conceptual debe tender a varios propósitos: recuperar acontecimientos artísticos, examinar las condiciones de producción de arte y cultura, establecer críticamente los documentos y monumentos en el sentido técnico de los historiadores) de una cultura desde las prácticas artísticas que se insertan en una tradición, y comprende las formas de recepción de los procesos y los acontecimientos artísticos.
La investigación de carácter conceptual debe -si quiere responder a la demanda del fortalecimiento de la conciencia histórica, de la memoria colectiva de un pueblo sobre su pasado que se vuelve fundamento de su presente y su futuro, a pesar de la diversidad de los objetos que puede poner en su horizonte- caracterizarse por una cierta dirección por un sentido amplio y flexible dentro de una unidad de propósito, de vocación.
Además de los criterios fijados en una ética o una deontología profesional -como el respeto a las normas de fijación de documentos, a los requerimientos de orden argumental, a las exigencias de objetividad, a la utilización de técnicas, a más de la imaginación científica para construir interpretaciones aceptables acerca de los sistemas, los procesos y acontecimientos culturales-, el investigador debe tener presente en su conciencia el horizonte de la actualidad para dirigir su mirada a los objetos que recorta desde sus específicas preocupaciones, debe mantenerse atento a las implicaciones derivadas de su intervención en su mundo, en su momento y en su propia creación cultural.

101 años de Panamá América

 
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