Mensaje alentador
"Benedicto XVI partió de Aparecida expresándole a la 5ª. Conferencia su palabra inaugural, en la homilía de la Eucaristía y en su discurso ante la Asamblea.
El discurso de apertura de la 5ª. Conferencia General ha tocado, según muchos comentarios, los temas más importantes de la agenda eclesial. Ha sido un discurso con los pies en la tierra al colocar los problemas más urgentes del continente (el gran desafío de la pobreza y la miseria) al nivel de la estructura social: ante la complejidad de los problemas, dice el Papa, es inevitable hablar del problema de las estructuras, sobre todo las que crean injusticia.
En realidad, las estructuras justas son una condición sin la cual no es posible un orden justo en la sociedad. Ni el marxismo ni el capitalismo han sido capaces de crear un orden justo. He ahí la importancia de la tarea eclesial: las estructuras justas deben brotar de un consenso moral de la sociedad sobre los valores fundamentales y sobre la necesidad de vivir estos valores con las necesarias renuncias, incluso contra el interés personal. Hay que buscar las estructuras justas que nos lleven a un orden social justo. Esta tarea es cuestión no de ideologías sino de recta ratio que busca en las experiencias políticas, en el conocimiento de los problemas sociales, en su contextualización socio-cultural el consenso sobre las estructuras que se han de establecer.
En fin, la palabra del Papa ha puesto en primera línea de la agenda el tema de la justicia y, al hacerlo, no ha dejado de llamarnos la atención: por tratarse de un continente de bautizados, conviene colmar la notable ausencia, en el ámbito político, comunicativo y universitario, de voces e iniciativas de líderes católicos de fuerte personalidad y de vocación abnegada, que sean coherentes con sus convicciones éticas y religiosas. Tres ámbitos en los que se pide una particular presencia de los movimientos eclesiales. ¿Para formar una especie de partido político católico? No. La Iglesia es abogada de la justicia y de los pobres precisamente al no identificarse con los políticos ni con los intereses de partido.
Los laicos, miembros de la Iglesia, tienen en lo político una tarea fundamental: deben estar presentes en la formación de los consensos necesarios y en la oposición contra las injusticias.
En este estilo de discurso, no ha sido extraño encontrar referencias constantes a la Doctrina Social de la Iglesia, cuyo compendio explícitamente fue mencionado.
El Papa está preocupado por la catequesis, dada la ausencia de una auténtica formación cristiana adulta que es uno de los factores de deserción de la Iglesia.
Por ello, ha insistido en la lectura y meditación de la Palabra de Dios, en la reflexión madura de la fe y en la necesidad de recurrir, para ello, a los medios de comunicación.
Pero eso no basta. El Papa nos recuerda también una necesaria catequesis social dado que la vida cristiana no se expresa solamente en las virtudes personales sino también en las virtudes sociales y políticas. Como lo han dicho las anteriores Conferencias Generales del Episcopado, la evangelización ha ido siempre unida a la promoción humana y a la auténtica liberación cristiana.
Ha sido un discurso en diálogo, a base de preguntas y respuestas. El Papa se pregunta, por ejemplo, ¿qué ha significado la aceptación de la fe cristiana para los pueblos de América Latina y el Caribe? o después, ¿qué nos da Cristo realmente? y ¿qué es lo real? ¿sólo los bienes materiales, los problemas sociales y políticos? Y responde así: La primera afirmación fundamental es la siguiente: sólo quien reconoce a Dios, conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y realmente humano. La verdad de esta tesis resulta evidente ante el fracaso de todos los sistemas que ponen a Dios entre paréntesis. Para el creyente, la realidad no es una ideología ni tampoco se reduce a los hechos: Dios -dice el Santo Padre- es la realidad fundante, no un Dios sólo pensado o hipotético, sino el Dios de rostro humano; es el Dios-con-nosotros. Una nueva pregunta: ¿Qué nos da la fe en este Dios? Se responde: la familia universal de Dios en la Iglesia católica. La fe nos lleva a la comunión, al encuentro con los hermanos, en un acto de responsabilidad hacia el otro, hacia los demás. Y concluye este apartado con una afirmación clave para el pensar teológico latinoamericano: En este sentido, la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza" (cf. 2 Cor 8, 9).
Y sigue..
los dos sepultureros/Un golpe de ataúd en tierra/es algo perfectamente serio".
Estos versos citados aparecieron en mi mente cerrando el párrafo final de este escrito. Su autor es Antonio Machado, y son de un poema titulado "En El Entierro De Un Amigo", poema que con frecuencia citábamos cuando hablábamos de poesías y poetas. Y ya que llegaron, hago mía las palabras de Machado para su amigo: "Y tú sin sombra ya, duerme y reposa, /larga paz a tus huesos, /Definitivamente/duerme un sueño tranquilo y verdadero".
El discurso de apertura de la 5ª. Conferencia General ha tocado, según muchos comentarios, los temas más importantes de la agenda eclesial. Ha sido un discurso con los pies en la tierra al colocar los problemas más urgentes del continente (el gran desafío de la pobreza y la miseria) al nivel de la estructura social: ante la complejidad de los problemas, dice el Papa, es inevitable hablar del problema de las estructuras, sobre todo las que crean injusticia.
En realidad, las estructuras justas son una condición sin la cual no es posible un orden justo en la sociedad. Ni el marxismo ni el capitalismo han sido capaces de crear un orden justo. He ahí la importancia de la tarea eclesial: las estructuras justas deben brotar de un consenso moral de la sociedad sobre los valores fundamentales y sobre la necesidad de vivir estos valores con las necesarias renuncias, incluso contra el interés personal. Hay que buscar las estructuras justas que nos lleven a un orden social justo. Esta tarea es cuestión no de ideologías sino de recta ratio que busca en las experiencias políticas, en el conocimiento de los problemas sociales, en su contextualización socio-cultural el consenso sobre las estructuras que se han de establecer.
En fin, la palabra del Papa ha puesto en primera línea de la agenda el tema de la justicia y, al hacerlo, no ha dejado de llamarnos la atención: por tratarse de un continente de bautizados, conviene colmar la notable ausencia, en el ámbito político, comunicativo y universitario, de voces e iniciativas de líderes católicos de fuerte personalidad y de vocación abnegada, que sean coherentes con sus convicciones éticas y religiosas. Tres ámbitos en los que se pide una particular presencia de los movimientos eclesiales. ¿Para formar una especie de partido político católico? No. La Iglesia es abogada de la justicia y de los pobres precisamente al no identificarse con los políticos ni con los intereses de partido.
Los laicos, miembros de la Iglesia, tienen en lo político una tarea fundamental: deben estar presentes en la formación de los consensos necesarios y en la oposición contra las injusticias.
En este estilo de discurso, no ha sido extraño encontrar referencias constantes a la Doctrina Social de la Iglesia, cuyo compendio explícitamente fue mencionado.
El Papa está preocupado por la catequesis, dada la ausencia de una auténtica formación cristiana adulta que es uno de los factores de deserción de la Iglesia.
Por ello, ha insistido en la lectura y meditación de la Palabra de Dios, en la reflexión madura de la fe y en la necesidad de recurrir, para ello, a los medios de comunicación.
Pero eso no basta. El Papa nos recuerda también una necesaria catequesis social dado que la vida cristiana no se expresa solamente en las virtudes personales sino también en las virtudes sociales y políticas. Como lo han dicho las anteriores Conferencias Generales del Episcopado, la evangelización ha ido siempre unida a la promoción humana y a la auténtica liberación cristiana.
Ha sido un discurso en diálogo, a base de preguntas y respuestas. El Papa se pregunta, por ejemplo, ¿qué ha significado la aceptación de la fe cristiana para los pueblos de América Latina y el Caribe? o después, ¿qué nos da Cristo realmente? y ¿qué es lo real? ¿sólo los bienes materiales, los problemas sociales y políticos? Y responde así: La primera afirmación fundamental es la siguiente: sólo quien reconoce a Dios, conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y realmente humano. La verdad de esta tesis resulta evidente ante el fracaso de todos los sistemas que ponen a Dios entre paréntesis. Para el creyente, la realidad no es una ideología ni tampoco se reduce a los hechos: Dios -dice el Santo Padre- es la realidad fundante, no un Dios sólo pensado o hipotético, sino el Dios de rostro humano; es el Dios-con-nosotros. Una nueva pregunta: ¿Qué nos da la fe en este Dios? Se responde: la familia universal de Dios en la Iglesia católica. La fe nos lleva a la comunión, al encuentro con los hermanos, en un acto de responsabilidad hacia el otro, hacia los demás. Y concluye este apartado con una afirmación clave para el pensar teológico latinoamericano: En este sentido, la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza" (cf. 2 Cor 8, 9).
Y sigue..
los dos sepultureros/Un golpe de ataúd en tierra/es algo perfectamente serio".
Estos versos citados aparecieron en mi mente cerrando el párrafo final de este escrito. Su autor es Antonio Machado, y son de un poema titulado "En El Entierro De Un Amigo", poema que con frecuencia citábamos cuando hablábamos de poesías y poetas. Y ya que llegaron, hago mía las palabras de Machado para su amigo: "Y tú sin sombra ya, duerme y reposa, /larga paz a tus huesos, /Definitivamente/duerme un sueño tranquilo y verdadero".