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Mensaje del 11 de Septiembre


El 11 de septiembre de 2001 fue un martes de muy ingrata recordación, día de estremecimiento universal, muerte y pesar, debido a un hecho de mayor gravedad que el ataque japonés a Pearl Harbour, en 1941, que generó la participación de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.
En Nueva York, Washington y Pennsylvania, el terrorismo hizo de las suyas en acciones sin precedentes en la historia del planeta, por la magnitud, crueldad y audacia de lo que se llevó a cabo.
En tan solamente dos horas, miles de personas fueron aterrorizadas, torturadas, quemadas vivas y aplastadas bajo toneladas de escombros, en actos premeditados de asesinato en masa, como describieron a los dantescos episodios los medios de comunicación colectiva. Incontables niños quedaron huérfanos y a numerosas familias les envolvió el luto y la desesperanza.
¿A qué se debieron aquellas escenas de máxima barbarie? Al activismo terrorista manifestado en bandas de cuatro a cinco individuos que secuestraron cuatro aviones comerciales, a los que convirtieron en misiles con sus pasajeros y tripulaciones adentro.
A dos de esas aeronaves se las estrelló en las Torres Gemelas, a una tercera en el Pentágono y la otra, que seguramente iba dirigida a la Casa Blanca o el Capitolio, cayó en Pennsylvania, luego de que pasajeros y tripulantes se enfrentaron heroicamente a los asesinos.
En total, murieron ciudadanos de 86 países a quienes se afectó en sus intereses económicos y de otra índole, razón más que justificada para que se haya catalogado a los atentados en referencia como ataques no solamente a Estados Unidos sino a la Humanidad, ya que las víctimas pertenecieron a todas las religiones y grupos étnicos.
Ante lo acontecido, Kofi Annan, secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), basándose en el universal principio de legítima defensa que protege, individual y colectivamente, a las personas y a los pueblos, exhortó a todas las naciones para que respondan unidas a la guerra que, implícitamente, el terrorismo había declarado al mundo.
El rabioso fundamentalismo islámico demostró lo que es capaz de hacer en cualquier parte del orbe, alentado por la obsesión de la guerra santa que estimulan infernales clérigos que ofrecen el paraíso a quienes mueren cometiendo atrocidades. Aquí se encuentra el origen de la perversa y demencial conducta de los terroristas suicidas, ruin y alucinada práctica que realizan incluso mujeres degradadas por el extremismo.
Osama bin Laden, que entrenó en Afganistán a cien mil terroristas que se hallan distribuidos en el orbe entero y listos para la destrucción, es el máximo cabecilla de estos homicidas; se trata de un execrable sujeto que vive en las cavernas y que rumia odio; por su alma putrefacta y abominables acciones constituye la más repudiable muestra de la degeneración de la especie humana. En el diccionario no existe el calificativo apropiado para definir a este engendro del mal.
En el área de ciertos grupos de ascendencia árabe, es preocupante la subterránea presencia de sus virulentos acólitos en América Latina y el Caribe, sobre todo en Honduras, Panamá, El Salvador, Guatemala, México y en toda América del Sur.
El mensaje del 11 de Septiembre proyecta la siniestra realidad terrorista a la que no se la debe ocultar sino enfrentar con la debida y oportuna entereza.
Jamás se debe desconocer que el terrorismo es un fenómeno transnacional, de persistente y extrema peligrosidad.
Cuando el amor es verdadero, tiene que manifestarse externamente de alguna manera. Si no se manifiesta, probablemente se está apagando. También se asesina el amor descuidando los pequeños detalles.
Cuanto más pequeñas sean las astillas de leña, más fácilmente haremos la llamarada de la gran hoguera; cuanto más pequeños detalles prodiguemos, más crecerá nuestro amor y el amor que vamos a recibir.
¡Qué lindo es vivir atendiendo a la gente con amor y un sincero deseo de que las personas sean felices.
Queremos que usted sea maravilloso, bueno, alegre, pleno y todo esto se puede con Dios, porque ¡con ÉL, somos invencibles!

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