Mensaje Episcopal
Hoy encontraremos en Panorama Católico el texto del comunicado de la Conferencia Episcopal Panameña en su sesión ordinaria 162 realizada del 30 de junio al 4 de julio. Con gran pesar arrastramos nuestra existencia ciudadana en este famoso año del Centenario de estar funcionando como República independiente en algunas cosas, pero con una sola bandera, escudo, moneda, himno, organización gubernamental, estatutos constitucionales, historia de un empeño por vivir un sistema que pretende ser democrático, una historia de un paréntesis de dos décadas de dictadura militar, una historia de torneos electorales que no siempre han sido ideales y en cuyas luchas egoístas se han dividido muchas familias. Un 2003 en que los kilómetros cuadrados de superficie se han aumentado con la reversión de las áreas que en otro tiempo ocupó un gobierno extranjero por casi 100 años. Cien años de República donde hasta cierto punto hemos progresado algo. Pero un año en el que campean las lamentaciones por lo que hubiéramos podido ser y no somos.
Sin embargo, estamos a pocas fechas del centenario y estamos frente a nosotros mismos. Se han hecho algunos intentos por darle colorido, eco; voltear la tortilla, entusiasmar a toda la gente, no a los mismos que siempre se entusiasman y hacen ruido y nuestros obispos reunidos en nombre de esta Asamblea de creyentes católicos y con la seriedad y solemnidad con que el calendario inmisericorde los congrega no pueden menos de escuchar a su pueblo y en su carta dicen: "Escuchamos con frecuencia el adagio popular de que "la voz del pueblo es la voz de Dios". El pueblo se muestra cansado e inconforme en la falta de ética y de cultura política de muchos de sus dirigentes, a la vez que percibe los grados de corrupción e impunidad cada vez más crecientes. Los escándalos reiterados, la falta de sensibilidad ante los problemas, el lenguaje bajo y soez en las disertaciones públicas; las promesas incumplidas, las actitudes propias del "juega vivo", hacen pensar que aquellos en quienes el pueblo puso su confianza olvidaron a sus electores sirviendo otros intereses. Nos unimos al llamado de las asociaciones cívicas y religiosas para que se llegue a la firma de un "pacto ético" que dé seriedad y credibilidad a los próximos comicios y expresamos nuestra voz de apoyo al Tribunal Electoral", afirman los obispos en el aparte 3 de su comunicado sobre "Desconfianza Popular".
El gran ideal de la democracia es que el electorado esté tan educado que se vea libre de la tan deletérea práctica de la politiquería que siempre utiliza los mismos recursos, mismas tácticas e iguales métodos para que se usan en todas partes, y ocurren las elecciones y siempre pasa lo mismo. Repiten el comentario: Cuando pasan las elecciones, aquellos que se enteraron de tus heridas, de tus problemas, que te preguntaron con aire de sinceridad qué es lo que tenemos que hacer en ésta o aquella comunidad, ni siquiera te devuelven la llamada y se vuelven un mar de excusas, dejándote lo mismo que lo hicieron sus adversarios en el período anterior. Y se repite fatal e inevitablemente la experiencia como si estuviéramos en un eterno remolino. El electorado no debe quemar sus esperanzas confiando en bellas propuestas y exquisitas promesas. Debe discernir y darse cuenta de que tiene obligación a no dejarse ganar con espejitos, que ya pasaron o deben pasar.
El Comunicado se divide en nueve parágrafos: 1. El Centenario, Don de Dios. 2. Compromiso Participativo. 3. Desconfianza Popular. 4. El Seguro Social y el Bien Común. 5. La Comisión de la Verdad. 6. Testigos de la Esperanza. 7. Segundo Congreso Americano Misionero. 8. El grito de la Tierra Darienita y 9. Agradecimientos.
El parágrafo sobre el Seguro Social y el Bien Común hace esta reflexión: "Nos preocupa sobremanera la situación de la Caja de Seguro Social, cuyos programas pueden quedar descapitalizados a la vuelta de pocos años. Mientras tuvo pujanza y lozanía prestó importantes servicios a la nación y aún sigue prestándolos hoy. Sin embargo, todos tenemos la sensación de que es un paciente en situación crítica y en peligro de defunción. Varios han diagnosticado sus males, pero no hay consenso, ni voluntad política para ejecutar los remedios. Urgimos a todos los afectados, gobierno, empresarios y beneficiarios para que con responsabilidad y desprendimiento tomen las medidas necesarias para rescatar nuestra más importante institución de seguridad social". El texto hace eco a lo que los imparciales opinan y han opinado sobre el trauma que hace algunos días sufrió la comunidad capitalina. Lo que en el fondo sigue creyendo la gente es que el colapso nunca ocurrirá, y el editorialista de El Panamá América ( 6 de julio de 2003) califica como algo terrible, porque ni el egoísmo ni el gobierno ni nadie podrá rescatarlo.
Lo que me trato de imaginar es ese día en que a la pléyade de beneméritos (as) panameños (as) que cada 15 días concurren a retirar su cheque de jubilados les digan: No hay. Y los dependientes de ese cheque, ¿qué van a decir entonces? Marchas, tranques, gritar: "Abajo el que sea, pero abajo". Francamente ni pensarlo. Soy de los que confío que tantos graduados de economistas y con fantásticas notas sacarán a relucir su creatividad y sugerirán los correctivos que ahora no queremos ni oír mencionar.
En cuanto al centenario, los Obispos nos reflexionan: "Al cumplir cien años de vida republicana, don legado por las generaciones precedentes, los panameños alabamos y bendecimos al Señor porque estuvo grande con nosotros" y a la vez que empeñamos nuestro esfuerzo para construir para el futuro que queremos y merecemos".
El 6 de septiembre, Fiesta de Santa María la Antigua, asumimos la conmemoración de los 490 años del caminar en la fe, la Iglesia panameña y la celebración de la presencia de la Iglesia católica en cien años de caminar de la República. "Damos gracias a Dios por este primer centenario de vida republicana, cuajado de bendiciones y de enseñanzas, y ponemos en sus manos nuestro futuro. Quédate con nosotros Señor, compañero de camino, junto a Santa María la Antigua, Madre de tu Hijo y de todos los panameños, hoy, como ayer y para siempre". Y firman todos los Obispos.
Sin embargo, estamos a pocas fechas del centenario y estamos frente a nosotros mismos. Se han hecho algunos intentos por darle colorido, eco; voltear la tortilla, entusiasmar a toda la gente, no a los mismos que siempre se entusiasman y hacen ruido y nuestros obispos reunidos en nombre de esta Asamblea de creyentes católicos y con la seriedad y solemnidad con que el calendario inmisericorde los congrega no pueden menos de escuchar a su pueblo y en su carta dicen: "Escuchamos con frecuencia el adagio popular de que "la voz del pueblo es la voz de Dios". El pueblo se muestra cansado e inconforme en la falta de ética y de cultura política de muchos de sus dirigentes, a la vez que percibe los grados de corrupción e impunidad cada vez más crecientes. Los escándalos reiterados, la falta de sensibilidad ante los problemas, el lenguaje bajo y soez en las disertaciones públicas; las promesas incumplidas, las actitudes propias del "juega vivo", hacen pensar que aquellos en quienes el pueblo puso su confianza olvidaron a sus electores sirviendo otros intereses. Nos unimos al llamado de las asociaciones cívicas y religiosas para que se llegue a la firma de un "pacto ético" que dé seriedad y credibilidad a los próximos comicios y expresamos nuestra voz de apoyo al Tribunal Electoral", afirman los obispos en el aparte 3 de su comunicado sobre "Desconfianza Popular".
El gran ideal de la democracia es que el electorado esté tan educado que se vea libre de la tan deletérea práctica de la politiquería que siempre utiliza los mismos recursos, mismas tácticas e iguales métodos para que se usan en todas partes, y ocurren las elecciones y siempre pasa lo mismo. Repiten el comentario: Cuando pasan las elecciones, aquellos que se enteraron de tus heridas, de tus problemas, que te preguntaron con aire de sinceridad qué es lo que tenemos que hacer en ésta o aquella comunidad, ni siquiera te devuelven la llamada y se vuelven un mar de excusas, dejándote lo mismo que lo hicieron sus adversarios en el período anterior. Y se repite fatal e inevitablemente la experiencia como si estuviéramos en un eterno remolino. El electorado no debe quemar sus esperanzas confiando en bellas propuestas y exquisitas promesas. Debe discernir y darse cuenta de que tiene obligación a no dejarse ganar con espejitos, que ya pasaron o deben pasar.
El Comunicado se divide en nueve parágrafos: 1. El Centenario, Don de Dios. 2. Compromiso Participativo. 3. Desconfianza Popular. 4. El Seguro Social y el Bien Común. 5. La Comisión de la Verdad. 6. Testigos de la Esperanza. 7. Segundo Congreso Americano Misionero. 8. El grito de la Tierra Darienita y 9. Agradecimientos.
El parágrafo sobre el Seguro Social y el Bien Común hace esta reflexión: "Nos preocupa sobremanera la situación de la Caja de Seguro Social, cuyos programas pueden quedar descapitalizados a la vuelta de pocos años. Mientras tuvo pujanza y lozanía prestó importantes servicios a la nación y aún sigue prestándolos hoy. Sin embargo, todos tenemos la sensación de que es un paciente en situación crítica y en peligro de defunción. Varios han diagnosticado sus males, pero no hay consenso, ni voluntad política para ejecutar los remedios. Urgimos a todos los afectados, gobierno, empresarios y beneficiarios para que con responsabilidad y desprendimiento tomen las medidas necesarias para rescatar nuestra más importante institución de seguridad social". El texto hace eco a lo que los imparciales opinan y han opinado sobre el trauma que hace algunos días sufrió la comunidad capitalina. Lo que en el fondo sigue creyendo la gente es que el colapso nunca ocurrirá, y el editorialista de El Panamá América ( 6 de julio de 2003) califica como algo terrible, porque ni el egoísmo ni el gobierno ni nadie podrá rescatarlo.
Lo que me trato de imaginar es ese día en que a la pléyade de beneméritos (as) panameños (as) que cada 15 días concurren a retirar su cheque de jubilados les digan: No hay. Y los dependientes de ese cheque, ¿qué van a decir entonces? Marchas, tranques, gritar: "Abajo el que sea, pero abajo". Francamente ni pensarlo. Soy de los que confío que tantos graduados de economistas y con fantásticas notas sacarán a relucir su creatividad y sugerirán los correctivos que ahora no queremos ni oír mencionar.
En cuanto al centenario, los Obispos nos reflexionan: "Al cumplir cien años de vida republicana, don legado por las generaciones precedentes, los panameños alabamos y bendecimos al Señor porque estuvo grande con nosotros" y a la vez que empeñamos nuestro esfuerzo para construir para el futuro que queremos y merecemos".
El 6 de septiembre, Fiesta de Santa María la Antigua, asumimos la conmemoración de los 490 años del caminar en la fe, la Iglesia panameña y la celebración de la presencia de la Iglesia católica en cien años de caminar de la República. "Damos gracias a Dios por este primer centenario de vida republicana, cuajado de bendiciones y de enseñanzas, y ponemos en sus manos nuestro futuro. Quédate con nosotros Señor, compañero de camino, junto a Santa María la Antigua, Madre de tu Hijo y de todos los panameños, hoy, como ayer y para siempre". Y firman todos los Obispos.