Migración campesina
Uno de los problemas más importantes que confronta la provincia de Los Santos es su despoblación, producida por la migración hacia diferentes puntos del país. Ningún gobierno se ha ocupado, en los últimos 35 años, en solucionar el crecimiento de la salida de la población santeña para ubicarse en otros lugares.
Ha sido llamativo el éxodo de los santeños porque, en cualquier lugar del país existe una tiendecita que se llama "Santa Librada" o pequeñas comunidades que se denominan "Las Tablas".
Para el grueso de las personas que toman el problema a la ligera, la presencia de los santeños sólo significa deforestación como signo negativo, pero se abstienen de decir que, donde llegan los santeños, es a trabajar y no a vivir de la caridad pública.
Me siento orgullosa de decir que mis paisanos son gente que trabaja de sol a sol y no le tienen miedo a "agachar el lomo", como dicen por allá. Sin embargo, tendríamos que estudiar el motivo de la migración.
Cuando estudiaba en la escuela primaria Belisario Porras de Las Tablas, nos enseñaban el significado de minifundio, el que existía en Los Santos; y latifundio, el que existía en Veraguas. Recuerdo que cada personita, campesino o no, tenía su pequeña parcela de tierra que cultivaba aunque fuera para vivir de su producción y los grandes "terratenientes" tenían uno o dos potreros que se recorrían a caballo en diez minutos.
Como me fui a estudiar fuera del país y luego me radiqué en la capital, no puedo decir cuándo ni cómo comenzó la migración de mis paisanos. Lo que sí puedo decir es que fue porque iban faltando tierras para trabajar o para deforestar.
Pensemos el significado de exilio. Eso ha sido para mis paisanos dejar sus querencias para trasladarse a lugares desconocidos, a veces inhóspitos, a veces difíciles como aquellos donde ellos son colonos, pero alternan con negros e indios. Han ido a la capital a vivir peor de lo que hacían en sus tierras.
222...no puedo decir cuándo ni cómo comenzó la migración de mis paisanos. Lo que sí puedo decir es que fue porque iban faltando tierras para trabajar o para deforestar.
Si bien es cierto que hoy tenemos carnavales de Calle Arriba y Calle Abajo en diferentes lugares y en donde también se celebra el 10 de noviembre, no ha sido fácil para ellos. No existe un lugar en Panamá donde no encontremos aunque sea un enclave santeño. Lo mejor es que ellos arrastran sus costumbres y sus tradiciones que han sembrado por donde van. ¿Quieren un ejemplo? San Miguelito celebra sus fechas gloriosas con tunas, murgas y todas las costumbres santeñas. El 10 de noviembre es grandioso en ese distrito, porque algo más del noventa por ciento de sus habitantes son de allá.
Sin embargo, es preocupante lo que sucede y los gobiernos pasan sin prestar atención. Pero, más preocupante es una pugna que escuché hace unos meses por unas tierras en Tonosí; si no me equivoco, por 500 hectáreas de terreno. Me pregunté: ¿quiere decir que una sola persona es dueña de tanta tierra? Con razón mis paisanos emigran. Ahora tendrán que enseñar a los alumnos de la Belisario Porras que Los Santos entra dentro del latifundio.
No imaginan la tristeza que siento porque, personalmente, no quisiera probar el exilio; personalmente no quisiera cambiar mi casa con mi jardincito y mis árboles de mango en Las Tablas por un cuarto malsano en El Chorrillo donde viven en hacinamiento, llenos de peligro. No obstante, es lo único que encuentran en la búsqueda de un futuro mejor.
Cada día admiro más a mis paisanos, aquella gente entre la cual crecí y aprendí su honestidad, su manera sana de ser, de actuar, su franqueza al hablar y su agudeza para saber hasta dónde está bien o mal.
Hace poco alguien me dijo algo sobre mi palabra escrita y le respondí: soy santeña y no necesito firmar nada, mi palabra basta. Gracias a Dios tengo mi formación de aquella gente y los quiero tanto porque debo agradecer a mis abuelos y a mis padres la educación que me dieron. Hago un llamado a todo Panamá para que se reconozca el esfuerzo y el sacrificio de mis paisanos al emigrar a tierras extrañas y a tratar de que recuperen su provincia.
Ha sido llamativo el éxodo de los santeños porque, en cualquier lugar del país existe una tiendecita que se llama "Santa Librada" o pequeñas comunidades que se denominan "Las Tablas".
Para el grueso de las personas que toman el problema a la ligera, la presencia de los santeños sólo significa deforestación como signo negativo, pero se abstienen de decir que, donde llegan los santeños, es a trabajar y no a vivir de la caridad pública.
Me siento orgullosa de decir que mis paisanos son gente que trabaja de sol a sol y no le tienen miedo a "agachar el lomo", como dicen por allá. Sin embargo, tendríamos que estudiar el motivo de la migración.
Cuando estudiaba en la escuela primaria Belisario Porras de Las Tablas, nos enseñaban el significado de minifundio, el que existía en Los Santos; y latifundio, el que existía en Veraguas. Recuerdo que cada personita, campesino o no, tenía su pequeña parcela de tierra que cultivaba aunque fuera para vivir de su producción y los grandes "terratenientes" tenían uno o dos potreros que se recorrían a caballo en diez minutos.
Como me fui a estudiar fuera del país y luego me radiqué en la capital, no puedo decir cuándo ni cómo comenzó la migración de mis paisanos. Lo que sí puedo decir es que fue porque iban faltando tierras para trabajar o para deforestar.
Pensemos el significado de exilio. Eso ha sido para mis paisanos dejar sus querencias para trasladarse a lugares desconocidos, a veces inhóspitos, a veces difíciles como aquellos donde ellos son colonos, pero alternan con negros e indios. Han ido a la capital a vivir peor de lo que hacían en sus tierras.
222...no puedo decir cuándo ni cómo comenzó la migración de mis paisanos. Lo que sí puedo decir es que fue porque iban faltando tierras para trabajar o para deforestar.
Si bien es cierto que hoy tenemos carnavales de Calle Arriba y Calle Abajo en diferentes lugares y en donde también se celebra el 10 de noviembre, no ha sido fácil para ellos. No existe un lugar en Panamá donde no encontremos aunque sea un enclave santeño. Lo mejor es que ellos arrastran sus costumbres y sus tradiciones que han sembrado por donde van. ¿Quieren un ejemplo? San Miguelito celebra sus fechas gloriosas con tunas, murgas y todas las costumbres santeñas. El 10 de noviembre es grandioso en ese distrito, porque algo más del noventa por ciento de sus habitantes son de allá.
Sin embargo, es preocupante lo que sucede y los gobiernos pasan sin prestar atención. Pero, más preocupante es una pugna que escuché hace unos meses por unas tierras en Tonosí; si no me equivoco, por 500 hectáreas de terreno. Me pregunté: ¿quiere decir que una sola persona es dueña de tanta tierra? Con razón mis paisanos emigran. Ahora tendrán que enseñar a los alumnos de la Belisario Porras que Los Santos entra dentro del latifundio.
No imaginan la tristeza que siento porque, personalmente, no quisiera probar el exilio; personalmente no quisiera cambiar mi casa con mi jardincito y mis árboles de mango en Las Tablas por un cuarto malsano en El Chorrillo donde viven en hacinamiento, llenos de peligro. No obstante, es lo único que encuentran en la búsqueda de un futuro mejor.
Cada día admiro más a mis paisanos, aquella gente entre la cual crecí y aprendí su honestidad, su manera sana de ser, de actuar, su franqueza al hablar y su agudeza para saber hasta dónde está bien o mal.
Hace poco alguien me dijo algo sobre mi palabra escrita y le respondí: soy santeña y no necesito firmar nada, mi palabra basta. Gracias a Dios tengo mi formación de aquella gente y los quiero tanto porque debo agradecer a mis abuelos y a mis padres la educación que me dieron. Hago un llamado a todo Panamá para que se reconozca el esfuerzo y el sacrificio de mis paisanos al emigrar a tierras extrañas y a tratar de que recuperen su provincia.