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Ministros de Dios


Hemos observado gran cantidad de iglesias evangélicas que, con todo derecho y razón, profesan con sus feligreses, en los cultos, sus creencias religiosas y espirituales. Los días de culto, al igual que en las iglesias católicas, recogen sus ofrendas, diezmos lo que nosotros los más viejos denominamos limosna. Tenemos que aceptar que algunas de estas iglesias evangélicas trasmiten a las personas la palabra de Dios contenida en la Biblia, a fin que estas lecciones espirituales y mensajes bíblicos constituyan un dogma de vida. Esa misión debe ampliarse, para que el objetivo no se traduzca únicamente a que el pastor o reverendo lea y explique los mensajes bíblicos desde su púlpito.

Opino que la obra de Dios va más allá de una simple retórica que realiza el reverendo en su congregación; su misión debe complementarse con obras sociales para ayudar, auxiliar a los pobres, a los menesterosos, a los drogadictos, a los delincuentes que precisamente es lo que observamos de Jesús en su caminar haciendo su obra social terrenal frente a los que no tienen nada.

El pastor que no se proyecta con obras sociales y sólo se limita a predicar la palabra de Dios, no está cumpliendo a cabalidad con la misión que debe desarrollar, pues le falta la obra de vida, la solidaridad y la sensibilidad social que predicó y concretó Jesús de Nazaret.

Es necesario que la prédica se transforme en obras concretas de naturaleza social que mejoren la calidad de vida de lo que menos tienen, que son muchos que esperan con fe la ayuda de sus hermanos.

101 años de Panamá América

 
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