Momento para la unidad y la reflexión
Un saludo muy cordial a todos mis lectores, luego de una corta ausencia de la página de Opinión del diario El Panamá América en donde hemos venido a través de muchos años, tratando de contribuir a que el país camine por senderos que lo lleven a su progreso y desarrollo en todos los aspectos de vida; a que nuestro pueblo, día a día, comprenda mejor que la unidad hace la fuerza; que sólo los valores éticos y morales pueden llevarnos a la meta que ambicionamos y se hace necesario que los fortalezcamos con ideas y prácticas en donde sólo esté presente la imagen de la patria, su dignificación y la esencia de lo panameño; a que los dirigentes de los partidos políticos se olviden de los egoísmos, rencores, ambiciones de poder y se dispongan a trabajar animados de las mejores intensiones y comprometidos con una comunidad nacional que sigue esperando respuestas a los grandes problemas que vienen obstaculizando su marcha hacia el bienestar y felicidad de todos los panameños.
He pasado estas últimas semanas en Michigan, Estados Unidos y esta lejanía de este Panamá que tanto queremos, nos ha impedido cumplir con los amables lectores que, en ocasiones, nos expresan su palabra de aliento a fin de continuar en esta tarea que no abandonaremos mientras tengamos vida y el sentido de patria esté metido en nuestro corazón como lo está en estos momentos.
El brutal atentado terrorista contra los Estados Unidos nos sorprendió fuera del país y nos sentimos deprimidos, profundamente afectados en nuestro ser, porque veo como el odio, el egoísmo, la guerra, el crimen y la traición están vigentes en muchos seres humanos que se han propuesto desestabilizar la paz mundial, esa paz y ese amor entre los hombres tan necesario para la felicidad del universo. Allí murieron hispanos, norteamericanos y seres de todos los confines de la tierra, cuyos familiares lloran y solicitan un alto a estos actos infernales de hombres que han perdido la razón y a quienes anima, solamente, la desolación y la muerte. Contra estos movimientos terroristas tenemos que unificarnos y trabajar sin descanso para que la comprensión y el amor surjan para el encuentro de la paz.
Muchos de ustedes, lograron apreciar las imágenes de la televisión, leer los reportajes de toda esta tragedia y estoy seguro de que en su corazón hay un gran dolor que no muy pronto sanará. Viviremos con la angustia, con la desesperanza, con el temor por mucho tiempo y es necesario luchar, a brazo partido para que el mundo logre el entendimiento y la comprensión universal bajo el liderazgo del os grandes demócratas que ya se aprestan a rescatar esa paz tan codiciada. Hoy más que nunca corresponde a todos los hombres y mujeres de Panamá, al gobierno, a las asociaciones cívicas, iglesia i otras, unirnos solidariamente, con vocación de patria para que nuestras actitudes y esfuerzos se orienten hacia esa paz que desean los pueblos civilizados de la tierra, porque, solamente así, será posible superar las dificultades y males que, sin lugar a dudas, sufriremos frente a esta situación anormal que está viviendo el mundo. Es el momento oportuno para invocar a Dios para que nos proteja en tan peligrosa etapa de la historia, de reflexionar en torno al papel que debemos cumplir como buenos panameños y, de esa manera, contribuir a que los acontecimientos acaecidos, sean lo menos perjudiciales para la marcha y futuro de Panamá.
He pasado estas últimas semanas en Michigan, Estados Unidos y esta lejanía de este Panamá que tanto queremos, nos ha impedido cumplir con los amables lectores que, en ocasiones, nos expresan su palabra de aliento a fin de continuar en esta tarea que no abandonaremos mientras tengamos vida y el sentido de patria esté metido en nuestro corazón como lo está en estos momentos.
El brutal atentado terrorista contra los Estados Unidos nos sorprendió fuera del país y nos sentimos deprimidos, profundamente afectados en nuestro ser, porque veo como el odio, el egoísmo, la guerra, el crimen y la traición están vigentes en muchos seres humanos que se han propuesto desestabilizar la paz mundial, esa paz y ese amor entre los hombres tan necesario para la felicidad del universo. Allí murieron hispanos, norteamericanos y seres de todos los confines de la tierra, cuyos familiares lloran y solicitan un alto a estos actos infernales de hombres que han perdido la razón y a quienes anima, solamente, la desolación y la muerte. Contra estos movimientos terroristas tenemos que unificarnos y trabajar sin descanso para que la comprensión y el amor surjan para el encuentro de la paz.
Muchos de ustedes, lograron apreciar las imágenes de la televisión, leer los reportajes de toda esta tragedia y estoy seguro de que en su corazón hay un gran dolor que no muy pronto sanará. Viviremos con la angustia, con la desesperanza, con el temor por mucho tiempo y es necesario luchar, a brazo partido para que el mundo logre el entendimiento y la comprensión universal bajo el liderazgo del os grandes demócratas que ya se aprestan a rescatar esa paz tan codiciada. Hoy más que nunca corresponde a todos los hombres y mujeres de Panamá, al gobierno, a las asociaciones cívicas, iglesia i otras, unirnos solidariamente, con vocación de patria para que nuestras actitudes y esfuerzos se orienten hacia esa paz que desean los pueblos civilizados de la tierra, porque, solamente así, será posible superar las dificultades y males que, sin lugar a dudas, sufriremos frente a esta situación anormal que está viviendo el mundo. Es el momento oportuno para invocar a Dios para que nos proteja en tan peligrosa etapa de la historia, de reflexionar en torno al papel que debemos cumplir como buenos panameños y, de esa manera, contribuir a que los acontecimientos acaecidos, sean lo menos perjudiciales para la marcha y futuro de Panamá.