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Monseñor McGrath en el recuerdo


El lunes 4 de septiembre actual hizo justamente un mes que falleció Monseñor Marcos Gregorio McGrath, Arzobispo Emérito de Panamá. Mi avanzada edad y complicaciones de salud me impidieron asistir al concurrido e imponente sepelio con que fue despedido este extraordinario prelado de nuestra Iglesia Católica. Tampoco intenté publicar algo inmediatamente después de su infausto deceso, pues mis líneas de condolencia habrían pasado, sin duda, inadvertidas entre las numerosas y extensas publicaciones que llenaron los diferentes medios de comunicación con motivo del aciago acontecimiento.
Por otra parte, ocurre en Panamá que en el momento en que se extingue la vida de una ilustra personalidad llueven las expresiones y notas laudatorias sobre el recién desaparecido; y luego, su memoria cae en la indiferencia y, a veces, hasta en el olvido.
Por todo ello, he preferido que transcurriera, al menos, el primer mes del fallecimiento de Monseñor McGrath para hacer mi modesto aporte sobre su relevante persona.
No me extenderé en datos biográficos que ya fueron publicados detalladamente. Me limitaré a consignar algunas apreciaciones personales. Sucede que hice amistad con los hermanos McGrath en la Universidad de Georgetown, Washington, a mediados de 1940. Los hermanos, en orden de edad, eran: Jack (John), Bob (Robert), Eugene y Marc (Marcos Gregorio). Muy pronto Marc, en virtud de su profunda vocación religiosa, pasó a la Universidad de Notre Dame, donde inició su brillante carrera eclesiástica.
Cuando, ya ordenado, regresó Marc a Panamá, tuve la oportunidad de saludarlo en el acto de bienvenida íntima que le brindaron sus hermanos y al cual ellos me invitaron.
La carrera sacerdotal de Monseñor McGrath en nuestro país ha sido recientemente relatada en detalle. No es del caso, por tanto, repetirla ahora. Señalaré, tan sólo, las más importantes posiciones que ocupó. Fue Obispo de Santiago de Veraguas, luego pasó a ser Arzobispo de Panamá y, cuando el agravamiento de una implacable enfermedad le impidió seguir cumpliendo cabalmente los múltiples deberes de la Arquidiócesis, fue designado Arzobispo Emérito, calidad que tuvo hasta el final de sus días.
A pesar de mis escasos conocimientos de cuestiones eclesiásticas y de mi poca capacidad religiosa, pude hacer algunas interesantes observaciones con respecto a la vida ejemplar de Monseñor McGrath.
Ante todo, he de afirmar que Marcos Gregorio McGrath fue a la carrera sacerdotal por auténtica e incoercible vocación religiosa. Esta pureza de fervor católico no ha sido ni es común en los países hispanoamericanos donde el catolicismo ha sido la religión oficial incontrastable. Creo, por ello, que la autenticidad del sentimiento religioso de Monseñor McGrath obedecía, en gran parte, a que sus antepasados inmediatos provenían de Irlanda, país de arraigada y beligerante tradición católica. Es preciso hacer constar que Marcos Gregorio McGrath nació y creció en Panamá y que siempre fue un gran panameño. Pero, reitero que el acendrado catolicismo que profesó, se debió especialmente a su ancestro irlandés, aunque unido, desde luego, a sus especiales dotes personales.
Otra característica excepcional de Monseñor McGrath fue su alto grado de comprensión humana. Severo consigo mismo fue, sin embargo, sumamente comprensivo frente a las debilidades de otras personas. Esta actitud lo distinguió siempre de los seudomoralistas que suelen ser de lo más indulgentes con ellos mismos e intolerantes con respecto a las faltas y defectos de los demás.
Durante el estudio de su carrera sacerdotal, en prestigiosas universidades de los Estados Unidos y de Europa, obtuvo Monseñor McGrath una vasta cultura. Habría podido, por ello, hacer su carrera sacerdotal con singular brillantez en cualquiera de los países donde estudió. Pero él prefirió venir a su tierra natal y afrontar en ella todos los riesgos y sinsabores inherentes a su dura profesión. Precisamente, como Arzobispo de Panamá le tocó hacer frente a una de las etapas más adversas de la vida nacional: la dictadura militar. Voceros de ella se dedicaron a vilipendiarlo y hostilizarlo. Por ello, su labor fue tanto más difícil y complicada. Con todo, logró cumplir su misión con tenaz valentía. De esta manera llevó a cabo una valiosa y meritoria obra de afirmación católica nacional. Por ella debemos estar agradecidos todos los que propiciamos la identidad cultural de nuestro país.

101 años de Panamá América

 
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