"Narcos, Banqueros & Criminales"
Un carro blindado regalado a un alto funcionario; fiestas y parrandas con despampanantes invitadas. Paseos en yates con mucha champaña, eso sí, de la francesa; costosos obsequios de oro y plata. Atractivos honorarios para abrir cuentas bancarias y por constituir sociedades, fundaciones y fideicomisos. Diputados que le facilitan -al menos les prometen- lo que quieran a mafiosos. Aviones particulares que llegan de México repletos de hediondos billetes que nadie revisa; cuantiosos decomisos que se desaparecen. Expedientes que se cierran por arte de birlibirloque o prófugos que no buscaron bien y que aparecen con enfermedades que oficialmente nadie certifica. Detectives con certificados brujos, cuando no envenenados a muerte. Magistrados, jueces y fiscales investigados y otros que nadie investiga. La lista podría seguir y contribuiría a llenarla el mismo Embajador gringo.
Si bien, además del Canal, nos van conociendo por las bellezas de Boquete, Coronado, El Valle, los rascacielos y los gigantescos "malls", que dicen estamos entre los cinco países más felices del mundo, también nos conocen por lo que hacemos felices -y muy ricos- a otros en otros campos: pedofilia, narcotráfico, lavado de dinero, traficantes de influencia, juega vivos.
El libro "Narcos, Banqueros & Criminales", que adquirí en la Argentina, del periodista investigativo Juan Salinas (Editorial Punto de Encuentro, 2da edición, junio 2006), dedica varias líneas a Panamá. Las únicas buenas a la abogada Maritza Royo que siendo Fiscal Primera Superior, decidió reabrir el caso de Alas Chiricanas (pág. 194), que nadie supo que pasó después. Las otras reflejan el Panamá que a veces no queremos ver: aquél en donde Salinas describe como el del "obeso pelele" que asumió el poder después de la invasión y que, "después de un breve interregno, sin embargo, el lavado de dinero procedente de la venta de drogas se multiplicó" (pág. 30). Según el interesante libro, Noriega -el mismo al que Bush padre toleraba todos los negocios sucios en que estaba- dejó de serle útil a la CIA porque -cuando se lo exigieron- se negó a romper su relación de doble agente con Cuba, llegando inclusive a compartir con los cubanos informaciones de los norteamericanos a las que tenía como jefe del ejército panameño.
Lo que se describe más que preocupante, da miedo. Terror de que nuestra sociedad, al igual ocurre en otras, se reparta entre los poderosos del dinero, las drogas y otros criminales, como bien se desarrolla en el comentado libro, y que termina siendo una sociedad al servicio del crimen organizado, al que todos los sectores de la sociedad -en una forma u otra- le rinden pleitesía y son sometidos a sus inconfesables deseos.
La seguridad en Panamá está en peligro desde diciembre de 1989. Antes simplemente no existía, porque la misma era "administrada", según los intereses del momento que todos giraban en aquellos de Noriega y sus adláteres. Los esfuerzos iniciales por reestructurar la seguridad pública en Panamá en torno a su profesionalización, del lado civil dirigidos por Ricardo Arias Calderón, Ebrahim Asvat y Raúl Arias de Para, y del policial por Fernando Quezada, Arístides Valdonedo y Milton Castillo, entre otros oficiales, comenzaron a resquebrajarse a la salida del PDC del gobierno en abril de 1991, con el nombramiento de un militante arnulfista en la jefatura policial, obligado a renunciar cinco meses después por participar en acto político partidista.
Después de ello, los jefes policiales han sido como los jefes de escoltas del Presidente de turno, por lo que los asuntos propios de la Policía no han sido de su particular interés y por eso su permanente desmadre. Con Pérez Balladares se nombró a uno que legalmente no podía serlo, cuyas credenciales eran el haber estado en el asalto de Bahía Cochinos y por caprichos se quitó a la PTJ de la supervisión del Ministerio Público, dejándola sin controles, como ahora todos se lamentan. Con Moscoso, llegó uno cuyas credenciales eran las de conductor-guardaespaldas de Arnulfo Arias. El presente gobierno ya lleva dos en el cargo, pareciendo que el último le toca percatarse de todo lo que se ha acumulado en 16 años de desgreño y malas mañas dentro de la institución policial, ajenos a los propósitos iniciales de profesionalización de la gente de Arias Calderón.
No basta con decir que hay que cambiar al director de la PTJ, meter a varios policías corruptos presos o remover a tal o cual Fiscal o comprar más armamento y patrullas; se requiere de algo mucho más profundo que eso. Se debe tomar la decisión de poner gente preparada y capaz al frente a los organismos de seguridad, como recientemente se hizo en la Superintendecia Bancaria, que desarrolle un plan de seguridad ciudadana a corto, mediano y largo plazo, con la participación de todos los sectores de la sociedad. Se debe tomar la decisión de dotar finalmente de los recursos económicos y técnicos que requiera el Órgano Judicial y el Ministerio Público, el cual incluye la PTJ y, sobre todo, se debe tomar la decisión en los más altos niveles del gobierno que finalmente -aunque con dos años de atraso- se va a aplicar la promesa de campaña de "Más Seguridad, Más Empleos y Cero Corrupción". En esa forma evitaremos que alguien escriba nada sobre Narcos, Banqueros & Criminales.
gcochez@cableonda.net
Afuera del mercado los compradores y vendedores se agrupan como un pequeño hormiguero, que aunque a simple vista puede parecer desordenado, no lo es, pues cada uno sabe hacia dónde va y en ese mundo Inés tiene su espacio.
En el puesto de venta de Inés, desde tempranas horas de la mañana tienen listos 18 sabores de chichas, incluyendo naranja, naranja con raspadura, zanahorias y la chicha "rompellín", preparada con frutas y con un toque de vino, que dicen, es un afrodisíaco.
Las nuevas y modernas estructuras del Mercado de San Felipe Neri fueron inauguradas el pasado 24 de enero, bajo estrictas medidas de sanidad.
"Ahora estoy procurando traer comida de mi casa todos los días y hacer mis diligencias a la salida", dijo uno.
Actualmente el Ministerio de Obras Públicas (MOP) se mantiene realizando arreglos de calles en las principales vías del distrito de Panamá como por ejemplo la Frangipanni, San Francisco, Bethania, Tumba Muerto y Calidonia.
Para no verse envuelto en un tranque vehicular por cierre de calles, evite pasar al mediodía por la Transístmica, a la altura del Edificio Bolívar y al frente del Complejo Hospitalario de la Caja del Seguro Social, ya que en esos puntos la ANFACSS se mantiene realizando piqueteos.
Si bien, además del Canal, nos van conociendo por las bellezas de Boquete, Coronado, El Valle, los rascacielos y los gigantescos "malls", que dicen estamos entre los cinco países más felices del mundo, también nos conocen por lo que hacemos felices -y muy ricos- a otros en otros campos: pedofilia, narcotráfico, lavado de dinero, traficantes de influencia, juega vivos.
El libro "Narcos, Banqueros & Criminales", que adquirí en la Argentina, del periodista investigativo Juan Salinas (Editorial Punto de Encuentro, 2da edición, junio 2006), dedica varias líneas a Panamá. Las únicas buenas a la abogada Maritza Royo que siendo Fiscal Primera Superior, decidió reabrir el caso de Alas Chiricanas (pág. 194), que nadie supo que pasó después. Las otras reflejan el Panamá que a veces no queremos ver: aquél en donde Salinas describe como el del "obeso pelele" que asumió el poder después de la invasión y que, "después de un breve interregno, sin embargo, el lavado de dinero procedente de la venta de drogas se multiplicó" (pág. 30). Según el interesante libro, Noriega -el mismo al que Bush padre toleraba todos los negocios sucios en que estaba- dejó de serle útil a la CIA porque -cuando se lo exigieron- se negó a romper su relación de doble agente con Cuba, llegando inclusive a compartir con los cubanos informaciones de los norteamericanos a las que tenía como jefe del ejército panameño.
Lo que se describe más que preocupante, da miedo. Terror de que nuestra sociedad, al igual ocurre en otras, se reparta entre los poderosos del dinero, las drogas y otros criminales, como bien se desarrolla en el comentado libro, y que termina siendo una sociedad al servicio del crimen organizado, al que todos los sectores de la sociedad -en una forma u otra- le rinden pleitesía y son sometidos a sus inconfesables deseos.
La seguridad en Panamá está en peligro desde diciembre de 1989. Antes simplemente no existía, porque la misma era "administrada", según los intereses del momento que todos giraban en aquellos de Noriega y sus adláteres. Los esfuerzos iniciales por reestructurar la seguridad pública en Panamá en torno a su profesionalización, del lado civil dirigidos por Ricardo Arias Calderón, Ebrahim Asvat y Raúl Arias de Para, y del policial por Fernando Quezada, Arístides Valdonedo y Milton Castillo, entre otros oficiales, comenzaron a resquebrajarse a la salida del PDC del gobierno en abril de 1991, con el nombramiento de un militante arnulfista en la jefatura policial, obligado a renunciar cinco meses después por participar en acto político partidista.
Después de ello, los jefes policiales han sido como los jefes de escoltas del Presidente de turno, por lo que los asuntos propios de la Policía no han sido de su particular interés y por eso su permanente desmadre. Con Pérez Balladares se nombró a uno que legalmente no podía serlo, cuyas credenciales eran el haber estado en el asalto de Bahía Cochinos y por caprichos se quitó a la PTJ de la supervisión del Ministerio Público, dejándola sin controles, como ahora todos se lamentan. Con Moscoso, llegó uno cuyas credenciales eran las de conductor-guardaespaldas de Arnulfo Arias. El presente gobierno ya lleva dos en el cargo, pareciendo que el último le toca percatarse de todo lo que se ha acumulado en 16 años de desgreño y malas mañas dentro de la institución policial, ajenos a los propósitos iniciales de profesionalización de la gente de Arias Calderón.
No basta con decir que hay que cambiar al director de la PTJ, meter a varios policías corruptos presos o remover a tal o cual Fiscal o comprar más armamento y patrullas; se requiere de algo mucho más profundo que eso. Se debe tomar la decisión de poner gente preparada y capaz al frente a los organismos de seguridad, como recientemente se hizo en la Superintendecia Bancaria, que desarrolle un plan de seguridad ciudadana a corto, mediano y largo plazo, con la participación de todos los sectores de la sociedad. Se debe tomar la decisión de dotar finalmente de los recursos económicos y técnicos que requiera el Órgano Judicial y el Ministerio Público, el cual incluye la PTJ y, sobre todo, se debe tomar la decisión en los más altos niveles del gobierno que finalmente -aunque con dos años de atraso- se va a aplicar la promesa de campaña de "Más Seguridad, Más Empleos y Cero Corrupción". En esa forma evitaremos que alguien escriba nada sobre Narcos, Banqueros & Criminales.
gcochez@cableonda.net
Afuera del mercado los compradores y vendedores se agrupan como un pequeño hormiguero, que aunque a simple vista puede parecer desordenado, no lo es, pues cada uno sabe hacia dónde va y en ese mundo Inés tiene su espacio.
En el puesto de venta de Inés, desde tempranas horas de la mañana tienen listos 18 sabores de chichas, incluyendo naranja, naranja con raspadura, zanahorias y la chicha "rompellín", preparada con frutas y con un toque de vino, que dicen, es un afrodisíaco.
Las nuevas y modernas estructuras del Mercado de San Felipe Neri fueron inauguradas el pasado 24 de enero, bajo estrictas medidas de sanidad.
"Ahora estoy procurando traer comida de mi casa todos los días y hacer mis diligencias a la salida", dijo uno.
Actualmente el Ministerio de Obras Públicas (MOP) se mantiene realizando arreglos de calles en las principales vías del distrito de Panamá como por ejemplo la Frangipanni, San Francisco, Bethania, Tumba Muerto y Calidonia.
Para no verse envuelto en un tranque vehicular por cierre de calles, evite pasar al mediodía por la Transístmica, a la altura del Edificio Bolívar y al frente del Complejo Hospitalario de la Caja del Seguro Social, ya que en esos puntos la ANFACSS se mantiene realizando piqueteos.