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Náufragos a la deriva 


"La educación es cosa de la voluntad". No podemos hablar de Dios con el estómago vacío, decía el Padre Jaime Gleason, CM., cuando llevaba víveres a los campesinos de Monteverde, en Puerto Armuelles, cada vez que iba a celebrar la misa. La nutrición es el elemento básico para prolongar la vida y activar las funciones orgánicas, en especial, las facultades de la mente.

Son múltiples y de muy variada índole los males que aquejan a la educación panameña. El perenne forcejeo y el estado de conflictualidad entre el Gobierno, los docentes y los estudiantes perturban la continuidad de la escolaridad y nos dicen que alguno, o todos ellos, no están haciendo correctamente su parte.

Terminada la clase presencial, los estudiantes salen de la jurisdicción del docente y quedan expuestos a las perversiones de la sociedad civil. La parte más vulnerable del proceso educativo está en la inconsistencia del estatus de estudiante. Un torrente de circunstancias, como en organizada conjura, agobia la vida estudiantil: Vida social descarriada, hogar anárquico, débiles conocimientos, no estudian las tres horas requeridas por día, vocabulario pobre y como consecuencia, no entienden cabalmente lo que leen; son memoristas; odian los libros; carecen de ideales, de sacrificio; conscientes de su mediocridad y futuro incierto buscan desahogo en el alcohol, la droga, la sexualidad precoz, la delincuencia. Unos 125 mil jóvenes de entre 15 y 29 años están atrapados en el ocio sin estudiar ni trabajar (Panamá América, 19-9-2008).

La crisis educativa ha pasado de grave a pavorosa, si se tiene en cuenta la pérdida de valores de los que, como se decía antes, son la reserva moral de la Patria, los líderes que en un futuro cercano asumirán la responsabilidad del bienestar de nuestra Nación.

El régimen educativo ha descuidado el desarrollo humano, pero ha hecho grandes avances en enseñar cómo hacer dinero y dominar el mundo, en formar individuos con piel y apetito de lagarto, y líderes guerreristas que mantienen al planeta ardiendo.

Se está pagando caro el error de separar el proceso humano del proceso educativo. Se ha olvidado que el educador básico es la sociedad, según Faure. No puede el enseñador sembrar docencia en estudiantes que quieren, antes que todo, respuestas a sus necesidades del alma, que no pueden dar los libros (Estela Ruiz Larraguível, Revista Perfiles Educativos, UNAM, México).

La obsolescencia está presente con textos que son retazos de segunda mano, de otros retazos de textos de segunda mano, que ofrece el mundo de los doctos (Alfred North Whitehead, La Escuela ha Muerto, Alternativas en Materia de Educación). ¿Qué estudiar y con qué fines, si la educación no rompe las estructuras de la opresión? Una pregunta en pie para la pedagogía.

La falta de educación balanceada es la causa del hambre crónica en los barrios pobres y en las áreas campesinas e indígenas, que viene en arrastre desde el vientre materno generación tras generación, probable responsable de daños irreversibles en las facultades mentales del individuo. Hay hambre de todo. De justicia, trabajo, salud, moralidad, seguridad, relaciones afectivas, coraje para oponerse al neofeudalismo, y sobre todo, está la madre de todas las hambres, el hambre de la educación transformadora de la sociedad.

101 años de Panamá América

 
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