No al militarismo
El golpe de Estado de 1968, que derrocó al presidente Arnulfo Arias Madrid once días después de su toma de posesión, y llevó a los militares al poder, no se cuajó de la noche a la mañana. No fue producto de un impulso repentino.
Al contrario, llevaba décadas fraguándose a la sombra y también en descampado. Los políticos profesionales de todos los bandos no se percataron porque, como hoy, su atención estaba en asuntos particulares, en el afán de lucro y de poder.
Si los asuntos públicos no son abordados con diligencia, alguna organización o persona llena tarde o temprano los vacíos. Eso fue lo que ocurrió en aquellos años, y podría pasarnos hoy.
El robustecimiento de las instituciones, el diseño de un plan nacional de desarrollo, allende los partidos y sus caciques, la visión de país para los próximos cien años o más, con base en la Educación, sin políticos al mando..., Sólo así evitaremos caer en manos de esos que, sigilosos, parecen estar fraguando algo.