No habrá Constituyente
Después del nombramiento de un oscuro personaje en el equipo de transición del presidente electo que mereció fuertes críticas y de la divulgación de tres futuros miembros del Gabinete, lo cual recibió elogios en términos generales, me sentía seguro que no tardarían las críticas con base en los nombres de otros miembros del futuro gabinete. Una vez más me equivoqué. Las críticas más rotundas se las lleva el sorpresón de unas reformas constitucionales que serían aprobadas en dos legislaturas distintas, pero formadas por muchos politiqueros de siempre. ¿O sería más benévolo llamarlos paviolas?
Pueden dorar la píldora como quieran, pero tales reformas habían sido anunciadas por Jerry sin Tom, hace rato, y las mismas eran la contrapropuesta a la convocatoria de una Constituyente paralela, cuya quinta papeleta firmó el presidente electo. Aquello de la inclusión en la nueva Constitución de un método de convocación de una constituyente es para los mensos y, por lo menos así creo, el tiempo de los bobos se acabó. Nadie me puede hacer creer que los no tan honorables legisladores del sistema seudodemocrático que se nos ha impuesto van a promulgar preceptos constitucionales que signifiquen cuchillo para sus propios pescuezos.
Y la sorpresa no para ahí. La presidenta saliente anuncia una reunión para asegurarse de que las reformas van a ser producto de un amplio consenso nacional. En fin, no sé si esto es una extensión del pacto MAMI, o del civilismo, o del liderazgo presidencial que sufrió honda mella cuando realizó toda clase de proselitismo, respaldada por el Tribunal Electoral, pero que limitó el accionar de su candidato presidencial preferido, por no decir que lo nulificó. Esa conducta le restó quilates de dirigente y ahora quiere volver por sus fueros.
Y se ahonda la sorpresa. Un respetado intelectual me comentó que Endara ha dado una opinión pálida al respecto y ha evitado insistir en una Constituyente paralela cuando esto es precisamente lo que desea el pueblo que es, en una verdadera democracia, el soberano. De modo que el presidente electo, la presidenta y la figura opositora más sobresaliente, antes del 2 de mayo, parecieran confabularse, cada uno por su lado y dirección, para que autoritariamente se aprueben reformas constitucionales en un ambiente que yo denominaría "Corre que me calcino".
Tengo la impresión que el presidente electo está renegando de una promesa en una etapa muy temprana, previa a su ascenso al poder. Su Constitución reformada sería otra imposición del bipartidismo que está arrasando con el país y que no poca culpa tiene por la corrupción rampante que sufrimos los panameños, no sólo en las alturas del gobierno y de la supuesta oposición sino, lamentablemente, la estamos presenciando en los actos criminales que están protagonizando unos pocos mozalbetes que se dicen estudiantes, y que cometen actos que rayan en el salvajismo, y que raras veces son castigados, ni siquiera para sentar el ejemplo. Y ni hablemos de las bellezas que observamos entre pudientes accionistas de entes privados también de altura. En fin, aquí no parece haber papá pa´mama ni viceversa.
Ante tan paupérrimo panorama, ahora sí me preocupa que se nombre a un entorchado como director de la Fuerza Pública y que lo más probable que reciba el respaldo del coloso, el cual está empeñado en guerrear contra el terrorismo que muestra sus fieros tentáculos en variadas regiones del mundo.
Opino que el terrorismo más próximo a los panameños es el salvajismo que despliegan los más disímiles sectores de la opinión pública. Si las mayorías nacionales luchan y derrotan el mentado salvajismo, estaremos dando los primeros pasos realmente efectivos para mantener el terrorismo alejado de nuestra tierra. De otra manera, que siga el fiesto, que sigan sorprendiéndonos y que sigan pasando agachados. Bueno, si van a hacer lo que les da la gana, que paguen las malhadadas reformas con los subsidios electorales que se han concedido. ¡Pobre Panamá!
Pueden dorar la píldora como quieran, pero tales reformas habían sido anunciadas por Jerry sin Tom, hace rato, y las mismas eran la contrapropuesta a la convocatoria de una Constituyente paralela, cuya quinta papeleta firmó el presidente electo. Aquello de la inclusión en la nueva Constitución de un método de convocación de una constituyente es para los mensos y, por lo menos así creo, el tiempo de los bobos se acabó. Nadie me puede hacer creer que los no tan honorables legisladores del sistema seudodemocrático que se nos ha impuesto van a promulgar preceptos constitucionales que signifiquen cuchillo para sus propios pescuezos.
Y la sorpresa no para ahí. La presidenta saliente anuncia una reunión para asegurarse de que las reformas van a ser producto de un amplio consenso nacional. En fin, no sé si esto es una extensión del pacto MAMI, o del civilismo, o del liderazgo presidencial que sufrió honda mella cuando realizó toda clase de proselitismo, respaldada por el Tribunal Electoral, pero que limitó el accionar de su candidato presidencial preferido, por no decir que lo nulificó. Esa conducta le restó quilates de dirigente y ahora quiere volver por sus fueros.
Y se ahonda la sorpresa. Un respetado intelectual me comentó que Endara ha dado una opinión pálida al respecto y ha evitado insistir en una Constituyente paralela cuando esto es precisamente lo que desea el pueblo que es, en una verdadera democracia, el soberano. De modo que el presidente electo, la presidenta y la figura opositora más sobresaliente, antes del 2 de mayo, parecieran confabularse, cada uno por su lado y dirección, para que autoritariamente se aprueben reformas constitucionales en un ambiente que yo denominaría "Corre que me calcino".
Tengo la impresión que el presidente electo está renegando de una promesa en una etapa muy temprana, previa a su ascenso al poder. Su Constitución reformada sería otra imposición del bipartidismo que está arrasando con el país y que no poca culpa tiene por la corrupción rampante que sufrimos los panameños, no sólo en las alturas del gobierno y de la supuesta oposición sino, lamentablemente, la estamos presenciando en los actos criminales que están protagonizando unos pocos mozalbetes que se dicen estudiantes, y que cometen actos que rayan en el salvajismo, y que raras veces son castigados, ni siquiera para sentar el ejemplo. Y ni hablemos de las bellezas que observamos entre pudientes accionistas de entes privados también de altura. En fin, aquí no parece haber papá pa´mama ni viceversa.
Ante tan paupérrimo panorama, ahora sí me preocupa que se nombre a un entorchado como director de la Fuerza Pública y que lo más probable que reciba el respaldo del coloso, el cual está empeñado en guerrear contra el terrorismo que muestra sus fieros tentáculos en variadas regiones del mundo.
Opino que el terrorismo más próximo a los panameños es el salvajismo que despliegan los más disímiles sectores de la opinión pública. Si las mayorías nacionales luchan y derrotan el mentado salvajismo, estaremos dando los primeros pasos realmente efectivos para mantener el terrorismo alejado de nuestra tierra. De otra manera, que siga el fiesto, que sigan sorprendiéndonos y que sigan pasando agachados. Bueno, si van a hacer lo que les da la gana, que paguen las malhadadas reformas con los subsidios electorales que se han concedido. ¡Pobre Panamá!