No hay terrorismo bueno
A más de 500 ascendería el saldo de muertos del brutal ataque terrorista protagonizado por rebeldes separatistas chechenos a una escuelita de Belsán, Rusia, sin contar los heridos que exceden esa cifra. Y a medida que se publican los detalles de la masacre y las vejaciones previas a que fueron sometidas las víctimas, en su mayoría niños de corta edad, algunos padres y maestros, crece la repulsa e indignación mundial.
No hay terrorismo bueno, ni terrorismo malo, como bien dijo el nuevo presidente panameño, Martín Torrijos, en su discurso inaugural. Sólo hay terrorismo a secas, que debe ser despreciado y combatido, no importa su origen ni las supuestas causas que enarbolen. Hoy, más que nunca, cobra validez la máxima: El fin no justifica los medios. Eso, si es que hay un fin, porque - como están las cosas - hoy hay terrorismo por el mero afán de destruir, matar y causar terror. Es el prurito nihilista de acabar con todo orden, de subvertir todo equilibrio y armonía.
El célebre y romántico guerrillero de los 50 y 60, Ernesto "Che" Guevara, decía en su libro "Guerra de Guerrillas", que los terroristas, que mataban y plantaban bombas indiscriminadamente, no merecían el título de "guerrilleros" -sitial que reservaba para lo más excelso de la especie humana- sino el de vulgares asesinos. Su guerra era contra los ejércitos, a los que veía como brazo armado de dictadores y opresores; y aún así, su famoso "Diario" en Bolivia, recoge el relato de capturas de veintenas de soldados enemigos, a quienes libera luego sanos y salvos, tras una arenga revolucionaria. Ahora los decapitan.
El terrorismo ha alcanzado hoy niveles inhumanos de degradación, en la forma de limpieza étnica, como las que se practicó en la antigua Yugoeslavia y que se sigue practicando en Africa. Igual de repugnante es el terrorismo disfrazado de independentismo vasco de la banda ETA. No menos lo fueron los atentados perpetrados contra el turismo extranjero en Cuba, a cargo de terroristas centroamericanos entrenados y pagados por extremistas del exilio. Cuando los iban a fusilar, sus respectivos gobiernos clamaron por la clemencia que no tuvieron por sus víctimas inocentes.
No, no hay terrorismo bueno. Preferimos llamar a sus protagonistas monstruos. No importa si derribaron un avión cargado de atletas, ni si hicieron volar por los aires a Orlando Letelier y a su secretaria norteamericana; no importa si calcina a 100 mil civiles de un solo fogonazo en Hiroshima, ni si derriba la Torres Gemelas con su carga de gente inocente, ni si hace explotar un bus o un tren de pasajeros, ni si tiene por objetivo militar a niñitos de primaria en una feria escolar, ni si se decapita a periodistas. No importa sus fines, ni sus causas -si la tienen-, todos son despreciables.
El traslado de la casa al trabajo y del trabajo a la casa de un funcionario no es diligencia oficial, y peor si usan conductor.
Ni un carro exonerado más, ni para legisladores, ni suplentes, ni magistrados supremos ni electorales.
Cuidado y pasamos de B/. 30 millones al año con estas medidas de austeridad y moral en lugar de los diez millones que le quería aportar.
Ojalá los "neopatriotas" me sorprendan, por el bien de Panamá. Pero no apostaría ni un real a que lo harán. No es bueno apostar, pero no lo harán.
No hay terrorismo bueno, ni terrorismo malo, como bien dijo el nuevo presidente panameño, Martín Torrijos, en su discurso inaugural. Sólo hay terrorismo a secas, que debe ser despreciado y combatido, no importa su origen ni las supuestas causas que enarbolen. Hoy, más que nunca, cobra validez la máxima: El fin no justifica los medios. Eso, si es que hay un fin, porque - como están las cosas - hoy hay terrorismo por el mero afán de destruir, matar y causar terror. Es el prurito nihilista de acabar con todo orden, de subvertir todo equilibrio y armonía.
El célebre y romántico guerrillero de los 50 y 60, Ernesto "Che" Guevara, decía en su libro "Guerra de Guerrillas", que los terroristas, que mataban y plantaban bombas indiscriminadamente, no merecían el título de "guerrilleros" -sitial que reservaba para lo más excelso de la especie humana- sino el de vulgares asesinos. Su guerra era contra los ejércitos, a los que veía como brazo armado de dictadores y opresores; y aún así, su famoso "Diario" en Bolivia, recoge el relato de capturas de veintenas de soldados enemigos, a quienes libera luego sanos y salvos, tras una arenga revolucionaria. Ahora los decapitan.
El terrorismo ha alcanzado hoy niveles inhumanos de degradación, en la forma de limpieza étnica, como las que se practicó en la antigua Yugoeslavia y que se sigue practicando en Africa. Igual de repugnante es el terrorismo disfrazado de independentismo vasco de la banda ETA. No menos lo fueron los atentados perpetrados contra el turismo extranjero en Cuba, a cargo de terroristas centroamericanos entrenados y pagados por extremistas del exilio. Cuando los iban a fusilar, sus respectivos gobiernos clamaron por la clemencia que no tuvieron por sus víctimas inocentes.
No, no hay terrorismo bueno. Preferimos llamar a sus protagonistas monstruos. No importa si derribaron un avión cargado de atletas, ni si hicieron volar por los aires a Orlando Letelier y a su secretaria norteamericana; no importa si calcina a 100 mil civiles de un solo fogonazo en Hiroshima, ni si derriba la Torres Gemelas con su carga de gente inocente, ni si hace explotar un bus o un tren de pasajeros, ni si tiene por objetivo militar a niñitos de primaria en una feria escolar, ni si se decapita a periodistas. No importa sus fines, ni sus causas -si la tienen-, todos son despreciables.
El traslado de la casa al trabajo y del trabajo a la casa de un funcionario no es diligencia oficial, y peor si usan conductor.
Ni un carro exonerado más, ni para legisladores, ni suplentes, ni magistrados supremos ni electorales.
Cuidado y pasamos de B/. 30 millones al año con estas medidas de austeridad y moral en lugar de los diez millones que le quería aportar.
Ojalá los "neopatriotas" me sorprendan, por el bien de Panamá. Pero no apostaría ni un real a que lo harán. No es bueno apostar, pero no lo harán.