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No necesitamos más policías, necesitamos más pueblo


Señor Presidente, usted tiene razón; el gobierno no puede resolver todos los problemas que estamos viviendo. Sin embargo, el gobierno sí puede apoyar esta tarea de una manera muy importante. Esta situación que estamos viviendo es problema de la familia, de la que tanto hablamos; pero desprotegemos cada vez más. Esa familia que es la primera escuela de valores en donde se construyen las estructuras de la personalidad, los principios y la moral de cada individuo.
Los cambios familiares constituyen hoy por hoy, los cambios sociales de mayor calado en el desarrollo de cualquier sociedad, nos dice José Pérez Adán. Los problemas que estamos teniendo hoy en día, están ahí, porque hemos querido equiparar la felicidad con el placer, porque queremos poner el Yo antes que el nosotros; buscar la satisfacción sin esfuerzo; el placer como objetivo en nuestras vidas y faltar al respeto pidiendo a la vez que se nos respete invocando tolerancia.
Los problemas de hoy posiblemente se deban a querer vivir según lo propuesto por Giddens años atrás: "vivir en una cultura en donde se reduce la razón a la pura razón analítica, llevándonos a el individualismo que es la cultura en donde la libertad se confunde con ser independientes de los demás, de Dios y de la naturaleza". Es la búsqueda exclusiva del bien propio como el origen de la felicidad colectiva, lo cual sólo puede llevar a la destrucción de la sociedad y a la total anarquía, teniendo tantos gobiernos como personas tenga el país.
Ante esta proposición egoísta nace lo que se llamó Comunitarismo, que denuncia el individualismo como algo pernicioso y antisocial; esta postura es una lógica connotación de contrapeso a la cultura de la imagen, de lo plástico y de los perfiles y contornos que capta el ojo; es decir, a esta cultura de lo superficial.
Amitai Etzioni, máximo representante del comunitarísmo, nos dice algo que le cae al pelo a Panamá en estos días: "hace falta más pueblo y menos policía para erradicar crímenes e insolidaridad", refiriéndose a ese pueblo que es la comunidad que no se ve, pero sin la cual no podríamos ni siquiera caminar erguidos; esa comunidad cuyo eje esencial es la familia que clama para que le ayuden a resolver sus problemas y que clama para que la atiendan. Esta es la familia panameña, tan echada a menos en estos días, tan destruida, tan menospreciada; esa comunidad que lo nombró a usted como su Presidente y que también escogió a sus legisladores.
Señor Presidente, señores diputados, el gobierno no puede resolver todos los problemas sociales, pero la comunidad con su ayuda sí que los puede resolver o, por lo menos, mejorarlos en gran medida. Promocionen la importancia del núcleo familiar unido y promuevan los valores morales de sus miembros desde las escuelas. Revivan la Escuela de Padres y háganla efectiva, tomando de referencia a otros países con experiencia, aprobando leyes de apoyo a las familias, como por ejemplo la de conciliación laboral y familiar; fortaleciendo la unidad familiar con programas exitosos como el de las empresas (gobiernos) familiarmente responsables; y también ayudando a los organismos de apoyo a las familias, para que realicen las tareas que el gobierno no ha podido realizar. Según Pérez Adán, hay que devolverle cuotas de soberanía a la familia, soberanía en áreas de educación sexual, educación moral y de creación de principios y así, esta soberanía puede ser concebida con reconocimiento y beneficio social.
Señor Presidente, señores diputados, no tenemos que crear nada nuevo, sólo tenemos que revisar y adaptar experiencias de hermanos países que han tenido resultados provechosos en la educación en el amor y en el respeto a la dignidad humana. Hagan ustedes la diferencia en la solución de los problemas sociales presentes y futuros de nuestro querido país. "Sin un acuerdo básico sobre lo que constituye y conforma una familia no se pueden argumentar ni sólidas políticas ni una básica mejora social", Etzioni.
(*) Directivo el Instituto Panameño de Educación Familiar (IPEF).

101 años de Panamá América

 
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