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"No te queremos aquí"


EL PASADO 9 de octubre (¡vaya fecha!) en entrevista que le hiciese este diario, el señor Rector de Universidad de Panamá contestó a la pregunta: ¿Por qué se declaró al profesor Miguel Antonio Bernal "non grato"?, afirmando que: "Esa fue una decisión del Consejo General Universitario. La resolución se sometió a votación, 75 personas votaron a favor y sólo hubo un voto en contra. Se trata de una sanción moral donde la Universidad dice "no te queremos aquí".
Al leer esa respuesta no pude evitar recordar cuando el 19 de octubre de 1976, al regresar de un viaje a Francia, fui abordado por un agente del G-2 del ya entonces tenebroso Noriega y de la dictadura de Torrijos y al mismo tiempo que se me confiscó el pasaporte y se me condujo primero, a una oficina del viejo aeropuerto de Tocumen y luego -detenido- al cuartel de Los Pumas, se me manifestó que sería expulsado del país porque "no te queremos aquí". Fui exiliado. Entonces, el hoy rector había sido nombrado de a dedo, en la Universidad intervenida como Decano de Humanidades en 1970 y era ya- desde 1972 vicerrector académico, en pleno apogeo de la dictadura.
Años más tarde, el 10 de octubre de 1987, fui forzado a abandonar mi país nuevamente. Mi activa participación en la lucha contra la dictadura, me había ocasionado desde el primer día: múltiples heridas de perdigones en el rostro, se me había acusado de haber quemado el almacén Danté, se me atropelló con un automóvil conducido por un G-2 y tuvieron que enyesarme la pierna, se amenazó de muerte a mi hijo de entonces seis años, se allanó a patadas mi apartamento por parte del G-2 y como me les escapé, se me hizo saber de parte del general Noriega que: "no te queremos aquí". También para entonces, el hoy rector había sido nombrado -de a dedo-, desde 1983 embajador en Brasil, no sin antes haber pasado por la Gerencia de la Zona Libre y de la Lotería. Todo ello en pleno apogeo del noriegato.
No me voy a privar de recordar que, el 19 de diciembre de 1979, se me apaleó a morir frente a la Iglesia Don Bosco. Era una manera de los gobernantes de turno de ensañarse contra mí por el papel que, como Asesor Jurídico de los educadores, desempeñé durante los dos meses de huelga. Mientras me apaleaban inmisericordemente, entre los mil improperios que me espetaban "Sangre" y sus matones, recuerdo aquel que me gritó: "ahora sí vas a entender que no te queremos aquí". Para entonces, el hoy rector había sido nombrado en 1978, Ministro de Educación del presidente de a dedo y su renuncia fue una exigencia y una conquista del Movimiento Reivindicativo del Educador Panameño y -sobre todo- de la grandiosa marcha del 9 de octubre de 1979.
Cuando en abril del año pasado la `Comisión de Disciplina del Consejo Académico´, consuetudinaria violadora del debido proceso, me citó a la facultad de Odontología para "indagarme" y justificar así la expulsión mía de la Universidad, fui recibido -al apersonarme- por una turba de funcionarios de la Universidad, en su gran mayoría reconocidos batalloneros. Estos sujetos, entre las cosas que me gritaban era: "no te queremos aquí".
Tal vez ya entonces va siendo tiempo que le deje muy en claro al rector y a sus espoliques, que yo no tengo ningún interés que ellos me quieran. Mi lengua a diferencia de la de él y la de ellos, no tiene manchas del betún de la bota militar que tempranamente lamieron y añoran. Por eso me permito "señor" rector recordarle:
Usted es un politiquero, yo soy un académico decente.
Usted no ha querido que se investigue a fondo la falsificación de diplomas; yo, por mi parte, puse la denuncia correspondiente en el Ministerio Público.
Usted no quiere enseñar sus títulos; yo he enseñado y enseño los míos.
Usted le rinde culto y devela bustos de Pedrarias Dávila; yo repudio los genocidas, de antes y de ahora.
Usted manipula, ordena, impone; yo sí enseño.
Usted selecciona la justicia, persigue y amenaza docentes; yo trato de ser más justo cada día.
Usted como la mayoría de los rectores desde la dictadura, pasará aunque le ponga su nombre a todas las avenidas de la Universidad; yo, como otros docentes quedaré.
Usted humilla y le gusta engañar; yo procuro ser humilde y no dejar que engañen a la gente.
Usted, señor rector, le gusta dividir: a los profesores, a los estudiantes, a los administrativos; yo enseño a mis alumnos, a mis compatriotas a multiplicar, a acrecentar la dignidad.
Usted recibe -y le encantan- abrazos comprometidos; yo recibo abrazos sinceros.
Usted da prebendas, privilegios, pagos; yo pago mis impuestos.
Usted le gusta que le llamen "Rector Magnífico" mientras corta cintas; yo corto cadenas.
Usted suma haberes, yo sumo conocimientos.
Usted tiene los gastos pagos; yo pago mis gastos.
Usted, fue elegido rector y se quiere reelegir; yo elijo y no creo en la reelección.
Usted tiene toda una vida dedicada a impulsar, apoyar, aceptar, practicar el autoritarismo; yo llevo toda una vida combatiéndolo.
Usted no cree en el diálogo, ni en el debate, ni en la participación ciudadana; yo predico el diálogo, practico el debate y creo en la democracia participativa.
Usted, señor rector, tiene la Universidad secuestrada para sus tenebrosos fines; yo creo en los ciudadanos actores que desean rescatarla de las manos de los impostores.
Usted, señor Rector con sus acólitos del CGU, al igual que otros dictadores del pasado me dicen: "no te queremos aquí"; yo les digo con toda claridad: "Aquí estoy y aquí me quedo´.

101 años de Panamá América

 
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