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Noriega otra vez


MANUEL Noriega no es un tema grato para nadie. El país, desbordado de problemas acuciantes, merece que la opinión pública se dirija a temas relevantes. ¿Por qué ocuparnos de él? Decía el primer ministro británico Winston Churchill que la lectura tenía dos motivaciones posibles: el placer o la instrucción. Poco entretenimiento encontraremos en este análisis, tal vez alguna enseñanza colectiva.
Durante la dictadura militar, iniciada por Omar Torrijos y prolongada por sus epígonos, Noriega se convirtió en el brazo ejecutor de severas violaciones a los derechos humanos. El destino de estos dos hombres, Torrijos y Noriega, se va entrelazando y los cuarteles del país se van saturando de torturados, mutilados, encarcelados. La brutal represión militar, en las tierras altas de Chiriquí, inmediatamente después del golpe, deja un elevado saldo de asesinatos y desapariciones. Aún hoy, la justicia panameña, no ha deslindado responsabilidades penales por el destino de 115 desaparecidos. Se repite la terrible dicotomía latinoamericana, la asociación entre gobernante de facto y verdugo: Pinochet y Contreras en Chile; Castro y Piñeiro en Cuba; Videla y Camps, en Argentina; Fujimori y Montesinos en Perú; Torrijos y Noriega en Panamá.
El que calla otorga. La posición del gobierno nacional sobre la extradición de Noriega ha sido acomodaticia. La ambigua posición de la Cancillería en este tema así como ante la demanda interpuesta ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por parte de los familiares de desaparecidos, retrata la posición del gobierno. No ha ocurrido un pronunciamiento enérgico reclamando el derecho de nuestro país a meter en la cárcel al convicto. Si Noriega es extraditado a Panamá, las leyes penales panameñas, laxas y previamente reformadas, le protegerán y el gobierno tendrá que guardar el esqueleto en el "closet" hasta que la opinión pública se diluya. Si Noriega es extraditado a Francia, una jurisdicción ajena a la nuestra, impartirá la justicia que nuestro país requiere.
Hay que entender que la cúpula del partido gobernante tiene una deuda moral con Noriega. La mayoría de sus integrantes medraron a su sombra, que no fue otra que la mancha oscura del militarismo y la van a saldar. La ministra Balbina Herrera explicaba que el proceso de reingeniería interna del partido gobernante lo había inoculado contra los efectos del posible retorno de Noriega. No hay tal cosa. La reingeniería de procesos implica una ruptura completa con el pasado y el rediseño de esquemas mentales. En este sentido, el PRD, al igual que otros partidos políticos panameños, ha sufrido más bien un reciclaje: usar la misma materia, de modo diferente, para el mismo fin, que no es otro que el de usufructuar el poder político y sus canonjías.
Para Panamá Noriega es un icono, una referencia de lo que no debe volver: el matonismo, el servilismo, la bajeza moral en la administración del Estado. También es un símbolo de la impunidad, ya que no ha pagado cárcel por las sentencias en firme pronunciadas por jueces nacionales contra él.
En este sentido, la historia reciente de nuestro país ha vuelto a escribirse al tenor de las querencias políticas de turno. Las declaraciones del ex-presidente norteamericano James Carter es un fiel reflejo de este estado de cosas: Omar Torrijos como dictador paternal y Noriega como dictador brutal y asesino. Pero los números no cuadran. La casi totalidad de las desapariciones, los asesinatos, la tortura y sus secuelas terribles, sucedieron con Omar Torrijos como autócrata y con Noriega como su subalterno y hombre de confianza. Estoy convencido de que la prematura desaparición del general Torrijos lo libró de enfrentar los cargos penales derivados de su acción, obra u omisión, como hombre público colocado por encima de las leyes. Triste destino que enfrentaron Pinochet y otros dictadores militares como resultado de la caja de Pandora destapada por el benemérito juez Garzón, de España.
Construir un país desarrollado económicamente, maduro políticamente y con rápidas vías de movilidad y ascenso social, pasa inevitablemente por la universalización de la justicia y la solidez e independencia de los tribunales que la imparten. De Noriega para acá el país cambió. Pero no lo suficiente. Tal vez éste sea el único legado de este anciano manchado de sangre: que la justicia lo alcance para el bien de la sociedad.
Igualmente trabajan por por turnos de tres a cuatro inspectores municipales, que se encargan de velar por los temas de salud y que cada vendedor tenga en vigencia su respectivo carnet de salud.
  • Para colocar un puesto se toma en cuenta la actividad y el espacio, se cobra a B/.0.15 centésimos el metro cuadrado.

  • Para tener un local allí hay que poseer carnet de salud vigente.

  • Laadjudicación primero es temporal (tres meses), por si el negocio va mal y quieran irse, después como lo establecen las leyes se proceden a hacer un contrato de arrendamiento anual.

  • Hay muchos locales en el Mercado Agrícola Central que son de asiáticos.

101 años de Panamá América

 
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