Nostradamus...2004
Cómo ajustar el déficit potencial del sector público sin las recetas que se han comprometido con los organismos financieros internacionales, tales como reducir el déficit fiscal (Ley 20), controlar los salarios reales (reducción de la planilla estatal), limitación del crédito interno y disminución del endeudamiento público, aumento de la recaudación fiscal, eliminación de los subsidios (CAT) y el superávit en la balanza comercial (aumento de las exportaciones).
Estas y otras variables son constantemente sentenciadas a muerte por la retórica electorera de quienes aspiran al poder en el 2004. Lo cierto es que el ritmo de las actividades económicas, las remuneraciones y su impacto sobre el nivel y distribución del ingreso nacional; el proceso de "ajustes" comprometido en la última década, no han sido neutros y mucho menos justos. A medida que se han acelerado los ajustes, se ha desacelerado el crecimiento de la economía, provocando una reducción en el ingreso percápita y real de la economía. Cuando se tengan las últimas cifras, determinaremos con exactitud los porcentajes de pérdida en los trabajadores y obreros industriales, los de la construcción, los de salario mínimo y los empleados públicos. Estas caídas de ingresos se han dado por el deterioro en los mercados de trabajo y la aceleración de la inflación, causadas por los impactos de las privatizaciones de las empresas de energía telecomunicaciones y puertos (despidos masivos y altas tarifas).
La reducción o caída del ritmo de crecimiento a -1, por debajo del ritmo del aumento de la población, nos condujo a una mayor y más sostenida contracción de la demanda de la mano de obra asalariada, que hoy impulsa la mayor taza de desempleo que conocen los últimos 25 años en el país (20%) en su aspecto global. Deteriorando consecuentemente las finanzas y programas a futuro de la Caja de Seguro Social. Las proyecciones de balanza de pago apuntan a su consistente tendencia del déficit en cuenta corriente y la probabilidad del mantenimiento de la tendencia al aumento de la deuda neta del país.
El gobierno que resulte del proceso electoral de 2004, deberá enfrentar el gran reto de diseñar un esquema de política que permita superar los altos costos del período actual y afrontar las nuevas fases descendentes que se prevén en los indicadores externos, en el proceso postbélico de reconstrucción en Irak; y ante la incertidumbre de las ofertas mundiales de petróleo, los problemas de Venezuela, Ecuador y Argentina.
Atender con prioridad el objetivo de reducir sustancialmente el desempleo, exige una política macroeconómica orientada a la aceleración del crecimiento sustancial de la economía, requiriéndose para tales fines tazas por arriba de los promedios históricos (5 al 7%); y ello no da lugar a la retórica. Estos objetivos deberán incrementar esfuerzos para dinamizar el ahorro y la inversión, pero no deberán volvernos a la acostumbrada práctica de exportar capitales a través del pago de la deuda ni de la venta de bienes productivos nacionales. No podemos continuar entregando a los bancos los frutos del esfuerzo y sacrificios del país.
Hoy estamos pagando 0.40 centésimos de cada balboa al servicio de la deuda, lo que constituye un obstáculo en la generación del ahorro, para que sea consistente con el crecimiento que se requiere. Se impone, entonces, la necesidad de comenzar a examinar cuáles serían las características de las políticas financieras, que permitirán modificar el panorama actual.
Estas y otras variables son constantemente sentenciadas a muerte por la retórica electorera de quienes aspiran al poder en el 2004. Lo cierto es que el ritmo de las actividades económicas, las remuneraciones y su impacto sobre el nivel y distribución del ingreso nacional; el proceso de "ajustes" comprometido en la última década, no han sido neutros y mucho menos justos. A medida que se han acelerado los ajustes, se ha desacelerado el crecimiento de la economía, provocando una reducción en el ingreso percápita y real de la economía. Cuando se tengan las últimas cifras, determinaremos con exactitud los porcentajes de pérdida en los trabajadores y obreros industriales, los de la construcción, los de salario mínimo y los empleados públicos. Estas caídas de ingresos se han dado por el deterioro en los mercados de trabajo y la aceleración de la inflación, causadas por los impactos de las privatizaciones de las empresas de energía telecomunicaciones y puertos (despidos masivos y altas tarifas).
La reducción o caída del ritmo de crecimiento a -1, por debajo del ritmo del aumento de la población, nos condujo a una mayor y más sostenida contracción de la demanda de la mano de obra asalariada, que hoy impulsa la mayor taza de desempleo que conocen los últimos 25 años en el país (20%) en su aspecto global. Deteriorando consecuentemente las finanzas y programas a futuro de la Caja de Seguro Social. Las proyecciones de balanza de pago apuntan a su consistente tendencia del déficit en cuenta corriente y la probabilidad del mantenimiento de la tendencia al aumento de la deuda neta del país.
El gobierno que resulte del proceso electoral de 2004, deberá enfrentar el gran reto de diseñar un esquema de política que permita superar los altos costos del período actual y afrontar las nuevas fases descendentes que se prevén en los indicadores externos, en el proceso postbélico de reconstrucción en Irak; y ante la incertidumbre de las ofertas mundiales de petróleo, los problemas de Venezuela, Ecuador y Argentina.
Atender con prioridad el objetivo de reducir sustancialmente el desempleo, exige una política macroeconómica orientada a la aceleración del crecimiento sustancial de la economía, requiriéndose para tales fines tazas por arriba de los promedios históricos (5 al 7%); y ello no da lugar a la retórica. Estos objetivos deberán incrementar esfuerzos para dinamizar el ahorro y la inversión, pero no deberán volvernos a la acostumbrada práctica de exportar capitales a través del pago de la deuda ni de la venta de bienes productivos nacionales. No podemos continuar entregando a los bancos los frutos del esfuerzo y sacrificios del país.
Hoy estamos pagando 0.40 centésimos de cada balboa al servicio de la deuda, lo que constituye un obstáculo en la generación del ahorro, para que sea consistente con el crecimiento que se requiere. Se impone, entonces, la necesidad de comenzar a examinar cuáles serían las características de las políticas financieras, que permitirán modificar el panorama actual.