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Nuestra educación necesita un proceso de consulta y comunicación participativa


Uno de los argumentos que están sosteniendo las autoridades del Ministerio de Educación para implantar el sistema de evaluación por letras a nivel de la Educación Primaria y Media en el sector educativo y que ha generado un cúmulo de conflictos y discrepancias principalmente entre los docentes y estudiantes, obedece a que los educadores a través de sus dirigentes magisteriales firmaron en 1995, dentro del Pacto para la modernización de la Educación Nacional, lo relativo a la implementación de este nuevo sistema de evaluación por letras y no por dígitos.
Ha resultado un hecho cierto que esta medida del Ministerio de Educación, ha tenido una gama de protestas generalizadas con sustentaciones de valor, no solo por parte de los jóvenes, estudiantes y docentes, sino que los propios padres de familia, quienes se ven sorprendidos con esta acción educativa, porque les afecta sensiblemente no tanto por la validez ideológica del contenido educativo que postula el decreto ejecutivo en referencia, sino por el carácter inoportuno del mismo, toda vez que el proceso de enseñanza aprendizaje está ya realizándose en pleno curso regular y por otro lado, se adolece del entrenamiento adecuado para el desarrollo y sostenimiento óptimo en el aula escolar.
Lo complejo del sistema educativo exige formas paulatinas y progresivas de adaptación y ajustes a los cambios fundamentales que se quieran imprimir en educación, como es el caso de la evaluación, para no crear conflictos y violentar el grado de continuidad y de estabilidad que requiere el sistema educativo en su conjunto.
Recordemos que toda escuela como organización compleja, por el carácter de heterogeneidad de sus componentes, cuenta con un nivel de cultura que le permite tener una capacidad que es preciso estimar en su justo valor, sobre todo cuando se trata como es el asunto que nos ocupa de lograr cambios y transformaciones necesarias en el campo educativo.
La modificación en el sistema de la evaluación cuyo tema hoy nos preocupa, implica sin duda alguna para los entendidos en la materia, como son los propios educadores, un atentado a las estructuras existentes porque la introducción al sistema educativo de esta nueva modalidad pedagógica, no significa un cambio fácil y superficial como se viene aduciendo, sino por el contrario, representa un cambio profundo por el carácter integral y formativo del mismo.
De allí, entonces la necesidad que existe de implementar primero programas pilotos, con el ánimo de que las modificaciones educativas como la evaluación, puedan ser aceptadas sin presentar mayores problemas. Solo así se evitarían las resistencias que estamos sintiendo a las innovaciones y a los cambios existentes entre los estudiantes, educadores y padres de familia de nuestras instituciones escolares a nivel nacional, ya que repito, por la naturaleza del servicio que prestan, por tradición, cuentan indudablemente con un poder cultural producido a base de experiencias en el campo profesional del ejercicio de la docencia, que es necesario considerar.
Cómo se va a cambiar lo que existe, es decir, la evaluación por número, lo cual ha llenado un cometido en nuestro sistema educativo por décadas. Lo recomendable sería tratar de armonizar a todos los sectores involucrados en el cambio que se desea introducir mediante el método o proceso de consulta y de comunicación participativa.
Este proceso metodológico conviene adoptarse para cualquier elemento curricular que requiera cambios significativos, en el complicado proceso educativo, si es que en verdad deseamos realizar personalmente a nuestros estudiantes en la manera de decir, pensar y actuar ante la realidad social en que están inmersos y condicionados.

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