Nueva alza del petróleo
La gráfica de los precios del crudo, no se presta a engaños. Va para arriba. Y muy poco puede hacerse para detener el inexorable ascenso. Para nosotros ya es un desastre, con las sucesivas alzas del combustible, y va a ponerse peor, a menos que algo ocurra. Empero las señales que se advierten, no son nada halagüeñas.
Igual debió percibirlo el secretario de Energía de EU, Bill Richardson, al fracasar la semana pasada en su intento de convencer a Arabia Saudita, el mayor productor, de desistir de su decisión de reducir el suministro a ese país en 25% a partir de marzo.
La reducción tiene lugar en cumplimiento de las directrices de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que parece haber encontrado la forma de mantener altos los precios, mediante la regulación de la producción, abriendo o cerrando la llave de la producción a su antojo.
En ese cuadro, EU es el único capaz de hacer bajar los precios, mediante la venta de parte de sus colosales reservas estratégicas a precios menores. Y por ende, la decisión saudita apunta a erosionar esas reservas y privar a EU de su poder disuasorio, al forzarlo a guardar su petróleo, que alimenta a la más sedienta industria del planeta.
Richardson sugiere que el juego puede tornarse peligroso, porque el resto del mundo necesita más petróleo. Tras el énfasis, se deduce que si no se lo dan, irá por él. La situación es delicada porque las circunstancias son adversas a encontrar otras salidas. Por ejemplo, en Venezuela ya no hay un gobierno dócil para acatar las directrices norteamericanas. Y de hecho Richardson canceló una visita a Caracas, prevista para el 18 de febrero, donde se reuniría con el ministro de Energía, Alí Rodríguez.
Por otra parte, Irak, agobiado por el embargo de la ONU, ha reducido su producción de crudo, en canje por alimentos, a la mitad, en lo que es una hábil maniobra para que el embargo, que data de la Guerra del Golfo, sea atenuado a cambio de producir más.
Por lo pronto, para el mes próximo está prevista una reunión de Arabia Saudita, México y Venezuela, para hablar de precios. De los tres, sólo México, a través de su secretario de Energía, Luis Téllez, ha mostrado disconformidad con los actuales precios de $30 dólares el barril, que a su juicio, es negativo para el crecimiento económico mundial. ¿Prevalecerá su buen juicio? Más vale que así sea, porque de lo contrario, puede sobrevenir una nueva recesión mundial y con ella la inestabilidad. De ese modo, puede ocurrir un golpe en Venezuela, el cese del bloqueo a Irak y una nueva guerra en Oriente Medio, con Israel otra vez como punta de lanza.
Igual debió percibirlo el secretario de Energía de EU, Bill Richardson, al fracasar la semana pasada en su intento de convencer a Arabia Saudita, el mayor productor, de desistir de su decisión de reducir el suministro a ese país en 25% a partir de marzo.
La reducción tiene lugar en cumplimiento de las directrices de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que parece haber encontrado la forma de mantener altos los precios, mediante la regulación de la producción, abriendo o cerrando la llave de la producción a su antojo.
En ese cuadro, EU es el único capaz de hacer bajar los precios, mediante la venta de parte de sus colosales reservas estratégicas a precios menores. Y por ende, la decisión saudita apunta a erosionar esas reservas y privar a EU de su poder disuasorio, al forzarlo a guardar su petróleo, que alimenta a la más sedienta industria del planeta.
Richardson sugiere que el juego puede tornarse peligroso, porque el resto del mundo necesita más petróleo. Tras el énfasis, se deduce que si no se lo dan, irá por él. La situación es delicada porque las circunstancias son adversas a encontrar otras salidas. Por ejemplo, en Venezuela ya no hay un gobierno dócil para acatar las directrices norteamericanas. Y de hecho Richardson canceló una visita a Caracas, prevista para el 18 de febrero, donde se reuniría con el ministro de Energía, Alí Rodríguez.
Por otra parte, Irak, agobiado por el embargo de la ONU, ha reducido su producción de crudo, en canje por alimentos, a la mitad, en lo que es una hábil maniobra para que el embargo, que data de la Guerra del Golfo, sea atenuado a cambio de producir más.
Por lo pronto, para el mes próximo está prevista una reunión de Arabia Saudita, México y Venezuela, para hablar de precios. De los tres, sólo México, a través de su secretario de Energía, Luis Téllez, ha mostrado disconformidad con los actuales precios de $30 dólares el barril, que a su juicio, es negativo para el crecimiento económico mundial. ¿Prevalecerá su buen juicio? Más vale que así sea, porque de lo contrario, puede sobrevenir una nueva recesión mundial y con ella la inestabilidad. De ese modo, puede ocurrir un golpe en Venezuela, el cese del bloqueo a Irak y una nueva guerra en Oriente Medio, con Israel otra vez como punta de lanza.