Nuevas tendencias
En Panamá está demostrado que falta mucho por aceptar que a través del Diálogo se forman y se integran las personas dentro de un pensamiento crítico y reflexivo, al momento de tratar algún tema o problema de carácter social, político, económico, cultural y educativo. En ese sentido, decía Ana María Araujo, viuda del gran pedagogo y filósofo chileno Pablo Freire, en el VII Simposium de Educación celebrado en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, (Iteso), Guadalajara, México, que el hombre, al participar en el diálogo y sentirse involucrado, le permitía la capacidad de pensar y de escuchar con atención al otro; oyendo y comprendiendo de igual forma su demanda, evitando por supuesto los conflictos, estudiando y comprendiendo la razón de sus luchas y, por supuesto, al final, llegando muchas veces a solidarizarse con el problema planteado porque, como dice Freire, “los hombres tenemos a lo interno de nuestro ser, la capacidad de comprender y por ende, de amarse a sí mismo y a los demás”.
En esos momentos en que se cuestiona con insistencia cómo debe ser la educación en el país y en el mundo civilizado en que la gente aboga por la transformación de la sociedad para que esté a tono con los adelantos de la ciencia, la tecnología y la explosión acelerada del conocimiento, nos preguntamos si los sistemas educativos han estado en estos años, respondiendo a una adecuada preparación de los niños y jóvenes en este planeta tan cambiante.
Nuestro país no escapa a esta coyuntura histórica de la que hablamos. Estamos inmersos y condicionados mediante la firma de convenios de carácter económico, social, cultural, políticos y educativos, a la realidad de hoy, que significa la globalización; sin embargo no sabemos, por ejemplo, si nuestros educadores tienen conciencia en su fuero interno, del proceso que estamos viviendo en esta era contemporánea, a pesar de la aplicación de nuevos planes y programas de estudios, los que se vienen desarrollando, mediante la realización de nuevos métodos de evaluación y de administración y organización de la educación.
De gran significado para los panameños representa la ley de educación que se vislumbra, la cual debe servir para el desarrollo humano permanente, para el empleo, el enriquecimiento en general de todos y para la búsqueda del respeto y tolerancia entre los ciudadanos, sin menoscabo de sus creencias religiosas, de su cultura y costumbres y sobre todo, para preparar a los jóvenes para la vida social en comunidad.
En esos momentos en que se cuestiona con insistencia cómo debe ser la educación en el país y en el mundo civilizado en que la gente aboga por la transformación de la sociedad para que esté a tono con los adelantos de la ciencia, la tecnología y la explosión acelerada del conocimiento, nos preguntamos si los sistemas educativos han estado en estos años, respondiendo a una adecuada preparación de los niños y jóvenes en este planeta tan cambiante.
Nuestro país no escapa a esta coyuntura histórica de la que hablamos. Estamos inmersos y condicionados mediante la firma de convenios de carácter económico, social, cultural, políticos y educativos, a la realidad de hoy, que significa la globalización; sin embargo no sabemos, por ejemplo, si nuestros educadores tienen conciencia en su fuero interno, del proceso que estamos viviendo en esta era contemporánea, a pesar de la aplicación de nuevos planes y programas de estudios, los que se vienen desarrollando, mediante la realización de nuevos métodos de evaluación y de administración y organización de la educación.
De gran significado para los panameños representa la ley de educación que se vislumbra, la cual debe servir para el desarrollo humano permanente, para el empleo, el enriquecimiento en general de todos y para la búsqueda del respeto y tolerancia entre los ciudadanos, sin menoscabo de sus creencias religiosas, de su cultura y costumbres y sobre todo, para preparar a los jóvenes para la vida social en comunidad.