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Nuevos “diablos rojos”


El sorpresivo anuncio del Gobierno de importar 420 nuevos buses mediante licitación, trajo a los atribulados usuarios algo de esperanza de que por fin daría un primer paso serio a la solución de uno de los más sensitivos problemas que aquejan al país. Sin embargo, al día siguiente se pasó al usual escepticismo, cuando se informó que los conductores de los actuales "diablos rojos" manejarían los nuevos buses de cómodas especificaciones europeas.

Del mismo modo que la fiebre no está en las sábanas, la noción de "diablo rojo" no está en los buses colegiales de desecho, sino en quienes los manejan cometiendo todo tipo de desmanes, agresiones y abusos.

Traer buses nuevos no remediará nada, y menos si los administra el peor de todos los administradores, el Estado. Es increíble que hayamos olvidado tan pronto la historia de Cutsa y sus Pegasos de los años 70. No es cierto que fueran malos o que las calles fueran peores. Su fracaso se debió a la pésima administración gubernamental inicial y transportista ulterior, agregada al festín de corruptela y desidia que sobrevino a los pocos meses. Se robaban todo, las regatas continuaron, no daban mantenimiento a los vehículos, se salían de ruta, se incrustaban en las casas, arrollaban paradas, gente y vehículos particulares y, en fin, acabaron con un buen proyecto. Lo mismo que ocurrirá ahora, mientras no se haga lo que se tiene que hacer: abrir el transporte público a la participación y competencia del sector privado.

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