Ofuscación por codicia
Parece mentira que la codicia por el dinero ofuscara de tal manera al ser humano que, a pesar de la inminencia del riesgo de ir por ella a la cárcel, lo desafían. Casi a diario se leen noticias sobre auditorías a instituciones públicas mediante las cuales se descubrieron delitos de peculado y los implicados fueron citados por el Ministerio Público a rendir indagatoria. No obstante, a pesar de la publicidad sobre peculados, ellos siguen aflorando con frecuencia. Los nuevos casos de investigación por enriquecimiento ilícito demuestran que los implicados, a más de ser deshonestos, fueron tan audaces como torpes, puesto que las constantes noticias de los descubiertos antes que los de los suyos, no les impidió delinquir.
Lo más triste del caso es que los implicados, por regla general, estén o no estén ya en los cargos durante cuyo ejercicio se enriquecieron ilícitamente, siempre apelan al no convincente recurso de decir que hay malquerientes que desean manchar su reputación o que son víctimas de persecución y terrorismo judicial. Y cuando las auditorías demuestran que hubo enriquecimiento ilícito, no les queda más remedio que el de la calumnia. Y dirán que las auditorías fueron amañadas y los auditores comprados.