¿Olvídate del TLC?
La candidata oficial le dijo a los estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad de Panamá que podían “olvidarse del TLC” con los Estados Unidos (EE.UU.). Ella redujo la importancia de este tratado a cuestiones de seguridad alimentaría, evidenciando, a mi parecer, un conocimiento muy superficial del tema.
Hace algunos años, asistí en Guatemala a una reunión en la que se discutiría el CAFTA. Al limitarse el debate a asuntos puntuales como podrían ser las ventajas comparativas en el comercio de commodities, el embajador de Estados Unidos en Guatemala tomó la palabra y magistralmente reenfocó el debate a lo medular. Dijo así: “Debemos recordar que actualmente Centroamérica vende a los Estados Unidos todo lo que quiera, y así mismo éste vende a Centroamérica todo lo que quieran. Tenemos que darnos cuenta que este no es tanto un tratado comercial como un tratado jurídico. Se trata principalmente de mejorar el ordenamiento institucional y jurídico de nuestras transacciones e inversiones mutuas”. Veamos porqué esto es tan importante para nosotros.
El libre comercio, como lo vieron Adam Smith y David Ricado, simplemente no existe en el mundo real. Es como la leyenda de Santa Claus, cuyo mayor beneficio es que hace feliz a los inocentes. La gran mayoría del comercio mundial se efectúa limitado y manipulado por todo tipo de carteles, reglamentaciones y componendas. Algunos carteles son obvios y públicos, como el de la OPEP, y muchos otros son arreglos secretos entre compañías multinacionales o países para manipular los precios o repartirse los mercados, a costa siempre de los mas pequeños.
En el comercio interno dentro de los países desarrollados se intenta limitar esos abusos con legislación anti monopolio o anti colusión. En los Estados Unidos, por ejemplo, existe el Anti Trust Act, y el Robinson-Pattman Act. Pero para el comercio entre países sólo hay una serie de acuerdos mayormente inefectivos que nos ponen en manos de los mas fuertes. Solamente recordemos cómo potencias europeas han arruinado nuestra otrora pujante exportación de banano. El TLC con los Estados Unidos es un buen inicio para comenzar a “nivelar el campo”.
Otro importantísimo aspecto del TLC es el de la protección de la propiedad intelectual, que propicia la transferencia de tecnología. Este es un campo en que tenemos todas las posibilidades de ganar-ganar, pues nuestro desarrollo requiere acceso a esa tecnología. Sin las salvaguardas del TLC, es difícil que ningún inversionista cuerdo se aventure a arriesgar su capital tecnológico en un país como el nuestro, en el que cada día nosotros mismos nos quejamos abiertamente, y con mucha razón, del mal funcionamiento de nuestras instituciones de justicia.
Finalmente, casi toda nuestra región, desde México hasta Chile, pronto estará beneficiada con sus respectivos TLC. El ser uno de los poquísimos países que no tuviera un TLC con los Estados Unidos nos pondría inmediatamente en una muy sería desventaja competitiva. Por muchas más razones, este es el tratado crucial para nosotros. Por ejemplo, los TLC con otros países, principalmente con aquellos sin monedas duras, podrían inclusive afectar muy negativamente a nuestros sectores exportadores, al exponerlos a jugarretas cambiarias, y, por lo tanto, no se comparan ni remotamente en calidad ni importancia con el TLC con EEUU.
Ya hemos perdido casi dos años de ventaja frente a nuestros vecinos, y hace bien el actual presidente en tratar hasta el último minuto de su gestión de conseguir su aprobación por el Senado de los EE.UU., pues corre el peligro de que la historia lo condene y atribuya su fracaso al haber puesto consideraciones partidarias por delante del interés nacional, como ya muchos señalan.
Frente a la actual crisis financiera, lo sensato es replantearnos nuestra estrategia de desarrollo a corto y mediano plazo cada vez que, como ahora, estén cambiando las reglas del juego. Es evidente que en casi cualquier escenario que nos replanteemos, el TLC con los Estados Unidos y nuestra reincorporación al Sistema de Preferencias Arancelarias europeas serán dos elementos claves. Así que, nada de “Olvídate del TLC”.