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Oposición versus gobernabilidad


El hombre por naturaleza es un ser inquisitivo con grandes recursos y potencialidades y a la vez poseedor del libre albedrío para la administración de esas cualidades.
En los últimos tiempos, en el que vivimos un espacio de nuestra historia, crecen las expectativas e inquietudes ante la actitud de la denominada oposición o fuerza opositora, pues la vinculamos a un ente generador de obstáculos para la normal gobernabilidad del país, creando inestabilidad ante la anhelada paz.
Sin embargo, hay una fuerza natural y física que aprendemos de los científicos que indica que fuerzas opuestas se atraen. En este caso creemos que tanto la "oposición" como el "gobierno" deben aunar esfuerzos, compartir conocimientos y experiencia para desde sus posiciones y perspectivas puedan complementarse y crear una fuerza común que luche por los mismos objetivos y metas para los cuales los ciudadanos de este país los hemos colocados en puestos de jerarquía, mando y poder dentro del engranaje gubernamental.
Estamos claros que la lucha no puede ser en función de los intereses personales de los funcionarios que conforman los diferentes órganos del gobierno, ni de los intereses de los diferentes partidos de la fe, buena voluntad e identificación de los participantes con una meta e ideal común, donde cada uno se entrega por completo, pero a la vez depende de la entrega de sus copartidarios.
En la lucha que se hace mención a diario a través de cada medio de comunicación social, así como en las calles, y comunidad en general, entre oposición y gobierno, se deja traslucir una actitud prejuiciada, negativa y de censura inescrupulosa por parte de los opositores, cuando en realidad debería apuntarse a una actitud de vigilancia y de llamado de alerta para hacer cumplir los proyectos con los que se han hecho compromisos, facilitando su concretización, no obstruyéndolos, pues así se deja plasmada una actitud de responsabilidad y respuesta para todos aquellos que depositaron su fe y confianza a través del voto en quienes ahora tienen en sus manos el destino de la nación desde sus respectivos puestos o curules.
De esta manera, la oposición no puede convertirse en el patito feo, en el objeto de repudio por parte de la ciudadanía que no responde a partidos políticos, porque panameños somos todos y aquí no se trata de revanchas o desquites, aquí se trata de aunar esfuerzos para sacar adelante a una nación noble, que ha podido sobrevivir ante tiempos buenos y malos y que sus habitantes, en su mayoría jóvenes, merecen vislumbrar y concretizar un mejor amanecer que garantice el disfrute de una vida noble y digna.
Desde pequeños, tanto en el seno familiar como en el ámbito escolar, nos resaltan el valor de la lealtad, pero lamentablemente muchas veces éste y otros valores se desvirtúan y se convierten en antivalores y es que la lealtad no significa brindar nuestro apoyo incondicional a figuras o ideales por sentido de compromiso si nuestras acciones tienen que ir en contra de nuestros propios valores y principios.
Creemos en la lealtad y sentido de gratitud hacia los partidos políticos por aquellos que han sido favorecidos por éstos, pero esta lealtad no puede romper nuestros propios esquemas ni ir más allá de nuestras creencias, identidad, auto respeto y discernimiento. De ser lo contrario, nos convertiríamos en simples borregos, sería el negarnos a nosotros mismos, menospreciar nuestro buen juicio y sentido común y a la vez caer en el desprecio y desvalorización de nuestras personas por parte de aquellos que en forma objetiva nos juzgan y valoran.
Debemos salvaguardar nuestra imagen y ganarnos el respeto de aquellos a los que ahora nos debemos, permaneciendo firme y consistentes con nuestros principios, permitiendo la gobernabilidad de este país, mostrando una actitud sana y madura, libre de prejuicio, no respondiendo a conflictos personales no resueltos ni a las exigencias o presiones de otros, identificándonos con un adecuado sistema de valores y con alto sentido ético y moral, dejando a un lado las luchas intestinas y buscar la reconciliación, todo lo cual nos enaltece y eleva en nuestra calidad humana haciéndonos libres, llevándonos a experimentar un verdadero sentimiento de satisfacción y autorrealización personal y profesional.
No dejemos que las presiones nos minimicen o anulen y ganémonos el respeto y admiración de todos aquellos que lograremos impactar al no dejarnos manipular o utilizar para dar respuestas a quienes inescrupulosamente nos hagan sentir comprometidos a reforzar caprichos o excentricidades que satisfagan sus intereses personales.
Sin tener que negarte a tu partido, que esté tu lealtad en primera instancia comprometida con tu pueblo, ese pueblo, al que te debes y al que debes darle respuestas y que tu criterio y buen juicio prevalezca a los intereses de quienes te quieran manejar o conducir, pues fue por tus capacidades y buen juicio que fuiste elegido, no esperando ser un mero vocero de lo que tu partido espera, pues de ser así, no se requerirían 71 con capacidad de juicio, raciocinio y decisión propia, sino que con uno por partido bastaría en la Asamblea, lo que de igual manera sería aplicable a cada funcionario que ocupe puestos relevantes dentro del gobierno.
La oposición al nuevo gobierno no debe convertirse en agente negativo que ponga freno a la gobernabilidad, al contrario, debe facilitar ésta, pues así no cabría excusas para la implementación del plan de gobierno que se propuso y por el que la mayoría optamos en las pasadas elecciones.

101 años de Panamá América

 
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